Cuba amaneció este lunes completamente golpeada por la oscuridad tras una nueva desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Otra más. Y ya van siete apagones totales en apenas 18 meses.
La empresa estatal Unión Eléctrica (UNE) confirmó el colapso con un comunicado frío, corto y sin muchas explicaciones: “Ocurre una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Se investigan las causas. Se continuará informando al respecto”.
Eso fue todo.
Mientras millones de cubanos se quedaban sin corriente, sin ventilador, sin refrigerador, sin agua en muchos edificios y sin saber cuándo regresaría el servicio, la respuesta oficial volvió a ser la misma de siempre: se investiga, se informará, tengan paciencia. ⚡🕯️
Pero hay un detalle que hace este apagón todavía más inquietante: según la propia UNE, no se registraron fallas en las unidades térmicas que estaban operativas en el momento del colapso.
O sea, el sistema se cayó completo y ni siquiera hay una explicación inmediata clara.
En buen cubano: se fue la luz del país entero y todavía están buscando por dónde se rompió el cable.
Este nuevo apagón total ocurre en el peor momento energético de la historia reciente de Cuba. Para este lunes, el déficit previsto estaba entre 2,200 y 2,230 MW, con una disponibilidad de apenas 1,000 MW frente a una demanda de 3,100 MW.
El domingo ya la afectación había llegado a 2,201 MW a las 10 de la noche, una cifra récord que la propia UNE había advertido que podía repetirse o incluso superarse.
Y así fue.
La crisis no salió de la nada. Detrás del apagón hay un sistema eléctrico destruido, termoeléctricas agotadas, falta de mantenimiento, escasez de combustible y una administración que lleva años parchando un desastre con discursos.
Entre las unidades fuera de servicio aparecen la 6 y la 8 de la CTE Máximo Gómez, en Mariel; la unidad 1 de la CTE Antonio Guiteras, en Matanzas; y la unidad 6 de la CTE Diez de Octubre, en Nuevitas.
La Guiteras, una de las plantas más importantes del país, acumula 17 salidas del sistema en lo que va de 2026 y no recibe mantenimiento capital desde 2010. Tremendo “logro” de la eficiencia revolucionaria, si uno tuviera ganas de hacer chistes con una tragedia nacional.
A eso se suma otro golpe: 106 centrales de generación distribuida estaban paradas por falta de combustible, lo que representa 890 MW indisponibles.
Cuba lleva más de tres meses sin recibir envíos de petróleo, intentando sostenerse con energía solar, gas natural y termoeléctricas en condiciones precarias.
Los 54 parques solares fotovoltaicos generaron el domingo 4,679 MW/h, con una potencia máxima de 709 MW, pero eso no alcanza para cubrir el hueco enorme de un país apagado.
Este colapso tampoco es un hecho aislado. El 4 de julio, Granma quedó completamente desconectada del SEN tras una caída brusca de frecuencia cuando la CTE Lidio Ramón Pérez intentaba sincronizarse. Y el apagón total más largo del ciclo reciente fue el del 16 de marzo de 2026, que duró 29 horas y 29 minutos.
Mientras tanto, la paciencia del pueblo está al límite. En La Habana y Santiago de Cuba se han reportado cacerolazos y protestas espontáneas, respondidas con operativos policiales. En zonas de Matanzas, los apagones han llegado a 87 horas consecutivas, y en La Habana el promedio ronda las 15 horas diarias sin electricidad.
El restablecimiento, además, puede tardar. Tras una desconexión total, el proceso es complejo y requiere crear microsistemas regionales antes de reconectar las grandes termoeléctricas.
La UNE no dio plazo.
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