Se apagó la esperanza. La familia Martínez confirmó este domingo el fallecimiento de Dayán Martínez, el niño cubano de 10 años que permaneció más de 11 días atrapado bajo los escombros del edificio Coral Beach, en Los Corales, estado La Guaira, Venezuela.
La noticia fue difundida por la periodista Jany González en Facebook, donde compartió la esquela digital emitida por la propia familia. Sus palabras resumen el dolor de miles de personas que siguieron el caso con el corazón en la mano:
“Se apagaron todas las esperanzas. Mis más sinceras condolencias para la familia Martínez en este momento de profundo dolor. Es desgarrador conocer la pérdida de tres niños, entre ellos Dayan, por quien durante los últimos días muchos mantuvimos la esperanza de recibir una buena noticia”.
Dayán no murió solo en una noticia. Durante días, su nombre fue oración, angustia, fe y espera. Era el niño por el que muchos cubanos, dentro y fuera de la isla, pedían un milagro.
La familia confirmó también el fallecimiento de sus primas Vanesa e Ivanna, cuyos cuerpos habían sido encontrados el pasado 27 de junio, tres días después de los terremotos que sacudieron La Guaira.
En la esquela, los familiares escribieron con profundo dolor: “Nuestros amados Vanesa, Ivanna y Dayan ya no están con nosotros”.
La tragedia comenzó el 24 de junio de 2026, cuando dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, provocaron el colapso de numerosos edificios en el estado La Guaira.
Dayán, natural de Melena del Sur, Mayabeque, se encontraba jugando en el lobby del edificio Coral Beach cuando ocurrió el sismo. Quedó atrapado en el sótano junto a su amigo Samuel.
Durante más de una semana, su caso movilizó a miles de personas en redes sociales y atrajo equipos de rescate internacionales de Francia, Estados Unidos, El Salvador, México y Taiwán.
El 1 de julio, una noticia devolvió la esperanza: rescatistas lograron comunicarse con el niño y confirmaron que estaba con vida junto a Samuel. La familia, los amigos y muchísimos cubanos volvieron a respirar por un momento.
Una familiar, Carleyns Kaina, dijo entonces que ya habían hablado con los niños y que habían encontrado otra vía para llegar hasta ellos.
Pero el rescate se fue complicando. Las réplicas sísmicas, incluyendo una de magnitud 4.6, obligaron a suspender las operaciones durante varias horas. Además, el olor a descomposición dificultó el avance de un equipo francés con perros de rastreo.
El padre de Dayán llegó a pedir desesperadamente que se reanudaran las labores de búsqueda. “Ahí no hay nadie”, denunció, al reclamar más acción en el edificio colapsado donde seguía su hijo.
Hoy, la familia agradece a todos los que oraron, compartieron publicaciones, enviaron mensajes, donaron o estuvieron pendientes. En medio de tanto dolor, describieron ese apoyo como “un rayo de luz” en la oscuridad.
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