“PARECE UN ZOOLÓGICO DESPUÉS DE UNA GUERRA”: CUBANA RECORRE EL ZOOLÓGICO NACIONAL EN LA HABANA Y SE QUEDA SIN PALARAS
Una visita al Zoológico Nacional de Cuba en 2026 que prometía una experiencia cercana a un “safari” terminó mostrando una realidad muy diferente: dificultades para acceder a determinadas atracciones, problemas derivados de la falta de electricidad, áreas poco concurridas y preocupación por las condiciones en las que permanecían algunos animales.
El recorrido dejó además una fotografía incómoda de un espacio con grandes posibilidades recreativas, pero condicionado por problemas que trascienden al propio zoológico. La falta de servicios estables, los apagones y el deterioro visible en varias áreas terminaron pesando más que la experiencia que inicialmente se buscaba.
EL SAFARI DEL ZOOLÓGICO NACIONAL NO ESTABA DISPONIBLE
Uno de los principales objetivos de la visita era comprobar cómo funcionaba la experiencia promocionada como una especie de safari dentro de la llamada pradera africana.
Sin embargo, durante el recorrido se explicó que determinadas zonas dependen de puertas eléctricas y que la falta de corriente impedía operar normalmente parte de la instalación. También se indicó que el servicio era ofrecido determinados días, pero el personal encargado no se encontraba allí en ese momento.
La situación resultó especialmente llamativa porque el recorrido se realizó precisamente con la expectativa de encontrar esa experiencia funcionando. En lugar de ello, los visitantes tuvieron dificultades incluso para recibir instrucciones claras sobre dónde obtener información.
El problema eléctrico tampoco parecía limitarse al parque. Durante el trayecto hacia el Zoológico Nacional se observaron semáforos sin funcionar, mientras se hacía referencia a cortes de electricidad registrados en la zona.
PREOCUPACIÓN POR LAS CONDICIONES DE LOS ANIMALES
El punto más delicado del recorrido llegó al observar algunos de los recintos de animales. La impresión fue tan negativa que una de las descripciones utilizadas fue que el lugar parecía “un zoológico después de una guerra”, una valoración personal motivada por el estado percibido de varias instalaciones y ejemplares.
Especial preocupación generó un lobo de avanzada edad. Durante la visita se cuestionaron el calor, el estado del agua y las condiciones generales del espacio donde permanecía.
Según explicó personal del zoológico, el animal tenía aproximadamente 14 años y había atravesado diferentes problemas de salud. El propio material señala que se trataba de un ejemplar mayor y con antecedentes de enfermedades.
Es importante distinguir entre ambas cuestiones: la preocupación expresada por las condiciones visibles del animal constituye una observación de los visitantes, no un diagnóstico veterinario independiente. Tampoco la información disponible permite determinar si existía negligencia o incumplimiento de protocolos específicos de bienestar animal.
UN ZOOLÓGICO CON POTENCIAL, PERO CON SERVICIOS LIMITADOS
No todo el recorrido dejó una impresión negativa. Algunas zonas se mantenían limpias, existían cestos para depositar basura y todavía era posible observar cebras, felinos, aves, tortugas y otros animales. Para familias con niños, la visita conserva cierto atractivo recreativo.
El problema es el contraste entre ese potencial y el funcionamiento real encontrado durante la visita.
Varias áreas lucían vacías, algunas actividades no estaban disponibles y la ubicación del zoológico obliga a muchos visitantes a recorrer una distancia considerable para llegar. Si después de ese traslado los principales servicios no funcionan con regularidad, la experiencia pierde buena parte de su atractivo.
Hacia el final del recorrido, la impresión general era precisamente esa: un espacio amplio y con infraestructura que podría ofrecer mucho más, pero donde resulta difícil mantener una experiencia recreativa consistente en medio de la falta de recursos y servicios.
El estado mostrado del Zoológico Nacional de Cuba en 2026 termina funcionando así como algo más que una historia sobre animales o entretenimiento. Es también el reflejo de cómo las deficiencias que afectan la vida cotidiana en la isla pueden alcanzar incluso espacios creados para el descanso y la recreación. Cuando hasta una visita familiar depende de que haya electricidad, personal disponible y servicios funcionando, la distancia entre lo anunciado y lo que realmente encuentra el público se vuelve imposible de ignorar.
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