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Cuba Bajo Lupa

¿DÓNDE TERMINÓ LA FORTUNA DE FULGENCIO BATISTA? EL MITO DE LOS 300 MILLONES QUE HABRÍA SACADO DE CUBA EN 1959

Durante décadas se ha repetido que Fulgencio Batista huyó de Cuba el 1 de enero de 1959 cargando 300 millones de dólares. La imagen resulta poderosa: aviones saliendo de Columbia, maletas repletas de dinero y un gobernante derrotado llevándose una fortuna nacional.

El problema es que la parte más cinematográfica de esa historia no está demostrada.

Batista sí abandonó Cuba rumbo a República Dominicana durante la madrugada del 1 de enero y distintas fuentes históricas le atribuyen una fortuna gigantesca. PBS, por ejemplo, sostiene que había acumulado hasta unos 300 millones de dólares antes de marcharse. Sin embargo, esa cifra se refiere a su riqueza estimada, no prueba que ese monto viajara físicamente en los aviones que salieron de La Habana.

De 40 millones a 300 millones: el problema de las cifras

Las estimaciones sobre el dinero de Batista varían enormemente.

Un reportaje de TIME publicado en agosto de 1959 describía al exgobernante intentando disfrutar de más de 40 millones de dólares que, según la revista, había obtenido de Cuba.

Décadas después, otras reconstrucciones elevaron el patrimonio atribuido a Batista hasta aproximadamente 300 millones.

Esa enorme diferencia es esencial: demuestra que no existe un inventario público y definitivo de su fortuna al abandonar el poder.

La tesis doctoral del historiador Michael Patrick McGuigan, publicada por la Universidad de Miami y dedicada específicamente a la política económica de Batista entre 1952 y 1958, confirma la importancia de los grandes programas estatales de inversión y del control centralizado que caracterizaron aquella etapa. La investigación estudia precisamente la relación entre esas políticas, los beneficiarios y el funcionamiento económico del régimen.

Por tanto, afirmar que Batista era extraordinariamente rico resulta defendible. Afirmar que 300 millones en efectivo salieron dentro de sus aviones aquella madrugada es otra cosa.

Batista ya tenía dinero antes de 1952

La fortuna tampoco comenzó con los casinos.

Tras concluir su presidencia constitucional en 1944, Batista se trasladó a Florida. PBS recuerda que vivió durante años en Daytona Beach antes de regresar a Cuba y ejecutar el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.

Ya era un hombre con recursos importantes.

Después del golpe, su gobierno impulsó grandes proyectos de infraestructura, crédito público, hoteles y turismo. También abrió La Habana a una expansión considerable del juego y los casinos, con figuras del crimen organizado estadounidense, entre ellas Meyer Lansky, involucradas en ese negocio. PBS señala que durante esta etapa Batista se concentró cada vez más en incrementar su fortuna.

El asunto, por tanto, no puede reducirse a una supuesta bolsa de dinero tomada durante las últimas horas de su gobierno. Su patrimonio incluía propiedades, inversiones y otros activos acumulados durante años.

La riqueza que no podía subir a un avión

Otro elemento ayuda a entender qué pudo ocurrir después.

Cuando Batista perdió el poder, perdió también el control sobre propiedades y negocios que permanecían dentro de Cuba. Una finca, una participación empresarial o cualquier otro activo cubano podían representar una fortuna el 31 de diciembre de 1958 y quedar fuera de su alcance apenas días después.

Lo que permaneciera en bancos o inversiones extranjeras era diferente.

Por eso, la hipótesis más razonable no es necesariamente que Batista esperara hasta la última noche para sacar su patrimonio, sino que una parte de su riqueza ya estuviera distribuida previamente fuera de Cuba.

Lo que no existe públicamente es una contabilidad completa que permita establecer cuánto conservó exactamente.

República Dominicana, Portugal y España

La primera escala de Batista fue la República Dominicana gobernada por Rafael Leónidas Trujillo.

Posteriormente obtuvo refugio en Portugal y pasó sus últimos años entre territorio portugués y España. TIME documentó en agosto de 1959 su traslado a Madeira después de meses de dificultades para abandonar República Dominicana.

Batista murió en 1973 en Marbella, España. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de San Isidro de Madrid, donde permanece el panteón familiar.

La tumba, sin embargo, no parece corresponder a la imagen popular de una dinastía con cientos de millones de dólares.

Eso tampoco demuestra que Batista muriera pobre. Simplemente vuelve a plantear la pregunta: ¿cuánto de aquella fortuna seguía existiendo 14 años después de abandonar Cuba?

Una hija terminó viviendo sin hogar en Florida

La historia adquirió otra dimensión décadas después.

En 2017, medios del sur de Florida documentaron el caso de Fermina Lázara Carmela Batista Estévez, identificada como hija extramatrimonial de Batista, viviendo sin hogar en Fort Lauderdale junto a una hija adoptiva.

Según los reportes, Carmela dijo haber perdido con los años propiedades y dinero. Documentos revisados entonces confirmaban su identidad, mientras otros reportes señalaron que Batista la había incluido entre los beneficiarios de su patrimonio.

El caso no demuestra que toda la fortuna familiar desapareciera ni permite saber cuánto recibió cada heredero.

Pero sí complica la imagen de unos descendientes viviendo indefinidamente de una fortuna intacta de 300 millones de dólares.

Entonces, ¿qué ocurrió con el dinero de Batista?

La respuesta más rigurosa es menos espectacular que la leyenda.

Batista acumuló una riqueza importante antes y durante su último gobierno. Parte habría estado en propiedades y negocios cubanos que perdió tras la Revolución; otra parte probablemente se encontraba en inversiones y cuentas fuera de la isla.

Después llegaron el exilio, los gastos familiares, la división de la herencia entre descendientes y más de medio siglo de dispersión patrimonial.

Los 300 millones de dólares continúan apareciendo como una estimación histórica ampliamente difundida. Lo que no está probado es que Batista cargara esa cantidad en efectivo al abandonar Cuba.

La diferencia importa.

Porque una cosa es decir que huyó siendo posiblemente uno de los hombres más ricos de Cuba.

Y otra muy distinta es convertir en hecho una escena de cientos de millones de dólares metidos en maletas para la que, hasta ahora, no aparece un inventario documental que la confirme.

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