Miguel Díaz-Canel respondió a los cacerolazos en Cuba con una frase que encendió aún más la indignación: “tóquenle la cacerola a los vecinos del norte”.
En medio de apagones de más de 20 horas, falta de comida, escasez de medicamentos, transporte colapsado y un país viviendo al límite, el gobernante cubano volvió a usar el libreto de siempre: culpar a Estados Unidos y sacudirse la responsabilidad interna del desastre.
La declaración fue hecha en una entrevista con el semanario puertorriqueño CLARIDAD, publicada el 3 de julio y realizada en el Palacio de la Revolución. Allí, Díaz-Canel reconoció que el pueblo está sufriendo, pero rápidamente llevó toda la culpa hacia el embargo estadounidense.
“La gente toca cacerolas, algunos con más disgusto que otros. Yo digo: bueno, tóquenle la cacerola a los vecinos del norte, que son los que nos tienen con este apagón”, dijo.
La frase cae como sal en la herida de millones de cubanos que no protestan por capricho, sino porque no duermen, no cocinan, no conservan alimentos, no tienen agua, no tienen transporte y viven en una incertidumbre diaria que ya no aguanta más maquillaje político. 🇨🇺🔥
El propio mandatario admitió que en Cuba hay escasez de transporte, alimentos, medicamentos y apagones prolongados de más de veinte horas. También dijo que eso provoca insatisfacción y que “nadie puede estar contento”. Pero en lugar de asumir errores, volvió a negar que la gestión deficiente del régimen sea una causa central del colapso.
Mientras el discurso oficial repite “bloqueo” como respuesta automática, la realidad muestra un sistema eléctrico destruido, dependencia del petróleo venezolano, termoeléctricas envejecidas, falta de mantenimiento y décadas de decisiones económicas fallidas.
El déficit de generación eléctrica alcanzó un récord histórico de 2,208 MW el 25 de junio, dejando sin electricidad a cerca del 70% del país. Además, nueve de las 16 unidades termoeléctricas están fuera de servicio, incluida la Central Antonio Guiteras, la mayor de la isla, que acumuló su 17.ª avería en 2026 el mismo día en que se publicó la entrevista.
Y mientras Díaz-Canel hablaba desde el Palacio, la calle hablaba con cazuelas.
En Zamora, Marianao, vecinos protestaron después de más de 24 horas sin electricidad gritando “¡Libertad!”. Una residente, Zea Gisselle, lo resumió sin anestesia: “Para patrullar el barrio y reprimir sí tienen combustible, pero para mantener al país con los servicios básicos garantizados no”.
Ahí está el retrato completo: para el pueblo, apagón; para la protesta, patrulla. Para la comida, excusas; para la represión, combustible. Tremenda eficiencia selectiva, compadre. 🚨
Según el texto base, el régimen respondió a los cacerolazos con militarización, boinas negras armadas, operativos policiales y cortes de internet. Cubalex documentó en junio al menos 38 arrestos, incluidos seis menores de edad, mientras el Observatorio Cubano de Conflictos registró 1,311 protestas en mayo de 2026, la cifra mensual más alta conocida.
Los cacerolazos también sonaron en Santiago de Cuba, en repartos como Municipal, Santa Úrsula, Hoyo de Chicharrones y Portuondo. En La Habana, vecinos de El Vedado, El Cerro y Regla salieron con una consigna simple y demoledora: “Queremos dormir con luz; queremos vivir como personas”.
Díaz-Canel cerró la entrevista diciendo que Cuba va a superar la situación, que va a salir adelante, que va a vencer y que no se va a rendir.
Pero para millones de cubanos sin luz, sin comida, sin agua y sin esperanza real, esas palabras suenan cada vez más lejos de la vida cotidiana.
Cuando un gobierno le dice al pueblo que reclame afuera lo que se rompe adentro, no está gobernando: está huyendo de su propia culpa.
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