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Cuba Bajo Lupa

EL CANGREJO SE VENDE COMO PODER REAL: ¿Y ENTONCES PARA QUÉ ESTÁ DÍAZ-CANEL?

La entrevista exclusiva de USA Today a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como “El Cangrejo”, deja una imagen durísima: en Cuba puede haber presidente, parlamento, ministros y discursos institucionales… pero el poder real parece moverse por otros pasillos.

Y eso, dicho en buen cubano, huele a finca.

Más que una entrevista, el texto funciona como un perfil político. No solo muestra lo que Raúl Guillermo piensa sobre Cuba o sobre su posible futuro. También enseña desde dónde habla, cómo se presenta, qué símbolos usa y qué lugar ocupa dentro de una élite que no necesita pedir permiso para colocarse por encima de las estructuras oficiales.

El detalle no es menor: habló sentado en la antigua oficina de su abuelo, en lo alto del Centro de Convenciones de La Habana, sede del Parlamento cubano. No habló desde cualquier esquina. Habló desde un símbolo de poder.

Y desde ahí soltó frases que pesan.

“Nunca me ha interesado la política. Nunca ha sido una vocación mía… Pero si en algún momento la Revolución necesita que dé un paso al frente, lo haré”.

Como si lo que ya está haciendo no fuera profundamente político. Como si hablar de negociar, de futuro, de poder y de país fuera una conversación de sobremesa. ☕🇨🇺

También dijo que puede negociar con cualquiera que designe Estados Unidos, incluso con Donald Trump si se le da la oportunidad. Y ahí la pregunta cae sola: ¿quién lo nombró interlocutor de Cuba? ¿El pueblo? ¿El Parlamento? ¿El Gobierno? ¿O el apellido?

Porque esa es la parte más reveladora. Raúl Guillermo no solo habla como alguien cercano al poder. Habla como alguien que se siente con derecho a representarlo.

Mientras tanto, Díaz-Canel parece quedar como figura decorativa en una obra donde otros escriben el libreto. Y esa es una señal muy seria de las tensiones, fragmentaciones y poderes paralelos que existen dentro del sistema cubano.

Luego viene la frase más dolorosa, casi ofensiva para cualquier cubano que sobrevive entre apagones, colas, salarios pulverizados y familias rotas por el exilio:

“Me duele que muchas personas no puedan vivir como yo. Me pesa ver cómo la gente lucha. Y trabajo todos los días para cambiar esa situación”.

Lo dice alguien rodeado de privilegios, ropa cara, símbolos de poder y una vida completamente ajena al cubano de a pie. Qué fácil hablar del sufrimiento del pueblo desde el VIP de la historia. ✈️⌚

Pero el momento más simbólico llega cuando muestra un medallón de oro con las iniciales de Fidel Castro Ruz y Raúl Castro Ruz grabadas a ambos lados. Y entonces afirma:

“Si hay algo en lo que creo, es en estos dos hombres”.

Ahí está todo. La fe política convertida en herencia familiar. La Revolución como apellido. El país como patrimonio. El poder como medallón de oro colgado al cuello.

Raúl Guillermo parece querer presentarse como una figura lista para ocupar espacio, hablar con Washington y proyectarse como rostro de una nueva etapa. Algunos dirán que quiere ser una especie de Delcy cubana. Lo cierto es que no parece dispuesto a perder tiempo.

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