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Cuba Bajo Lupa

“PROBABLEMENTE SEAN LOS ÚNICOS CARNAVALES DEL MUNDO A OSCURAS”: EL CONTRASTE QUE MARCÓ A CAMAGÜEY EN MEDIO DE UN APAGÓN

Camagüey celebró sus carnavales entre congas, carrozas, cerveza y extensos tramos sin alumbrado público, dejando una imagen tan festiva como contradictoria: miles de personas intentando conservar una tradición popular mientras la crisis eléctrica también se colaba dentro del recorrido.

La experiencia fue mostrada por la creadora del canal de YouTube Sofía GaBes, quien acudió al carnaval con su hija Dafne. En el video describió la celebración como una de las pocas que podrían realizarse “en plena oscuridad”, debido a que varias calles permanecieron prácticamente apagadas mientras continuaban la música y el desfile.

UNA TRADICIÓN CUBANA ATRAPADA ENTRE DOS REALIDADES

Para muchas familias cubanas, el carnaval no es únicamente una fiesta. Representa recuerdos de infancia, encuentros con amigos, congas, golosinas, juegos y noches caminando entre carrozas.

Sofía explicó que quiso llevar a su hija para que conociera esa parte de la cultura cubana. Dafne no veía apagones, escasez ni problemas económicos: veía luces, música, personajes infantiles y la posibilidad de disfrutar.

Pero alrededor de esa ilusión permanecía una realidad imposible de esconder. La familia había pasado más de 24 horas sin electricidad antes de salir hacia la celebración.

La creadora reconoció la contradicción que supone organizar festejos mientras muchas personas enfrentan falta de corriente, agua, dinero y comunicaciones. Para ella, ambas cosas podían ser ciertas al mismo tiempo: el derecho de una niña a disfrutar y el agotamiento de quienes viven esperando que regrese la electricidad.

EL CENTRO DEL CARNAVAL TENÍA LUZ, PERO LAS CALLES NO

En la Plaza de la Caridad se encontraban los palcos y una parte importante del espectáculo. Algunas áreas estaban iluminadas, pero el alumbrado público resultaba insuficiente.

“Las casas están con luces, pero la calle no tiene luz”, comentó Sofía mientras avanzaba entre la multitud.

En determinados momentos, la oscuridad era tan intensa que aseguró no poder distinguir su propio rostro frente a la cámara. Aun así, las carrozas continuaban pasando, los puestos seguían vendiendo y la música mantenía a la gente en movimiento.

También ironizó sobre el combustible utilizado en el desfile, en contraste con la escasez que afecta habitualmente el transporte y otras actividades esenciales en Cuba. Su comentario reflejó una percepción personal y no una comprobación sobre el origen o la cantidad de combustible destinado al evento.

PRECIOS, ALCOHOL Y PREOCUPACIÓN POR LA SEGURIDAD

El video mostró zonas con asientos vendidos a 300 pesos, puestos de cerveza, comida y opciones recreativas para niños.

Las frituras de maíz costaban 60 pesos cada una, según se escucha durante el recorrido. También había fotografías con personajes infantiles y pequeños juegos, aunque no todos los precios pudieron identificarse.

Sofía advirtió además sobre los riesgos de seguridad asociados a los grandes tumultos y al consumo de alcohol. Según su apreciación, los carnavales pueden generar un ambiente favorable para robos, asaltos y otros hechos violentos.

Esa valoración no estuvo acompañada de estadísticas oficiales y debe entenderse como su percepción de la experiencia.

Otro problema fueron los baños improvisados. La creadora describió instalaciones temporales sin condiciones sanitarias adecuadas y con estructuras que apenas protegían la privacidad de quienes necesitaban utilizarlas.

LA CORRIENTE REGRESÓ CUANDO LA FAMILIA NO ESTABA

Al volver a casa, la familia descubrió que la electricidad había regresado durante aproximadamente dos horas, justo mientras permanecían en el carnaval.

“Nos perdimos la corriente”, lamentó Sofía, aunque inmediatamente añadió que Dafne había sido feliz.

La frase resume el verdadero rostro de aquella noche: una niña disfrutando una tradición y una familia calculando las escasas horas de electricidad que dejó escapar. En Camagüey hubo música y celebración, pero también calles oscuras, baños precarios y hogares apagados. El carnaval sobrevivió, sí, aunque tuvo que bailar dentro de la misma crisis que intenta olvidar.

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