Un jubilado cubano cobró su pensión, fue a comprar pan para almorzar y terminó denunciando una escena que retrata el nivel de abandono que vive el país.
El periodista jubilado Arturo Chang, de 74 años, contó en redes el maltrato que sufrió en Santa Clara cuando intentó comprar alimentos en el negocio privado “24.7”, ubicado en la carretera de Camajuaní.
Después de cobrar su pensión, el banco le entregó mil pesos en billetes de 5 CUP. Con parte de ese dinero, Chang intentó pagar 10 panes usando 100 billetes de baja denominación. Pero las empleadas del local le rechazaron el efectivo.
Según denunció, una de las respuestas fue tajante: “Esto es privado y el dueño puede tomar esa decisión”. Otra frase fue todavía más dura: “Usted también pudo no haber aceptado esos billetes”.
Pero aquí viene lo más doloroso: esos panes, junto a una lata de spam, eran prácticamente la única esperanza de almuerzo para él y su esposa, una señora diabética de 78 años, en medio de un apagón de casi 24 horas y con los equipos de frío vacíos. 🇨🇺🕯️
La dueña del negocio justificó luego la situación diciendo que los proveedores mayoristas tampoco aceptan billetes de baja denominación. Y ahí queda al desnudo el desastre: el propio dinero cubano pierde valor dentro de Cuba.
Chang presentó una queja ante la Asamblea Municipal del Poder Popular de Santa Clara, aunque criticó la falta de profesionalidad de los funcionarios enviados. Tras más de tres horas de denuncia, cuando la dueña intentó finalmente venderle el producto, la empleada le dijo que los panes ya se habían acabado.
Un país donde un anciano no puede comprar pan con el dinero que le entrega el banco no está funcionando: está moralmente quebrado.
Porque el problema no son los billetes de 5 pesos. El problema es un sistema que convirtió la vejez en una carrera de obstáculos para sobrevivir.
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