“¿SE COMIERON LAS PALOMAS?”: LA PREGUNTA QUE DESTAPÓ LA DURA REALIDAD EN LA HABANA VIEJA ABANDONADA TRAS FALLECER EUSEBIO LEAL
Las palomas que durante años formaron parte del paisaje cotidiano de varias plazas de La Habana Vieja parecen haber desaparecido casi por completo. La ausencia llamó la atención del periodista y productor Casareo Navas, quien abrió una pregunta tan sencilla como inquietante: ¿qué ocurrió con las aves que acompañaban a visitantes, niños y vecinos en algunos de los lugares más conocidos del casco histórico?
La interrogante surgió durante una visita a la Plaza de Armas, donde un habanero preguntó a una trabajadora del antiguo Palacio de los Capitanes por las decenas de palomas que antes habitaban la zona.
El comentario terminó generando distintas hipótesis, desde cambios en sus hábitos hasta la posibilidad de que algunas hubieran sido capturadas en medio de la crisis alimentaria. Sin embargo, una trabajadora cercana ofreció una explicación más amplia, basada en lo que asegura haber observado durante los últimos años.
PLAZA DE ARMAS YA NO LUCE COMO ANTES
Durante décadas, la Plaza de Armas y sus palomas parecían formar parte de una misma postal.
Era habitual ver a niños y adultos alimentándolas, persiguiéndolas para tomar fotografías o simplemente observando cómo ocupaban bancos, adoquines y jardines.
Casareo Navas expresó su sorpresa al comprobar que aquella escena prácticamente había desaparecido. En tono humorístico, pero con una preocupación evidente, llegó a preguntarse si las aves habían terminado en las cazuelas de algunos hogares ante el hambre que atraviesa la población.
Esa posibilidad no fue presentada como un hecho comprobado, sino como una reflexión cargada de ironía sobre la dureza de la crisis cubana.
DENUNCIAN ROBOS Y TRASLADOS DE PALOMAS
La respuesta llegó de Ariamna Alonso, quien afirmó trabajar cerca del museo, en el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, y aseguró que en ocasiones llevaba chícharos de su propia casa para alimentar a las aves.
Según su testimonio, la reducción de las palomas en la Plaza de Armas, la Plazuela de Santo Domingo y la Plaza de San Francisco se debería principalmente a la intervención humana.
Alonso sostiene que muchas pertenecían a razas específicas y que algunas habrían sido sustraídas. También afirmó haber escuchado que varias fueron llevadas hasta Miami mediante procedimientos de transporte que describió como crueles.
CubaBajoLupa no ha podido verificar de manera independiente esos supuestos traslados ni determinar cuántas aves habrían sido robadas, vendidas o sacadas del país.
La trabajadora también mencionó la presencia de “palomeros” en la zona, a quienes atribuyó la captura de parte de los ejemplares. Esa acusación corresponde a su testimonio y no está acompañada de informes oficiales o investigaciones conocidas.
SIN ALIMENTO, TURISTAS NI PROTECCIÓN
Otro factor señalado es la falta de comida.
De acuerdo con Alonso, desde la pandemia disminuyeron tanto el tránsito de turistas como la presencia habitual de personas que dejaban restos de alimentos en las plazas. Esa reducción habría eliminado una de las principales fuentes de sustento de las palomas.
También afirmó que no existe una gestión suficiente para comprar alimento destinado a las aves y vinculó el deterioro de su cuidado con el descuido de varias acciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad, especialmente después de la muerte de Eusebio Leal.
No existe en el material proporcionado una respuesta oficial de esa institución sobre el manejo de las palomas o sobre programas actuales para conservar la fauna de las plazas históricas.
GATOS FERALES Y UNA CIUDAD QUE PIERDE SUS POSTALES
En la Plaza de San Francisco, las pocas palomas que permanecen enfrentarían además la caza de gatos ferales que circulan por el lugar, siempre según el testimonio compartido.
La desaparición de estas aves podría parecer un detalle menor frente a los problemas económicos y sociales del país. Sin embargo, también representa la pérdida silenciosa de una escena que formaba parte de la identidad urbana de La Habana.
No se trata únicamente de contar cuántas palomas quedan. Se trata de observar cómo el abandono, la escasez y la falta de protección pueden borrar hasta las imágenes más simples de una ciudad. La Habana Vieja sigue en pie, pero cada ausencia revela que su deterioro no solo afecta edificios: también está devorando sus pequeñas costumbres.
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