NICOLÁS SIRGADO, “NERÓN”: EL AGENTE CUBANO QUE INFILTRÓ LA CIA DURANTE UNA DÉCADA Y QUE FIDEL CASTRO DECIDIÓ «QUEMAR»
Nicolás Alberto Sirgado Ros fue uno de los agentes dobles más conocidos de la Seguridad del Estado cubana durante la Guerra Fría. Bajo el seudónimo “Nerón”, logró mantener durante aproximadamente diez años una relación operativa con la CIA mientras reportaba a la contrainteligencia cubana, hasta que Fidel Castro reveló públicamente su existencia en octubre de 1976.
El caso fue presentado durante décadas por La Habana como una de las grandes victorias de sus servicios de inteligencia. Sin embargo, detrás de esa narrativa aparecen elementos mucho más complejos: operaciones de desinformación, acusaciones de planes para asesinar a Fidel Castro, una supuesta condecoración vinculada a Henry Kissinger, el uso político de su identidad y una pregunta incómoda que nunca ha quedado completamente resuelta: por qué el Gobierno cubano decidió “quemar” a un agente que todavía podía resultar extraordinariamente valioso.
EL HOMBRE QUE LA SEGURIDAD PREPARÓ PARA PARECER UN RESENTIDO
Sirgado nació en La Habana en 1935 y trabajó en distintas instituciones estatales, entre ellas el Ministerio de Obras Públicas, posteriormente Ministerio de la Construcción. Fuentes vinculadas a antiguos oficiales cubanos sostienen que la Seguridad del Estado aprovechó una sanción administrativa que recibió para construir alrededor de él la imagen de un funcionario resentido con el sistema, una fachada diseñada para atraer el interés de organizaciones opositoras y posteriormente de los servicios estadounidenses.
La operación habría comenzado a mediados de los años sesenta. Diversas fuentes coinciden en que Sirgado entró en contacto con la CIA durante un viaje a Londres, aunque existe una pequeña discrepancia sobre el año exacto: algunos testimonios hablan de 1966, mientras documentos y reproducciones posteriores sitúan determinados contactos en 1967 o 1968.
DIEZ AÑOS DENTRO DE LA CIA SIN DEJAR DE TRABAJAR PARA CUBA
La existencia de Sirgado como doble agente está documentada también fuera de las fuentes oficiales cubanas. The Washington Post informó en 1978 sobre su testimonio ante un tribunal internacional celebrado en La Habana y señaló que afirmó haber trabajado durante diez años como agente doble hasta 1976.
Durante ese periodo, la CIA habría entrenado a Sirgado en comunicaciones clandestinas, fotografía, códigos y técnicas de espionaje. Fuentes de la época aseguran además que superó varias pruebas de polígrafo y que recibió equipos especializados, lo que demuestra el nivel de confianza que aparentemente llegó a alcanzar dentro de la operación.
Una de las misiones más citadas ocurrió en 1974, cuando, según su testimonio, la CIA le pidió colocar un dispositivo de escucha en la oficina de Osmany Cienfuegos. Sirgado afirmó que la operación fue conocida y controlada por la Seguridad cubana, que permitió mantener la ficción para alimentar a la CIA con información seleccionada.
EL ROLEX Y LA HISTORIA DE HENRY KISSINGER
Uno de los episodios más llamativos de su carrera fue el supuesto regalo de un reloj Rolex entregado como reconocimiento por sus servicios a la CIA. Varias publicaciones de 1978 recogieron la versión según la cual un oficial estadounidense le entregó el reloj acompañado de felicitaciones atribuidas al entonces secretario de Estado Henry Kissinger.
El episodio ha sido repetido durante décadas por fuentes cubanas y también por antiguos miembros o críticos de la CIA. Sin embargo, CubaBajoLupa no encontró un documento estadounidense independiente que demuestre que Kissinger personalmente ordenó el obsequio o firmó una carta dirigida a Sirgado, por lo que ese detalle debe presentarse como parte del relato sostenido por el propio agente y quienes documentaron posteriormente la operación.
LAS ACUSACIONES DE PLANES PARA MATAR A FIDEL CASTRO
Sirgado declaró en 1978 que había conocido al menos tres planes relacionados con atentados contra Fidel Castro entre 1971 y 1976. También identificó públicamente a varias personas que, según él, operaban para la CIA en España, entre ellas Allan G. Morris Jr., Francis Sherry III y Joseph Cybulski.
El episodio más controvertido se refiere a una solicitud de información sobre los movimientos de Castro y un posible viaje a Angola. Las autoridades cubanas interpretaron aquel interés como indicio de un eventual plan de asesinato, pero la documentación disponible no permite afirmar de forma independiente que esa solicitud estuviera directamente vinculada a una operación concreta para matar al dirigente cubano.
FIDEL CASTRO DECIDIÓ “QUEMARLO” EN 1976
La carrera clandestina de Sirgado terminó públicamente el 15 de octubre de 1976, durante el acto de duelo por las víctimas del atentado contra el vuelo 455 de Cubana de Aviación. Fidel Castro reveló ante la multitud que un supuesto agente de la CIA en Cuba trabajaba en realidad para la Seguridad del Estado y leyó mensajes atribuidos a la inteligencia estadounidense.
La decisión sigue siendo uno de los aspectos más discutibles del caso. Desde la perspectiva operativa, exponer a un agente doble con una década de credibilidad dentro de la CIA significaba perder una fuente difícil de sustituir; desde la perspectiva propagandística, en cambio, permitía mostrar inmediatamente una victoria de contrainteligencia en uno de los momentos más tensos para el Gobierno cubano.
Algunos análisis críticos han planteado que la revelación también ayudó a desviar la atención de una falla grave de seguridad: pese a que los servicios cubanos conocían actividades violentas de organizaciones anticastristas, no lograron impedir el atentado de Barbados. Esa interpretación ha sido formulada por analistas y antiguos conocedores del MININT, pero no existe evidencia documental suficiente para afirmar que esa haya sido la razón principal por la que Castro decidió revelar a Sirgado.
EL “DAVID” DE LA TELEVISIÓN NO ERA SOLO SIRGADO
Durante años se identificó a Sirgado con David, protagonista de la serie cubana “En silencio ha tenido que ser”. Sin embargo, el exjefe de la Seguridad del Estado Fabián Escalante explicó que la serie utilizó la historia de Sirgado como columna vertebral, pero incorporó experiencias de otros agentes como Abel Haydar Elías, Juan Sáenz y Aguileo Cancio Viamontes.
Esto significa que la televisión convirtió una operación real en una narración compuesta, donde hechos históricos, propaganda y dramatización quedaron mezclados. La figura pública de Sirgado terminó así construida tanto por su verdadera labor como por el personaje televisivo que ayudó a convertirlo en mito dentro de Cuba.
UN FINAL LEJOS DE LA ÉPICA OFICIAL
Sirgado murió en La Habana en abril de 2013, a los 77 años, tras sufrir insuficiencia respiratoria. Havana Times informó de su fallecimiento y recordó su papel como agente infiltrado durante diez años en la CIA.
Un reportaje posterior de Gatopardo, basado en testimonios familiares, añadió un elemento que contrasta con la narrativa heroica oficial: según su familia, durante sus últimos años Sirgado se sintió abandonado por las autoridades y pidió que su despedida fuera estrictamente privada, sin ceremonias oficiales. Esa versión procede de familiares y no de documentación estatal, pero aporta una dimensión distinta al final de uno de los agentes más emblemáticos de la inteligencia cubana.
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