Un paciente ingresado en el Hospital Julio Miguel Aristegui Villamil, en Cárdenas, compartió imágenes de la comida servida durante esta jornada, y el testimonio vuelve a dejar una pregunta dura sobre la mesa: ¿cómo se recupera un enfermo con hambre?
El almuerzo, según las imágenes y la denuncia enviada a nuestra página, consistió en una pequeña porción de arroz blanco, un pedazo de boniato y una sopa casi sin contenido, descrita por la propia paciente como algo que “parece más agua con unas hierbas flotando que un alimento”.
Y ahí está el golpe. No se trata de un lujo, ni de una exigencia fuera de lugar. Se trata de personas enfermas, ingresadas en un hospital, muchas veces débiles, con tratamientos, dolores, necesidades especiales y una recuperación que depende también de algo tan básico como comer decentemente. 🏥💔
La señora que hizo llegar la denuncia explicó que, en su caso, sus familiares le llevan comida desde la casa, con mucho sacrificio, en medio de la situación económica brutal que vive el país. Pero su preocupación no es solo por ella.
Su preocupación va por los que no tienen a nadie.
Por los que están lejos de su familia.
Por los que no reciben una jaba.
Por los que tienen que depender únicamente de lo que les ponen en una bandeja dentro del hospital.
“Hay embarazadas, niños y adultos que no tienen otra opción. Esto no es justo. Hasta los propios médicos comen lo mismo”, comentó la paciente.
La frase duele porque retrata una realidad demasiado repetida en Cuba: el abandono también se sirve en plato.
No estamos hablando de un comedor cualquiera. Estamos hablando de un centro hospitalario, donde deberían existir condiciones mínimas para pacientes y personal de salud. Pero las imágenes y los testimonios vuelven a mostrar un panorama de precariedad, escasez y deterioro que golpea directamente a los más vulnerables.
👩⚕️ Además, varios médicos también se han comunicado con nuestra página para expresar su preocupación por la calidad de los alimentos que reciben durante sus jornadas de trabajo. Según relatan, la comida servida es la misma para pacientes y personal de salud, una situación que afecta por igual a quienes permanecen ingresados y a quienes pasan largas horas atendiendo a la población.
En otras palabras: el paciente enfermo come mal, y el médico agotado también.
Mientras el discurso oficial habla de “potencia médica”, la realidad en muchos hospitales parece otra: bandejas vacías, comida insuficiente, familias cargando con lo que el sistema no garantiza y profesionales de la salud resistiendo como pueden.
Porque en Cuba ya no basta con conseguir una cama, un medicamento o una atención a tiempo. También hay que tener suerte de que alguien pueda llevarte un plato de comida desde la casa.
Y eso, en cualquier país normal, debería dar vergüenza.
Un hospital no puede convertirse en otro rostro del hambre. Cuando hasta los enfermos tienen que depender del sacrificio familiar para comer, lo que está enfermo no es solo el paciente: es el sistema entero.
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