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Cuba Bajo Lupa

MANOS NEGRAS DE CARBÓN Y NOCHES SIN DORMIR: ASÍ AMANECEN MUCHAS MADRES EN CUBA

Así amanecen muchas mujeres cubanas: sin dormir, cubiertas de hollín y con la angustia de no saber qué van a ponerles de comer a sus hijos.

La denuncia fue compartida en Facebook por Yuneidys Gómez, quien acompañó su publicación con dos imágenes que retratan una realidad cada vez más frecuente en los hogares de la Isla.

En una de las fotografías se observa un fogón improvisado de metal, cargado con trozos de carbón, cenizas y algunas brasas todavía encendidas. No hay cocina eléctrica, ni gas visible, ni condiciones mínimas de comodidad.

Solo carbón, humo y necesidad. 🔥🥀

La segunda imagen muestra dos manos completamente manchadas de negro. Las palmas, los dedos y las uñas están cubiertos de hollín después de manipular el combustible y mantener encendido el fogón.

No son las manos de alguien haciendo una barbacoa por placer. Son las manos de una mujer intentando resolver la comida de su familia en medio de los apagones.

Yuneidys describe noches enteras sin dormir, con la mente agotada y el pecho apretado por la incertidumbre.

A la falta de electricidad se suma otra pregunta todavía más dolorosa: aunque logren encender el carbón, ¿qué van a cocinar?

Esa es la tragedia que muchas veces no aparece en los partes oficiales. No basta con decir que habrá tantas horas de apagón o que un circuito será restablecido más tarde.

Detrás de cada corte hay una madre pendiente del refrigerador, de la comida que puede echarse a perder, del agua que no sube y de los hijos que esperan un plato sobre la mesa. 🌑🍽️

Cocinar con carbón implica humo, calor, cenizas y un esfuerzo físico mayor. También obliga a permanecer cerca del fogón, vigilar las brasas y ensuciarse las manos en un proceso que debería pertenecer al pasado.

Pero en Cuba, lo que debería ser una emergencia excepcional se ha convertido en rutina.

Las imágenes no muestran resistencia romántica. Muestran agotamiento.

Muestran a mujeres obligadas a improvisar para cumplir con una responsabilidad básica mientras el sistema eléctrico falla, los alimentos escasean y las soluciones oficiales nunca llegan al hogar.

No se puede pedir sacrificio infinito a quienes ya lo han entregado todo.

No se puede llamar normal a una madre amaneciendo con las manos negras, sin dormir y sin saber qué dará de comer ese día.