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Cuba Bajo Lupa

FILTRAN FOTO DE GUILLERMO GARCÍA FRIAS COMIENDO UN BANQUETE EN EXCLUSIVO RESTAURANTE DE LA CÚPULA EN GRANMA

Mientras millones de cubanos hacen malabares para conseguir comida, circula en redes una imagen del comandante histórico Guillermo García Frías disfrutando un plato de carne asada en un restaurante señalado por sus ofertas exclusivas y su ambiente de élite.

La fotografía, difundida recientemente en redes sociales, muestra a Guillermo García Frías, figura de la vieja cúpula castrista y comandante de la dictadura, sentado frente a un plato de carne en el restaurante Luanda, un establecimiento ubicado en el parque de ferias Granma y vinculado a la Empresa para la Protección de la Flora y la Fauna.

La imagen ha provocado comentarios e indignación, no solo por el personaje que aparece en ella, sino por el contraste brutal con la realidad que vive el cubano de a pie.

Porque en Cuba, para la mayoría, la carne es casi un recuerdo. Para muchos hogares, poner proteína en la mesa se ha vuelto una odisea. Para los jubilados, los trabajadores y las familias comunes, el salario se evapora antes de llegar al mercado. Pero para ciertos nombres de la historia oficial, al parecer, todavía hay restaurantes, platos servidos y comodidades reservadas. 🍽️

García Frías, de 98 años, no ha tenido una presencia pública reciente destacada, algo que algunos atribuyen a su avanzada edad, deterioro físico y estado de salud. Sin embargo, la imagen vuelve a colocarlo en el centro del debate público por lo que representa: los privilegios de una cúpula que envejeció en el poder mientras el país se empobrecía.

El restaurante Luanda no es un comedor cualquiera. nació en 1976, estuvo varios años cerrado y ahora reaparece con una imagen renovada, más lujosa y exclusiva. El lugar ofrece servicio de internet, vinos de importación y carnes exóticas como avestruz, cocodrilo y búfalo, esta última presentada como una de sus especialidades.

Guillermo García Frías en el Restaurante Luanda

Y ahí es donde la foto golpea más fuerte.

Mientras el pueblo cubano enfrenta colas, precios imposibles, apagones, pensiones miserables, hospitales sin recursos y una alimentación cada vez más precaria, un restaurante con glamour, carnes exóticas y vinos importados sirve como recordatorio de que en Cuba la crisis no se reparte igual.

Para unos, “resistencia”. Para otros, carne asada.

El Luanda también se promociona con actividades complementarias como camping, paseos a caballo, paseos en coche y otras ofertas recreativas. Un ambiente muy distinto al de la Cuba donde las familias calculan si pueden comprar un cartón de huevos, una libra de pollo o un poco de arroz para completar la semana.

La indignación no nace solo de una foto. Nace de décadas de doble moral. De un sistema que exige sacrificios al pueblo mientras sus figuras históricas han disfrutado privilegios negados a la mayoría. Nace de ver que quienes defendieron una revolución en nombre de la igualdad terminaron formando una clase intocable.

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