TRUMP FIRMA PRÓRROGA QUE EXTIENDE EL EMBARGO EN CONTRA DE CUBA HASTA SEPTIEMBRE DEL 2027
El presidente Donald Trump prorrogó por un año determinadas facultades bajo la Ley de Comercio con el Enemigo que sostienen parte del entramado jurídico de las sanciones estadounidenses contra Cuba. La renovación mantendrá esas autoridades vigentes hasta el 14 de septiembre de 2027, según una determinación presidencial publicada este martes en el Registro Federal de Estados Unidos.
La precisión es importante: Trump no impuso con esta decisión un nuevo embargo ni anunció una nueva batería de sanciones. Lo que hizo fue renovar un mecanismo legal que debe ser extendido periódicamente para continuar aplicándose a Cuba y que sirve de fundamento a las Regulaciones para el Control de Activos Cubanos.
TRUMP MANTIENE LAS FACULTADES HASTA SEPTIEMBRE DE 2027
La Determinación Presidencial 2026-21, firmada el 20 de agosto, señala que las facultades vigentes estaban programadas para expirar el próximo 14 de septiembre de 2026. Trump determinó que mantenerlas durante otro año con respecto a Cuba responde al “interés nacional de Estados Unidos”.
El documento se ampara en la Trading With the Enemy Act (TWEA), legislación estadounidense de 1917. Cuba permanece como el caso en el que determinadas facultades de esa ley continúan siendo renovadas anualmente.
En términos prácticos, la decisión permite conservar la base jurídica de restricciones administradas mediante las Cuban Assets Control Regulations. Por ello, aunque el trámite no introduce automáticamente nuevas prohibiciones, su renovación evita que este componente del sistema de sanciones expire.
BRUNO RODRÍGUEZ REACCIONA DESDE LA HABANA
El Gobierno cubano respondió pocas horas después. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla condenó la decisión y rechazó que pueda ser considerada simplemente un procedimiento administrativo.
“La renovación de la llamada Ley de Comercio con el Enemigo hasta septiembre de 2027 no es un acto administrativo menor”, escribió Rodríguez, quien volvió a utilizar el término “bloqueo” con el que el Gobierno cubano identifica el conjunto de sanciones estadounidenses y calificó esa política de “genocida”.
Esa es la posición oficial de La Habana. Washington, por su parte, presenta sus sanciones como instrumentos de presión sobre el Gobierno cubano y ha vinculado medidas adoptadas durante la actual administración a cuestiones de seguridad nacional, derechos humanos y política exterior.
EL EMBARGO NO DEPENDE DE UNA SOLA LEY
La renovación de la TWEA no debe confundirse con la totalidad del embargo. El régimen de sanciones contra Cuba está formado por distintas leyes, regulaciones y decisiones ejecutivas acumuladas durante décadas.
La Ley Helms-Burton de 1996 tuvo especial importancia porque codificó en legislación muchas de las restricciones existentes. De acuerdo con el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, ese paso limitó la capacidad de un presidente para eliminar unilateralmente todo el embargo sin que se cumplan las condiciones establecidas por la propia ley y sin intervención legislativa.
El origen de las restricciones económicas modernas se remonta a la confrontación entre Washington y La Habana iniciada después de 1959, marcada por las nacionalizaciones de propiedades estadounidenses, el acercamiento del Gobierno de Fidel Castro a la Unión Soviética y la ruptura de relaciones diplomáticas. En 1962, la administración de John F. Kennedy estableció un embargo comercial de amplio alcance, que posteriormente fue ampliado y modificado mediante otras leyes.
QUÉ CAMBIA REALMENTE CON LA DECISIÓN
Para quienes siguen las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el elemento fundamental es distinguir continuidad de endurecimiento. Esta determinación concreta representa continuidad: mantiene hasta septiembre de 2027 autoridades que ya estaban vigentes.
Eso no significa que la política estadounidense hacia La Habana permanezca inmóvil. La administración Trump ha adoptado otras medidas específicas contra entidades y funcionarios cubanos durante 2026, pero esas acciones pertenecen a decisiones separadas y no deben confundirse con la renovación publicada este martes.
La consecuencia inmediata de esta determinación es mucho más concreta: una de las herramientas legales más antiguas utilizadas por Washington en su política hacia Cuba seguirá activa durante al menos otro año. Después de más de seis décadas de enfrentamiento entre ambos gobiernos, la fecha cambia; el mecanismo permanece.
SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES






