“HACÍA TIEMPO QUE NO COMÍA ASÍ”: LA EMOTIVA HISTORIA DE PABLO, UN CUBANO QUE VIVE SOLO Y CASI SIN ALIMENTOS
Pablo cumplió 66 años, pero su mayor regalo no fue una fiesta ni un objeto costoso. Fue algo mucho más básico: un plato caliente de arroz, frijoles, picadillo y aguacate preparado por sus vecinos. El hombre cubano, que perdió la vista y vive en condiciones de fuerte precariedad, aseguró que hacía mucho tiempo que no comía una comida así.
Su historia fue presentada por el canal de YouTube Bendiciones para Cuba, que llegó hasta su vivienda después de conocer, a través de vecinos, las dificultades que enfrenta diariamente. El gesto comenzó en una casa cercana, donde cocinaron con carbón ante las limitaciones existentes y prepararon especialmente la comida para llevársela por su cumpleaños.
PABLO VIVE PRÁCTICAMENTE CON UNA COMIDA AL DÍA
La parte más dura del relato apareció cuando Pablo explicó cómo se alimenta normalmente. Según contó, no desayuna ni almuerza y muchas veces espera hasta la tarde o incluso la noche para recibir algo de comida.
“Yo como lo que ella me trae”, explicó al referirse a una persona cercana que trabaja y además debe atender a sus hijas. Pablo reconoció que puede pasar el día entero esperando y que, en ocasiones, termina haciendo una sola comida diaria y en pequeñas cantidades.
Más adelante describió comidas reducidas a un poco de arroz acompañado por vegetales o algún otro alimento disponible. “Estoy a una comida al día y un poquito”, resumió, mientras reconocía que ha adelgazado y teme seguir perdiendo peso si continúa en esas condiciones.
PERDIÓ LA VISTA Y CON ELLA SU INDEPENDENCIA
Pablo no siempre dependió de otras personas. Durante años trabajó en distintos oficios y aseguró que llegó a dominar varias especialidades: albañilería, plomería, carpintería, electricidad, reparación de radios y televisores y soldadura. También contó que trabajó durante seis años en un cementerio.
Antes de perder la visión podía cocinar, lavar, reparar equipos y resolver muchas de sus necesidades por sí mismo. Hoy su realidad es completamente distinta. “La soledad es muy mala”, expresó al recordar que cuando podía ver se encargaba prácticamente de todo dentro de su casa.
Pablo atribuye su problema visual a años de trabajo como soldador sin utilizar adecuadamente los medios de protección. Esa explicación corresponde a su propio relato y no constituye un diagnóstico médico independiente.
APAGONES, CARBÓN Y UNA CRISIS QUE TAMBIÉN SE SIENTA A LA MESA
La conversación terminó retratando además otra realidad cotidiana: cocinar se ha convertido en un problema. Pablo y sus vecinos hablaron de apagones prolongados, falta de electricidad y creciente dependencia del carbón para preparar alimentos.
Según señalaron, muchas familias han tenido que recurrir al carbón porque las horas de servicio eléctrico resultan insuficientes. También explicaron que un saco puede superar los 1.000 pesos y durar aproximadamente una semana cuando se cocina con frecuencia, un gasto difícil de asumir cuando además hay que comprar los alimentos.
Uno de los participantes llegó a calcular que preparar diariamente alimentos tan básicos como arroz, frijoles y huevo, sumando combustible y otros ingredientes, puede representar alrededor de 1.000 pesos. La cifra corresponde a su estimación personal, pero refleja la percepción de una economía doméstica cada vez más difícil de sostener.
UN CUMPLEAÑOS DISTINTO
Ese día, sin embargo, Pablo tuvo compañía. Comió caliente, recibió galletas, mermelada y refresco, conversó durante horas y agradeció repetidamente el gesto. “Hacía tiempo, hablando en serio, que no me comía una comida así”, reconoció después de terminar el plato.
El canal y los vecinos también se comprometieron a seguir visitándolo y llevarle algo de comida cuando sea posible. Pablo, por su parte, conserva la esperanza de recuperar algún día parte de su independencia y poder volver a trabajar si consigue la atención necesaria para su problema visual.
Su historia no necesita adornos para golpear. Un hombre que trabajó durante décadas, aprendió varios oficios y sabía valerse por sí mismo terminó celebrando sus 66 años emocionado porque sus vecinos pudieron garantizarle algo que debería ser elemental: una comida caliente y compañía.
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