CABAÑAS SIN SÁBANAS, CHINCHES, POCA COMIDA Y TRANSPORTE POR CUENTA PROPIA: EL DETERIORO DEL CAMPISMO POPULAR EN CUBA
Los campismos populares continúan siendo una de las pocas alternativas recreativas relativamente económicas para numerosas familias y jóvenes cubanos. Sin embargo, un recorrido por el campismo de Bacunayagua, en Matanzas, muestra cuánto se ha deteriorado una opción que alguna vez ofreció transporte, alimentación aceptable y mejores condiciones de alojamiento.
En un video publicado por el canal de YouTube Rosy Wanderlust, la creadora visitó la instalación para mostrar cómo funciona actualmente. El lugar conserva cabañas, cafetería, áreas deportivas, actividades recreativas y acceso a la naturaleza, pero su calidad habría disminuido notablemente con el paso de los años.
UNA OPCIÓN ECONÓMICA QUE SOBREVIVE CON POCA AYUDA
El campismo permaneció cerrado durante años y, según se explica en el video, actualmente funciona gracias a un proyecto impulsado por personas residentes en los alrededores.
La instalación cuenta con aproximadamente 18 cabañas y está ubicada lejos de la ciudad, rodeada de monte, playa y zonas naturales. Antiguamente, los campistas disponían de transporte organizado y una oferta gastronómica más amplia. Hoy, esas facilidades ya no funcionan de la misma manera.
La falta de combustible ha obligado a muchos visitantes a organizarse en grupos y contratar camiones por su cuenta. La solución puede abaratar el traslado individual, pero sigue siendo más costosa e insegura que un transporte institucional.
A pesar de esas dificultades, el campismo conserva un atractivo evidente: playa, río, piscinas naturales, senderos, áreas para jugar voleibol, fútbol o dominó y espacios para compartir entre amigos.
INSTALACIONES AMPLIAS, PERO MARCADAS POR EL DETERIORO
El recorrido muestra juegos pintados sobre el piso, una antigua cabina para la música y espacios recreativos que evidencian falta de mantenimiento.
Algunas escaleras que conducen hacia la playa están en desuso. Según el relato presentado, la lejanía del lugar, los bajos salarios y las dificultades de transporte han provocado que antiguos trabajadores no quieran continuar trasladándose hasta allí.
Las cabañas más grandes cuentan con varios cuartos, camas, baño, mesas y ventiladores, pero no poseen aire acondicionado. Tampoco quedó claro que se entreguen sábanas, un servicio que, según recordó la creadora, ya presentaba problemas desde años atrás.
En otra instalación visitada durante el reportaje, algunos huéspedes afirmaron que debieron llevar sus propias sábanas y que llegaron a cambiarse de habitación por la presencia de chinches. Esa denuncia corresponde al testimonio de los visitantes y no fue verificada de manera independiente por CubaBajoLupa.
COMIDA LIMITADA Y SERVICIOS MUY BÁSICOS
La oferta gastronómica resultaba reducida. El desayuno incluía tostadas y café, mientras para el almuerzo se anunciaban arroz con embutido, jamón prensado, ensalada, vianda y dulce de fruta.
También había una cafetería con café, panes con tortilla o croquetas y refrescos. El comedor era sencillo y contaba con pocas mesas, aunque la cantidad parecía ajustarse al reducido número de cabañas.
Para pasar el día sin alojarse, la creadora indicó que se cobraba un acceso cercano a 500 pesos, pero presentó la cifra como una estimación y no como una tarifa oficial confirmada.
NATURALEZA PRIVILEGIADA FRENTE A UN SERVICIO EMPOBRECIDO
El mayor valor de Bacunayagua sigue estando en su entorno. El agua cristalina, las pequeñas playas, el río y las áreas para caminar permiten disfrutar una experiencia difícil de reproducir dentro de las ciudades cubanas.
Pero el paisaje no logra ocultar las carencias. Basura cerca de la costa, construcciones deterioradas, escaleras abandonadas, falta de transporte y servicios limitados revelan una instalación sostenida más por el esfuerzo local que por una estrategia sólida de mantenimiento.
El campismo popular continúa siendo una vía de escape para quienes no pueden pagar un hotel. Esa es precisamente la crítica más dura: al cubano de a pie todavía le queda la naturaleza, pero cada vez recibe menos condiciones para disfrutarla con dignidad.
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