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Cuba Bajo Lupa

DETECTAN POR PRIMERA VEZ EN CUBA UNA PELIGROSA MICROALGA ASOCIADA A LA CIGUATERA

Un estudio científico internacional confirmó por primera vez la presencia de Gambierdiscus australes en Cuba, específicamente en muestras obtenidas en aguas costeras de La Habana. El hallazgo también constituye el primer registro formal de esta especie en aguas del Caribe, según una investigación publicada en agosto de 2026 en la revista científica ACS Environmental Au.

La noticia requiere una precisión importante: encontrar esta microalga no significa que exista una emergencia sanitaria ni que todos los peces capturados en aguas cubanas estén contaminados. El estudio amplía el mapa conocido de microorganismos asociados a la ciguatera y aporta nueva información para identificar qué especies representan realmente un riesgo toxicológico.

SEIS ESPECIES DE GAMBIERDISCUS EN EL LITORAL DE LA HABANA

Los investigadores analizaron cepas recogidas en aguas costeras habaneras mediante técnicas morfológicas, moleculares y químicas. El trabajo identificó seis especies: Gambierdiscus caribaeus, G. carpenteri, G. carolinianus, G. belizeanus, G. australes y G. silvae, siendo G. caribaeus la más abundante entre las muestras estudiadas.

La gran novedad fue Gambierdiscus australes, especie que hasta ahora no había sido reportada formalmente ni en Cuba ni en el mar Caribe. Los análisis realizados sobre la cepa cubana detectaron 44-metilgambierona, pero el estudio no atribuyó a esta especie la principal evidencia de producción de ciguatoxina encontrada en las muestras.

LA CLAVE DEL ESTUDIO ESTÁ EN OTRA ESPECIE: GAMBIERDISCUS SILVAE

El resultado toxicológico más relevante apareció en Gambierdiscus silvae. Los investigadores detectaron inequívocamente C-CTX5, una ciguatoxina del Caribe, mediante dos técnicas de espectrometría de masas, lo que proporciona evidencia química directa de que esta especie puede actuar como fuente de ciguatoxinas en aguas cubanas.

La investigación también encontró 44-metilgambierona ampliamente distribuida entre varias de las especies y cantidades menores de gambierona. Según los autores, la identificación de C-CTX5 en G. silvae refuerza resultados obtenidos previamente en otras áreas del Caribe y ayuda a precisar qué organismos deben recibir mayor atención en los programas de vigilancia.

QUÉ ES LA CIGUATERA Y CÓMO LLEGA A LAS PERSONAS

Las microalgas del género Gambierdiscus viven principalmente asociadas a ambientes marinos tropicales y arrecifes. Determinadas especies pueden producir toxinas que entran en la cadena alimentaria cuando pequeños organismos o peces consumen material contaminado, y posteriormente esas sustancias pueden acumularse en peces de mayor tamaño.

La persona no se intoxica por nadar cerca de estas microalgas, sino principalmente al ingerir pescado que contiene niveles suficientes de ciguatoxinas. El CDC señala que peces de arrecife como barracuda, mero, pargo y medregal figuran entre los asociados al riesgo de ciguatera, especialmente ejemplares grandes que han acumulado toxina a lo largo de la cadena alimentaria.

LOS SÍNTOMAS PUEDEN SER DIGESTIVOS, NEUROLÓGICOS Y CARDIOVASCULARES

La intoxicación por ciguatera puede comenzar con náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal. Posteriormente pueden aparecer hormigueo, debilidad, alteraciones de sensibilidad y una característica inversión o distorsión de la percepción del frío y el calor; en determinados casos también se registran hipotensión y disminución del ritmo cardíaco.

Los síntomas neurológicos pueden prolongarse durante semanas y, en algunos pacientes, persistir durante períodos más largos. El CDC indica además que no existe un antídoto específico para la ciguatoxina y que el tratamiento se dirige fundamentalmente a controlar los síntomas y las complicaciones.

COCINAR EL PESCADO NO DESTRUYE LA CIGUATOXINA

Este es uno de los aspectos más importantes para el consumidor. Las ciguatoxinas son termoestables y no desaparecen al freír, hervir, asar o congelar el pescado; tampoco modifican necesariamente su olor, sabor o apariencia.

Eso significa que una persona no puede determinar visualmente si un pescado contiene ciguatoxinas ni eliminar el riesgo simplemente mediante una cocción prolongada. La prevención depende fundamentalmente del origen del pescado, las especies consumidas y los sistemas de vigilancia que permitan identificar áreas o productos de mayor riesgo.

POR QUÉ EL HALLAZGO IMPORTA PARA CUBA

La investigación fue liderada con participación del Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos (CEAC), junto con instituciones científicas de España y México. El trabajo forma parte de iniciativas orientadas a mejorar el conocimiento sobre las especies productoras de toxinas y desarrollar herramientas más precisas para evaluar el riesgo de ciguatera en Cuba y el Caribe.

El estudio no anuncia una crisis nueva; aporta algo diferente y científicamente más útil: capacidad para saber qué especies están presentes, cuáles producen determinadas toxinas y dónde debe concentrarse la vigilancia. En una región donde la ciguatera ya constituye un problema conocido de salud pública, contar con esa información permite pasar de advertencias generales a una evaluación más precisa del riesgo.

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