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Cuba Bajo Lupa

DÍAZ-CANEL, EL PRESIDENTE DE PAPEL: EL CANGREJO Y LA HERENCIA DEL PODER REAL EN CUBA

La entrevista concedida por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como “El Cangrejo”, a USA Today no es una simple aparición mediática. Es mucho más que eso. Es una señal política calculada, un mensaje hacia dentro y hacia fuera, y sobre todo una bofetada a la supuesta institucionalidad cubana.

Porque después de leer sus declaraciones, la pregunta cae sola: ¿para qué existe Miguel Díaz-Canel?

Díaz-Canel aparece en los actos, lee discursos, repite consignas y carga con la cara pública del desastre. Pero la entrevista de El Cangrejo vuelve a dejar una sospecha cada vez más difícil de esconder: el poder real en Cuba no está necesariamente en el cargo, sino en el apellido, en los pasillos cerrados y en la sombra de los Castro.

Según reportes internacionales, Raúl Guillermo Rodríguez Castro se mostró dispuesto a negociar con Estados Unidos e incluso con Donald Trump si se le diera la oportunidad, pese a no ocupar un cargo formal de gobierno reconocido públicamente más allá de su papel vinculado a la seguridad personal de Raúl Castro. Reuters recogió que el nieto del exgobernante cubano dijo estar abierto a negociar con Trump en una entrevista con USA Today.

Entonces hay que preguntarlo alto y claro: ¿quién es este individuo para negociar en nombre de los cubanos?

¿Quién lo eligió? ¿Quién lo empoderó? ¿Dónde está el mandato popular? ¿En qué urna apareció su nombre? ¿En qué Constitución dice que el nieto de un exdictador puede presentarse como interlocutor del país?

Porque si eso es cierto, si realmente El Cangrejo puede hablar por Cuba, negociar por Cuba y moverse como pieza central del poder, entonces se impone una conclusión brutal: Díaz-Canel debería renunciar a su cargo, desmontar el teatro institucional y admitir públicamente que Cuba vive bajo una monarquía platanera.

Sí, una monarquía sin corona, pero con escoltas, linaje, privilegios y herederos.

El País ya había señalado que Rodríguez Castro, aunque sin cargos oficiales de alto nivel, ha ganado presencia en espacios vinculados a conversaciones entre Cuba y Estados Unidos, lo que ha disparado interrogantes sobre quién manda realmente en la Isla.

Y ese es el punto clave. El Cangrejo no aparece de golpe. El Cangrejo viene ganando visibilidad poco a poco. Primero como figura cercana a Raúl Castro. Luego como hombre de confianza. Después como presencia en movimientos diplomáticos. Ahora como rostro con discurso propio ante un medio estadounidense.

Esto no parece improvisación. Esto huele a ensayo general.

Cuando dice que actuaría “si el gobierno se lo pide”, está jugando con las palabras. No se presenta como ambicioso, se presenta como servidor. No dice “quiero el poder”, dice “si me llaman”. Es la vieja fórmula del heredero que no se proclama, pero se deja ver.

Y mientras tanto, el pueblo cubano sigue fuera de la conversación. Los presos políticos siguen pagando el precio. Las madres siguen haciendo magia para alimentar a sus hijos. Los jóvenes siguen huyendo. Los apagones siguen tragándose la vida cotidiana. Y desde arriba, una casta familiar decide quién habla, quién negocia y quién hereda.

Esto necesita explicaciones urgentes.

Porque el silencio del régimen no es prudencia. El silencio es complicidad con el nepotismo, con la imposición dinástica y con la mentira de una “Revolución” que terminó funcionando como patrimonio familiar.

Cuba no necesita otro heredero del castrismo. Cuba necesita libertad, instituciones reales y un país donde nadie pueda hablar en nombre de millones solo por llevar el apellido correcto.

Si El Cangrejo representa el futuro que están preparando, entonces el régimen ya no oculta su fracaso: lo está maquillando como sucesión.

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