MADRE CUBANA ROMPE EN LLANTO TRAS PERDER LECHE Y CARNE DE SUS HIJOS POR UN APAGÓN DE MÁS DE 48 HORAS
Una madre cubana relató entre lágrimas cómo perdió leche y carne destinadas a sus hijos después de permanecer, según su testimonio, más de 48 horas sin electricidad. La mujer, que publica en Facebook bajo el nombre de La Cubana, mostró la frustración de ver desaparecer en cuestión de horas alimentos que asegura haber conseguido con gran esfuerzo.
“Esta es mi cara después de ver que tanto leche como carne se me habían echado a perder”, expresó en el video.
Su experiencia constituye un testimonio individual y CubaBajoLupa no ha podido verificar de manera independiente la duración exacta del apagón en su vivienda. Sin embargo, el problema que describe encaja en una crisis más amplia: los cortes prolongados de electricidad están afectando la conservación de alimentos en hogares, comercios y cadenas de distribución de Cuba.
“Es muchísimo el esfuerzo que hace uno como padre”
La mujer explicó que la pérdida resultó especialmente dolorosa porque se trataba de comida destinada a sus hijos.
“Es muchísimo el esfuerzo y el sacrificio que hace uno como padre por traerles un plato a la mesa a nuestros hijos, y que así, de la noche a la mañana, lo tengas todo echado a perder”, lamentó.
La dificultad para conservar productos perecederos durante los apagones ya ha sido señalada como un problema de seguridad alimentaria. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud advirtió este año sobre interrupciones de la cadena de frío en Cuba y pérdidas de productos como leche por falta de refrigeración.
Food Monitor Program también ha identificado los apagones y la pérdida de alimentos por falta de refrigeración entre los factores que agravan la vulnerabilidad alimentaria de los hogares cubanos.
Volvió la corriente y comenzó otra carrera
Cuando finalmente regresó la electricidad, la madre contó que intentó aprovechar cada minuto ante el temor de que el servicio volviera a interrumpirse.
“Me puse a escoger el arroz. Tenía que salir a comprar algo que comer y quería dejarlo puesto, no fuera a ser que se fuera la corriente antes de que yo regresara”, explicó.
Pero entonces apareció otro problema: la falta de agua.
“Cuando fui a poner el arroz nos quedamos sin agua. Ahora a inventar también de dónde sacar agua para poder poner el arroz”.
La mujer aseguró que terminó recurriendo a una amiga para conseguir el agua necesaria y poder cocinar.
“Andaba como loca queriendo aprovechar bien rápido la corriente”, resumió.
La combinación de electricidad y agua inestables tampoco constituye un problema aislado. Testimonios recientes desde Cuba describen comunidades afectadas simultáneamente por apagones prolongados y varios días sin suministro de agua.
Apagones que también vacían los refrigeradores
El deterioro de la cadena de frío se ha hecho particularmente visible durante este verano.
Un reporte de 14ymedio publicado en julio describió refrigeradores apagados y falta de productos perecederos en establecimientos de La Habana debido a las interrupciones eléctricas, mostrando cómo la crisis energética puede afectar el alimento incluso antes de que llegue a la mesa de una familia.
Cuba también ha sufrido en los últimos meses colapsos generales del sistema eléctrico y jornadas de cortes prolongados. Reuters documentó en julio que, tras otro colapso nacional, la restauración avanzaba lentamente mientras el país enfrentaba simultáneamente escasez de energía, combustible y alimentos.
Para una familia, sin embargo, esas cifras se traducen de una manera mucho más sencilla: comida comprada con sacrificio que deja de ser aprovechable porque el refrigerador permanece apagado durante demasiado tiempo.
“Seca sus lágrimas y sigue adelante”
A pesar de la pérdida, la madre terminó su relato con un mensaje dirigido a quienes enfrentan circunstancias similares.
“Soy de esas madres que seca sus lágrimas y sigue adelante por sus hijos”, afirmó.
Su historia no permite calcular cuántos hogares cubanos han perdido alimentos durante los apagones ni cuánto dinero representan esas pérdidas. Pero pone rostro a una consecuencia menos visible de la crisis energética: cuando falta electricidad durante horas o días, el apagón no termina cuando vuelve la luz. Para muchas familias también significa volver a empezar a llenar un refrigerador que ya era difícil abastecer.
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