El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, volvió a endurecer su discurso sobre Cuba al definir a la Isla como un “Estado fallido” y rechazar que Washington sea el principal responsable de la crisis económica, energética y social que atraviesa el país. El funcionario sostiene que el problema central está en el modelo económico cubano, la gestión del Gobierno y la pérdida del petróleo venezolano que durante años ayudó a sostener a La Habana.
Rubio ha repetido esta tesis en varias intervenciones públicas durante 2026. En una conferencia de prensa en Washington afirmó que Cuba recibía petróleo gratuito de Venezuela y que aproximadamente 60% de ese crudo era revendido para obtener efectivo, en lugar de destinarse directamente a la población. También aseguró que el cese de esos envíos agravó un problema que, según él, ya existía mucho antes por el deterioro estructural de la economía cubana.
RUBIO DICE QUE EL PROBLEMA DE CUBA ES SU MODELO ECONÓMICO
Para Rubio, la explicación de la crisis no puede reducirse al embargo o a las sanciones estadounidenses. En declaraciones oficiales ha insistido en que el sistema económico cubano “no funciona” y que quienes gobiernan el país no han sido capaces de corregir sus fallas. También ha vinculado los apagones con décadas de falta de inversión en las plantas eléctricas y ha criticado que, mientras la infraestructura energética envejecía, el Estado destinara recursos a construir hoteles.
Ese argumento constituye uno de los pilares de la actual política estadounidense hacia La Habana: Washington sostiene que la crisis es fundamentalmente consecuencia de decisiones internas. Rubio ha llegado a decir que Cuba necesita “reformas sistémicas y serias” y que el sistema actual difícilmente puede ejecutarlas mientras permanezca la misma estructura de poder.
EL PETRÓLEO DE VENEZUELA, EN EL CENTRO DE LA DISPUTA
El otro componente central de las declaraciones de Rubio es Venezuela. Durante años, Caracas fue el principal proveedor de petróleo de Cuba mediante acuerdos preferenciales. Reuters calculó que en 2025 Venezuela suministraba alrededor de 26.500 barriles diarios, equivalentes aproximadamente a un tercio de las necesidades cubanas. Esos envíos prácticamente desaparecieron a comienzos de 2026, agravando las dificultades energéticas de la Isla.
Rubio sostiene que parte importante de ese petróleo no terminaba directamente en el sistema eléctrico cubano, sino que era revendido en el exterior. El secretario de Estado ha mencionado repetidamente una cifra cercana al 60%. Esa afirmación ha sido expresada públicamente por el funcionario, pero CubaBajoLupa no encontró documentación independiente suficiente para verificar que exactamente ese porcentaje fuera revendido en todos los períodos señalados.
Sí está documentado que la interrupción de los suministros venezolanos tuvo un impacto severo sobre Cuba. Reuters señaló en enero que la desaparición de esos envíos amenazaba con profundizar los apagones y la escasez de combustible en una economía que ya arrastraba años de deterioro.
“ESTADO FALLIDO” A 90 MILLAS DE ESTADOS UNIDOS
Rubio ha utilizado reiteradamente la expresión “Estado fallido” para describir a Cuba. En julio aseguró que la situación representa además un problema de seguridad nacional para Estados Unidos debido a la proximidad geográfica, el riesgo de una nueva ola migratoria y las relaciones de La Habana con adversarios de Washington.
El secretario de Estado ha rechazado también que Estados Unidos busque simplemente provocar un colapso económico. En otra entrevista sostuvo que una desintegración humanitaria en Cuba sería negativa para Washington precisamente por encontrarse apenas a 90 millas de Florida. Según su planteamiento, la alternativa sería una transformación económica profunda que permita al país estabilizarse.
LA HABANA CULPA A WASHINGTON
La interpretación de Rubio contrasta frontalmente con la posición del Gobierno cubano. Miguel Díaz-Canel, Bruno Rodríguez y otros altos funcionarios han responsabilizado repetidamente a las sanciones estadounidenses y a las restricciones energéticas de buena parte de las carencias actuales.
En julio, Díaz-Canel llegó a calificar la política estadounidense como un “genocidio político”, mientras Bruno Rodríguez ha hablado de una “guerra multidimensional” contra Cuba. El Gobierno sostiene que las medidas de Washington dificultan la compra de combustible, el acceso a financiamiento, las operaciones bancarias y el comercio internacional.
Una evaluación reciente de la Biblioteca de la Cámara de los Comunes del Reino Unido resume la disputa de forma más equilibrada: señala que analistas atribuyen la crisis cubana a una combinación de políticas económicas internas y sanciones estadounidenses, aunque ambos gobiernos insistan públicamente en responsabilizar principalmente al otro.
LOS APAGONES EMPEZARON ANTES DE LA ACTUAL PRESIÓN PETROLERA
Uno de los argumentos más sólidos de Rubio es que la crisis eléctrica no comenzó en 2026. Cuba ya sufría apagones prolongados y colapsos del sistema eléctrico durante años anteriores, cuando todavía recibía petróleo venezolano.
El propio Rubio destacó ante el Senado que los cortes existían “mucho antes” de la desaparición de los suministros actuales y atribuyó parte del problema a la falta de inversiones en termoeléctricas. Reuters también ha documentado que la red cubana depende de instalaciones envejecidas y ha sufrido múltiples colapsos generales en los últimos años.
Eso no elimina el impacto de la pérdida del petróleo venezolano. Por el contrario, ambos factores se superponen: una infraestructura muy deteriorada necesita combustible para operar, y la reducción drástica de los suministros ha dejado aún menos margen para mantener la generación.
EL MOMENTO VENEZOLANO CAMBIA EL TABLERO
La discusión cobra especial relevancia ahora porque Venezuela está entrando en una nueva etapa energética. Este 2 de septiembre, grandes empresas internacionales comenzaron a firmar acuerdos para ampliar la producción petrolera venezolana, mientras Caracas profundiza su cooperación energética con Estados Unidos.
Ese escenario reduce todavía más la posibilidad de que Cuba vuelva a recibir el mismo volumen de crudo subsidiado que obtuvo durante años. Para La Habana, significa que uno de los pilares externos que ayudaron a sostener su economía se ha debilitado precisamente cuando atraviesa uno de sus peores momentos financieros y energéticos.
La pregunta clave ya no es solo si Washington está aumentando la presión, sino cuánto tiempo puede funcionar la economía cubana sin el nivel de apoyo externo que recibió durante décadas.
RUBIO INTENTA CAMBIAR EL CENTRO DEL DEBATE
El mensaje político del secretario de Estado busca precisamente trasladar la discusión desde el embargo hacia la responsabilidad del Gobierno cubano. Su tesis es que Cuba no se encuentra en crisis porque Estados Unidos haya creado el problema, sino porque un modelo económico ineficiente quedó expuesto cuando desapareció parte de su ayuda externa.
La Habana sostiene exactamente lo contrario: que Washington está utilizando deliberadamente la vulnerabilidad energética y financiera del país para incrementar el sufrimiento de la población y provocar cambios políticos.
Ambas posiciones forman hoy el centro de la confrontación entre los dos gobiernos. Pero los datos muestran algo menos simple que cualquiera de las dos narrativas: Cuba arrastra problemas estructurales profundos y, al mismo tiempo, las sanciones y la pérdida de combustible exterior están agravando una situación ya extremadamente frágil.
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