La Habana amaneció este martes con otro golpe directo a la vida diaria de la gente: una avería dejó sin servicio de gas manufacturado a miles de hogares capitalinos, en medio de una crisis donde cada día aparece un nuevo problema, como si el país estuviera jugando al dominó… pero con las fichas viradas.
La Empresa de Gas Manufacturado reconoció públicamente el fallo a través de un comunicado difundido por Tribuna de La Habana en redes sociales. Según la nota oficial, el problema se produjo por un “imprevisto técnico de fuerza mayor” en el sistema de entrega y recepción de gas natural, lo que provocó una caída de presión y afectaciones en la red de distribución.
En cristiano: se fue el gas y nadie sabe exactamente cuándo vuelve.
La empresa aseguró que personal técnico especializado ya se encuentra trabajando en el diagnóstico y la reparación del problema “en el menor tiempo posible”. Pero, como suele pasar en Cuba, el comunicado dejó más preguntas que respuestas: no precisó municipios afectados, no explicó la causa exacta de la avería y tampoco ofreció una hora o fecha para restablecer el servicio.
Mientras tanto, la vida real sigue. La olla no espera, los niños tienen que comer y las familias ya vienen cargando con apagones, falta de agua, inflación y una rutina de supervivencia que no da tregua.
En redes sociales, la reacción fue inmediata. Muchos cubanos respondieron con ironía amarga, cansancio y desesperación. Un usuario resumió el desastre con una frase demoledora: “Nivel 3 desbloqueado: sin agua, sin luz, sin gas”.
Otro recordó que el gas era, para muchos, de los pocos servicios que todavía funcionaba “más o menos”, y alertó que si también empieza a fallar como el agua y la electricidad, el caos será todavía mayor.
Pero el comentario que más duele es el más simple: “Sin luz, sin agua y ahora sin gas… ¿cómo le doy comida a mi familia?”.
Esa es la pregunta que ningún comunicado institucional responde.
Porque en Cuba ya no se trata solo de una avería. Se trata de un país donde los servicios básicos se caen uno detrás del otro, mientras el régimen solo ofrece disculpas, silencio y consignas gastadas. El pueblo no necesita más comprensión: necesita soluciones.
