ROLANDO ALFONSO BORGES: EL CORONEL DE LA IDEOLOGÍA, LA CENSURA Y LOS MISTERIOS DE SU CAÍDA
Durante más de dos décadas, Rolando Alfonso Borges ocupó una de las posiciones menos visibles pero más influyentes en la relación entre el Partido Comunista de Cuba y los medios estatales. Desde el Departamento Ideológico del Comité Central del PCC, participó en la definición de la política informativa, mantuvo contacto directo con directores y periodistas y trabajó especialmente junto a Fidel Castro durante la llamada Batalla de Ideas. La propia prensa oficial cubana reconoció en 2017 que había permanecido más de 20 años al frente del Departamento Ideológico atendiendo la prensa.
Pero alrededor de Alfonso Borges existe una biografía sorprendentemente opaca. Fuentes externas lo identifican como coronel y antiguo cuadro de las Fuerzas Armadas, periodistas cubanos lo han señalado como una de las figuras centrales del sistema de orientación y censura informativa, investigadores del Centro de Estudios sobre América lo recuerdan como protagonista de la ofensiva política contra esa institución en 1996 y, en 2015, llegó a enfrentarse abiertamente con periodistas de los propios medios oficiales. Mientras tanto, una parte considerable de su trayectoria personal y militar permanece poco documentada públicamente.
MÁS DE DOS DÉCADAS EN UNA OFICINA QUE DECIDÍA QUÉ PODÍA PUBLICARSE
La importancia del cargo que desempeñaba Alfonso Borges resulta difícil de exagerar dentro del modelo cubano. El Departamento Ideológico del Comité Central mantenía una relación directa con periódicos, radio, televisión y organizaciones como la Unión de Periodistas de Cuba, y la prensa oficial lo mostraba periódicamente participando en reuniones donde se analizaban la política informativa, los problemas de los medios y la comunicación del país.
En octubre de 2015, Granma lo identificaba explícitamente como miembro del Comité Central y jefe del Departamento Ideológico del Comité Central para la prensa. Fue Alfonso Borges quien entregó al periódico oficial un reconocimiento enviado por Raúl Castro con motivo del aniversario 50 del diario, una imagen que ilustra su ubicación institucional entre la dirección política y los principales medios estatales.
Su influencia venía de mucho antes. Documentación del PCC del Quinto Congreso lo incluye entre los miembros del Comité Central, y una información de Granma de 1998 ya lo presentaba ejerciendo responsabilidades ideológicas dentro de la estructura partidista.
EL MISTERIO DE SU PASADO MILITAR
Una de las primeras zonas grises de su biografía es precisamente lo ocurrido antes de convertirse en uno de los responsables de la política ideológica del Partido. Numerosas publicaciones opositoras y estudios externos lo describen como coronel, mientras un análisis sobre la creciente presencia de las FAR en instituciones civiles lo identificó como antiguo número dos de la Dirección Política Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Sin embargo, la prensa oficial cubana que hemos revisado suele presentarlo simplemente como dirigente partidista y jefe del Departamento Ideológico, sin ofrecer una biografía detallada de su carrera militar ni explicar públicamente cómo pasó de las estructuras políticas de las FAR al aparato ideológico del Comité Central. Esa ausencia documental no demuestra que exista algo clandestino, pero sí deja una pregunta histórica relevante sobre uno de los funcionarios que tuvo durante décadas acceso directo a la política informativa del país.
También existen publicaciones que lo han descrito como coronel del MININT o como hombre de inteligencia, pero no hemos encontrado documentación oficial suficiente que permita confirmar esas afirmaciones con el mismo grado de certeza. Por esa razón, cualquier relación específica con organismos de inteligencia debe mantenerse atribuida a las fuentes que la sostienen y no presentarse como hecho probado.
1996: EL CONFLICTO CON EL CENTRO DE ESTUDIOS SOBRE AMÉRICA
Uno de los episodios más importantes y mejor documentados de su trayectoria ocurrió en 1996, durante la crisis del prestigioso Centro de Estudios sobre América (CEA). El centro reunía investigadores cubanos que estaban analizando críticamente los problemas económicos, sociales y políticos surgidos durante el Período Especial, y algunas de sus propuestas comenzaron a ser observadas con desconfianza desde sectores superiores del Partido.
Luis Suárez Salazar, antiguo investigador del CEA, reconstruyó años después el proceso utilizando testimonios y documentos personales de Manuel Piñeiro. Según su investigación, Alfonso Borges fue el principal vocero de las acusaciones formuladas por una comisión del Buró Político, presidida por José Ramón Balaguer, que interrogó colectiva e individualmente a investigadores del centro.
La controversia adquirió un giro particularmente interesante porque Raúl Castro posteriormente envió un mensaje a los investigadores a través de Manuel Piñeiro. En esas notas, reproducidas por Suárez Salazar, Raúl reconocía la posibilidad de haber cometido una injusticia y afirmaba que, si así había ocurrido, se repararía públicamente; el episodio sugiere que incluso dentro de la propia dirección existían dudas sobre la manera en que se había procesado políticamente al CEA.
Otros antiguos funcionarios cubanos han sido todavía más críticos. Domingo Amuchástegui sostuvo que Alfonso Borges y Balaguer aceptaron y amplificaron acusaciones contra los investigadores del CEA, creando una atmósfera de sospecha alrededor del centro, aunque esa es su interpretación personal de lo sucedido y debe distinguirse de los documentos oficiales disponibles.
EL CEA: ¿UN CASO DE CONTROL IDEOLÓGICO SOBRE EL PENSAMIENTO ACADÉMICO?
El episodio resulta importante porque el conflicto no giraba simplemente alrededor de un periódico o una noticia concreta. Se trataba de investigadores vinculados al propio sistema cubano que proponían discutir reformas y transformaciones en uno de los momentos económicos más difíciles de la Revolución.
La participación atribuida a Alfonso Borges permite observar que el Departamento Ideológico no limitaba su campo de acción a periódicos y televisión. También podía intervenir en discusiones académicas, ciencias sociales y debates internos que la dirección política considerara suficientemente sensibles, algo que convierte el caso del CEA en una de las controversias más relevantes de su carrera pública.
PERIODISTAS OFICIALISTAS TERMINARON ENFRENTÁNDOSE A ÉL
Otro momento revelador ocurrió en mayo de 2015, cuando una asamblea de balance de periodistas de prensa escrita en La Habana terminó, según reportes de medios externos, en un fuerte enfrentamiento verbal entre Alfonso Borges y periodistas pertenecientes al propio sistema oficial. Martí Noticias informó que algunos comunicadores cuestionaron abiertamente la política informativa y las restricciones impuestas desde el Departamento Ideológico.
La cobertura oficial de aquella misma reunión utilizó un lenguaje mucho más moderado. Reconoció la presencia de Alfonso Borges y señaló que los periodistas debatieron ética, profesionalidad, incorporación de jóvenes y problemas del funcionamiento de la prensa, pero no informó del enfrentamiento descrito posteriormente por otras fuentes.
Ese contraste resulta por sí mismo significativo. Un medio oficial describía una asamblea profesional relativamente normal, mientras fuentes externas hablaban de periodistas reclamando mayor autonomía frente al mismo funcionario encargado de orientar políticamente sus medios.
“DESDOBLAMIENTO”: LA POLÉMICA SOBRE PERIODISTAS QUE ESCRIBÍAN FUERA DE LOS MEDIOS ESTATALES
De acuerdo con la versión recogida por Martí Noticias, Alfonso Borges criticó lo que denominaba el “desdoblamiento” de periodistas cubanos que trabajaban en medios estatales pero además colaboraban con páginas o publicaciones extranjeras. La preocupación del Departamento Ideológico era que periodistas empleados por instituciones oficiales desarrollaran simultáneamente una voz más independiente fuera de ellas.
Esta discusión coincidía con el surgimiento de nuevos espacios digitales y con una generación de periodistas que buscaba mayores márgenes profesionales. Algunos textos de antiguos trabajadores de medios cubanos responsabilizaron directamente a Alfonso Borges de endurecer controles sobre colaboraciones externas y de intentar impedir que periodistas del sistema publicaran textos fuera de las estructuras supervisadas por el Estado.
UNA CONTRADICCIÓN: “NO DEBE HABER SECRETISMO”
La posición pública de Alfonso Borges era más matizada de lo que suele reflejarse en las críticas contra él. En octubre de 2013 afirmó ante dirigentes de la UPEC que la voluntad del Partido era que “no haya secretismo” y sostuvo que el país necesitaba una información más equilibrada y oportuna.
También circula una intervención atribuida a él en 2008 en la que habría dicho a unos 300 periodistas que en sus blogs podían publicar lo que desearan siempre que lo hicieran “con responsabilidad”. Esa declaración fue reproducida incluso por comentaristas favorables al sistema cubano, que la utilizaron para argumentar que existía cierto margen de expresión personal entre periodistas oficiales.
La controversia surge de la distancia entre esas declaraciones y los testimonios de periodistas que describían controles, llamadas, orientaciones editoriales y límites sobre colaboraciones independientes. No necesariamente existe una contradicción absoluta —porque “responsabilidad” podía interpretarse de muchas maneras—, pero sí aparece una tensión evidente entre el discurso de apertura y la práctica que distintos profesionales atribuían al Departamento Ideológico.
EL CASO CREMATA Y LA REVUELTA DE LOS CINEASTAS
En 2015 otra polémica alcanzó directamente a Alfonso Borges desde el sector cultural. Después de la suspensión de la obra teatral El rey se muere, dirigida por Juan Carlos Cremata, artistas y cineastas se reunieron en el centro Fresa y Chocolate para discutir censura, política cultural y la necesidad de una Ley de Cine.
Crónicas independientes sobre aquella reunión aseguran que varios participantes señalaron directamente a Alfonso Borges como una de las figuras responsables del control ideológico sobre medios y cultura. Esas acusaciones pertenecen a los participantes y a las publicaciones que cubrieron el encuentro; no hemos encontrado una decisión administrativa firmada por Alfonso Borges que permita atribuirle personalmente la suspensión de la obra.
Ese matiz resulta importante. Su cargo lo colocaba en el centro de la política ideológica, pero la censura cultural cubana involucraba múltiples instituciones, desde el Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas hasta el ICAIC, el PCC y otros organismos.
LA PRENSA OFICIAL TAMBIÉN EMPEZÓ A RECLAMAR CAMBIOS
Las tensiones continuaron en 2016. Una intervención crítica de Karina Marrón, entonces subdirectora de Granma, planteó problemas económicos y sociales y advirtió sobre las consecuencias de ignorar el descontento ciudadano; según Diario de Cuba, sus palabras no agradaron a sectores del Departamento Ideológico próximos a Alfonso Borges.
El mismo reporte afirmaba que existían desacuerdos internos sobre posibles cambios en la dirección ideológica y sobre proyectos de reforma de la prensa impulsados desde sectores vinculados a Miguel Díaz-Canel. Son versiones obtenidas de fuentes anónimas y, por tanto, no pueden darse como hechos institucionales demostrados, pero muestran que para entonces la política informativa se había convertido en un espacio de discusión incluso dentro del oficialismo.
YOANI SÁNCHEZ Y LAS ACUSACIONES MÁS GRAVES
Algunas publicaciones opositoras fueron mucho más lejos y atribuyeron a Alfonso Borges responsabilidades en campañas de propaganda y operaciones destinadas a desacreditar a opositores y periodistas independientes, entre ellos Yoani Sánchez. Un artículo de opinión de 2013 llegó a describirlo como coronel de inteligencia y le adjudicó responsabilidad sobre vigilancia, infiltración y campañas de descrédito.
Esas acusaciones son graves, pero no hemos localizado documentación primaria que demuestre que Alfonso Borges dirigiera personalmente tales operaciones. Lo comprobable es que encabezaba el departamento responsable de la línea ideológica y comunicacional del PCC; atribuirle directamente operaciones específicas de la Seguridad del Estado requiere una evidencia diferente que las fuentes consultadas no proporcionan.
LA “BATALLA DE IDEAS” Y SU RELACIÓN CON FIDEL
La propia prensa oficial ofrece una pista sobre el nivel de proximidad política que alcanzó. Cuando fue condecorado en 2017, Granma señaló que Alfonso Borges había trabajado “junto a Fidel de manera especial en la batalla de ideas” y se había dedicado a elaborar una propuesta de política de comunicación para el Estado y el Gobierno.
Aquella campaña, desarrollada especialmente desde finales de los años noventa y durante la década de 2000, convirtió los medios y la movilización política en herramientas centrales del Gobierno. Alfonso Borges ocupaba precisamente el departamento encargado de articular esa dimensión ideológica, lo que ayuda a explicar por qué su nombre aparecía con frecuencia en encuentros con periodistas, agencias, dirigentes partidistas y medios estatales.
UNA APERTURA POCO CONOCIDA: EL APOYO A LA JORNADA CONTRA LA HOMOFOBIA
No todas las decisiones asociadas a su departamento generaron críticas por restricciones. En 2011, La Jornada informó que Alfonso Borges asistió a un espectáculo de transformismo en el Teatro Karl Marx durante la Jornada Cubana contra la Homofobia y que su departamento aparecía agradecido en el programa por su respaldo al evento.
El episodio muestra una faceta menos conocida del Departamento Ideológico bajo su dirección. Una institución asociada habitualmente con el control político de los medios también podía autorizar o respaldar iniciativas culturales que representaban cambios frente a antiguas políticas discriminatorias del Estado cubano.
2016: UNA SALIDA SIN DEMASIADAS EXPLICACIONES
En abril de 2016, después del VII Congreso del Partido Comunista, Alfonso Borges dejó de figurar entre los miembros del Comité Central. Medios independientes destacaron su salida junto a la de otros dirigentes históricos, pero no apareció públicamente una explicación detallada que permitiera establecer si se trataba de retiro, renovación generacional o alguna otra decisión interna.
Sin embargo, hay un dato que hace poco probable interpretar automáticamente aquello como una caída en desgracia. En mayo de 2017, Alfonso Borges fue homenajeado públicamente y recibió la Distinción Félix Elmuza, mientras Granma destacó positivamente sus más de veinte años de trabajo ideológico y su colaboración con Fidel. Para entonces, Joel Suárez aparecía ya como jefe del Departamento Ideológico.
Por tanto, su salida continúa siendo un pequeño misterio burocrático, pero las evidencias disponibles se parecen más a una retirada o relevo que a una purga pública. Después de ese homenaje, su presencia en la prensa cubana disminuyó considerablemente.
¿POR QUÉ SE SABE TAN POCO DE ÉL?
Ese es posiblemente el mayor misterio que rodea a Rolando Alfonso Borges. Estamos hablando de un hombre que ocupó durante más de veinte años una oficina directamente vinculada con prensa, propaganda, comunicación política y relaciones con algunos de los principales medios del país, y aun así resulta difícil encontrar una biografía oficial completa que detalle su nacimiento, formación, carrera militar, ascensos y responsabilidades anteriores.
La contradicción es notable: un funcionario encargado durante décadas de influir sobre lo que millones de cubanos podían conocer permaneció personalmente lejos de los focos. Granma documenta ampliamente su función institucional, pero ofrece muy pocos detalles sobre el camino que lo llevó hasta una de las oficinas ideológicas más sensibles del Comité Central.
EL HOMBRE DETRÁS DE LAS “ORIENTACIONES”
Uno de los conceptos más repetidos por periodistas cubanos es el de las “orientaciones”: instrucciones políticas acerca de cómo cubrir determinados acontecimientos, qué énfasis utilizar y qué asuntos tratar con cautela. El Departamento Ideológico no inventó ese sistema —existía desde etapas anteriores bajo diferentes estructuras—, pero Alfonso Borges lo administró durante una época especialmente compleja, marcada por el Período Especial, internet, medios digitales y la aparición de nuevas voces periodísticas.
Sus críticos lo han convertido por ello en símbolo de la censura del periodismo estatal cubano. La documentación oficial, en cambio, lo presenta como responsable de fortalecer la prensa revolucionaria, combatir campañas externas y desarrollar una política comunicacional coherente con los objetivos del PCC; ambas perspectivas describen la misma estructura desde posiciones radicalmente diferentes.
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