LINO TOMASÉN: EL MISTERIO Y LA POLÉMICA DEL MÉDICO CUBANO QUE DICE CURAR CÁNCER, VIH Y OTRAS ENFERMEDADES CON SUS MANOS
Durante décadas, cientos de cubanos acudieron a una vivienda de Centro Habana buscando lo que consideraban su última oportunidad de recuperación. Entre personas con enfermedades crónicas, pacientes con diagnósticos graves y familiares desesperados, un nombre comenzó a adquirir una reputación extraordinaria: Lino Bárbaro Tomasén Vera, médico cubano especializado en Medicina Interna que asegura poseer capacidades de sanación fuera de los métodos convencionales.
Su historia resulta particularmente singular porque no se trata de un curandero sin formación médica, sino de un profesional que estudió Medicina y posteriormente desarrolló una práctica basada en el contacto de sus manos y en supuestas facultades espirituales. A lo largo de los años, Tomasén ha sido objeto de reportajes, testimonios y publicaciones que le atribuyen recuperaciones sorprendentes, aunque sus afirmaciones más extraordinarias no cuentan con demostraciones clínicas independientes suficientes.
DE SANTIAGO DE CUBA A LA MEDICINA EN LA HABANA
De acuerdo con una biografía elaborada a partir de declaraciones familiares y del propio protagonista, Lino Bárbaro Tomasén Vera nació el 4 de diciembre de 1961 en Santiago de Cuba. Siendo todavía niño, se trasladó con su familia a La Habana, donde años después desarrollaría su carrera profesional.
La biografía sostiene que desde los siete años comenzó a manifestar supuestas habilidades para aliviar dolores mediante la imposición de manos. Su madre, Gladys Vera Vidal, relató episodios de la infancia que interpretaba como señales de facultades extraordinarias, incluyendo predicciones y mejorías experimentadas por personas cercanas.
Estos acontecimientos forman parte del relato familiar sobre los orígenes de su reputación, pero no constituyen pruebas verificables de poderes sobrenaturales. Su importancia histórica radica en que permiten comprender cómo Tomasén construyó una identidad pública vinculada con la sanación desde edades tempranas.
Según esa misma fuente, obtuvo su título de Medicina en la Universidad de La Habana en 1985 y posteriormente se especializó en Medicina Interna en el Hospital Hermanos Ameijeiras. Su formación médica también fue reseñada por periodistas que investigaron su trayectoria durante los años posteriores.
EL MÉDICO QUE TERMINÓ ATENDIENDO EN UNA CASA DE CENTRO HABANA
El recorrido profesional de Tomasén tomó un rumbo poco convencional después de sus experiencias dentro del sistema hospitalario. Un artículo firmado por José R. López en 2008 sostiene que el médico perdió su cargo hospitalario y su condición docente en enero de 1993, aunque las fuentes consultadas no permiten comprobar mediante documentación administrativa todas las circunstancias de aquella separación.
A partir de entonces, su vivienda comenzó a convertirse en un centro informal de atención para personas que buscaban procedimientos alternativos. La consulta estaba ubicada en la calle Concordia, cerca del Hospital Hermanos Ameijeiras, en una zona popular de Centro Habana.
El periodista Orlando Palma, en un reportaje publicado por 14ymedio el 26 de mayo de 2014, describió un flujo extraordinario de pacientes. Según aquella investigación, Tomasén atendía a unas 333 personas por jornada y cerca de mil semanalmente, cantidades que deben entenderse como cifras reportadas en aquel momento, no como registros sanitarios auditados.
Las filas incluían personas de diferentes provincias, edades y condiciones económicas. La fama del sanador se extendía principalmente mediante recomendaciones personales y relatos sobre recuperaciones que sus seguidores consideraban inexplicables.
¿CÓMO ASEGURA LINO TOMASÉN QUE FUNCIONAN SUS CURACIONES?
El método atribuido al médico cubano se caracteriza por la utilización de las manos sobre determinadas zonas del cuerpo. Reportajes periodísticos lo describen tocando la cabeza de los pacientes, presionando puntos específicos y realizando intervenciones breves que sus seguidores interpretan como transmisiones de energía.
Tomasén también ha afirmado poseer capacidades espirituales que trascienden los conocimientos adquiridos durante sus estudios de Medicina. En declaraciones recogidas en su biografía, se presenta como un intermediario de entidades espirituales y sostiene que puede obtener información sobre enfermedades mediante procedimientos ajenos al diagnóstico convencional.
Entre las afirmaciones más sorprendentes figura la posibilidad de intervenir sobre pacientes que no se encuentran físicamente presentes. Según los relatos sobre su trayectoria, habría atendido casos utilizando fotografías enviadas por familiares, atribuyendo los supuestos resultados a sus facultades de sanación a distancia.
Ninguna de estas explicaciones demuestra por sí misma que exista un mecanismo capaz de curar enfermedades mediante energía espiritual o fotografías. La distinción entre lo que Tomasén cree hacer y lo que puede verificarse científicamente es indispensable para evaluar su historia.
CÁNCER, VIH Y DIABETES: LAS AFIRMACIONES MÁS DELICADAS
Uno de los aspectos que exige mayor rigor periodístico es el tipo de enfermedades que Tomasén asegura haber tratado. En un perfil publicado el 10 de junio de 2024 por la revista El Estornudo, se recogieron afirmaciones relacionadas con supuestas curaciones de cáncer, VIH, diabetes y otras afecciones graves.
El reportaje también mencionó una tasa de curación del 75 %, atribuida al propio Tomasén. Sin embargo, en un texto publicado años antes, José R. López había defendido cifras superiores al 90 %, basadas en sus observaciones personales, lo que revela diferencias importantes entre las estimaciones divulgadas.
Ninguno de esos porcentajes puede presentarse como una tasa de éxito clínicamente demostrada. Para calcular la eficacia real de un tratamiento sería necesario conocer diagnósticos verificables, número total de pacientes, criterios de recuperación, tratamientos simultáneos y resultados comprobados mediante seguimiento independiente.
El problema adquiere especial importancia cuando las afirmaciones incluyen enfermedades como el VIH o determinados tipos de cáncer. Una mejoría subjetiva, la desaparición temporal de síntomas o el relato de un familiar no equivalen necesariamente a la eliminación de una enfermedad.
EL CASO DE SUSANA Y LA ESPERANZA DE LOS PACIENTES DESAHUCIADOS
El reportaje de 14ymedio publicado en 2014 presentó la historia de Susana, una mujer con diagnóstico de cáncer uterino que había acudido a Tomasén después de recibir un pronóstico médico desfavorable. Según la información publicada, tras cinco sesiones la paciente manifestó sentirse mejor.
El caso refleja la carga emocional de quienes recurren a métodos alternativos cuando consideran agotadas sus opciones de tratamiento. Sin embargo, el artículo no proporcionó información clínica suficiente para demostrar que la intervención de Tomasén hubiera eliminado el cáncer o modificado objetivamente su evolución.
Durante aquella visita periodística también se describió una escena en la que el sanador atendía a un hombre en silla de ruedas. Después de tocarle diferentes zonas del cuerpo, le pidió que se levantara, y el paciente consiguió dar algunos pasos con dificultad.
La escena fue observada y relatada por el periodista, pero no permite establecer qué enfermedad tenía el hombre, si era completamente incapaz de caminar antes de la intervención o cuánto tiempo duró la mejoría. Sin esos datos, sería incorrecto presentar el episodio como una recuperación médica milagrosa.
UN LIBRO DEDICADO A SUS SUPUESTAS CURACIONES
La notoriedad del médico dio origen a una obra titulada Doctor Lino Tomasén, el poder invisible de curar: los pacientes reportan sorprendentes curaciones, escrita por Jorge Pareta Fernández y publicada por la Editorial Universitaria de Cuba en 2011.
El volumen reúne relatos biográficos, entrevistas y testimonios de personas que atribuyen mejorías a los procedimientos del sanador. Su existencia demuestra que Tomasén alcanzó una repercusión suficiente para convertirse en objeto de una investigación documental extensa.
No obstante, el carácter testimonial del libro establece una limitación importante. Los relatos personales pueden ofrecer información sobre la experiencia de los pacientes, pero no sustituyen estudios clínicos controlados ni permiten establecer relaciones causales entre una intervención y una recuperación.
La obra constituye, por tanto, una fuente relevante para reconstruir su trayectoria y comprender su reputación pública, sin que ello signifique que todas las curaciones descritas hayan sido científicamente verificadas.
¿POR QUÉ TANTOS CUBANOS CONFIABAN EN LINO TOMASÉN?
En octubre de 2014, el periodista Iván García publicó en Martí Noticias un reportaje sobre el auge de los curanderos en Cuba. El artículo relacionaba la búsqueda de soluciones alternativas con los problemas del sistema sanitario, la frustración de pacientes y las dificultades para recibir determinados tratamientos.
El trabajo describió la presencia de numerosos visitantes en la consulta de Tomasén, incluidos cubanos y extranjeros. También señaló que se cobraban 20 pesos por consulta y se aceptaban regalos, una práctica registrada en aquel momento que no permite establecer sus condiciones económicas actuales.
La confianza de sus seguidores también tenía una dimensión emocional. Para personas que enfrentaban enfermedades graves, ser escuchadas y atendidas por alguien que ofrecía esperanza podía representar una experiencia significativa, especialmente después de tratamientos prolongados o pronósticos desfavorables.
Pero la atención cercana y la confianza personal, por valiosas que resulten, no sustituyen la eficacia médica. Una intervención puede proporcionar consuelo sin necesariamente modificar la enfermedad que padece el paciente.
QUÉ DICE LA CIENCIA SOBRE LA SANACIÓN MEDIANTE LAS MANOS
La idea de que una persona puede transmitir una energía curativa mediante el contacto o sin tocar físicamente al paciente ha sido objeto de investigaciones científicas. Estas prácticas aparecen bajo diferentes denominaciones, entre ellas toque terapéutico y sanación energética.
Una revisión Cochrane publicada en 2016 analizó estudios sobre el llamado toque terapéutico para la cicatrización de heridas agudas. Los investigadores encontraron resultados inconsistentes y concluyeron que no existían pruebas sólidas que demostraran su eficacia.
Por otra parte, una revisión publicada en Global Advances in Health and Medicine en 2015 examinó investigaciones sobre distintas modalidades de sanación a distancia. Aunque identificó algunos resultados estadísticamente positivos, sus autores reconocieron que la evidencia disponible no permitía establecer con confianza una eficacia clínica.
Es importante aclarar que estas investigaciones no evaluaron directamente a Lino Tomasén. Sin embargo, ofrecen un marco científico para comprender por qué las afirmaciones extraordinarias de sanación necesitan pruebas controladas, diagnósticos verificables y seguimiento médico independiente.
LINO TOMASÉN Y SU HIJO: DOS HISTORIAS QUE NO DEBEN CONFUNDIRSE
Un elemento poco conocido de su historia es la notoriedad alcanzada por su hijo, Lino Tomasén Camacho, conocido como «el hombre de hierro». Este último ha aparecido en publicaciones y redes sociales realizando demostraciones de fuerza física y participando en iniciativas de ayuda a personas necesitadas.
El perfil de El Estornudo publicado en junio de 2024 exploró precisamente la historia de ambos. El hijo relató episodios extraordinarios atribuidos a su padre, incluidas supuestas predicciones y capacidades de sanación desarrolladas durante su infancia.
No obstante, sus trayectorias son diferentes. Lino Bárbaro Tomasén Vera es el médico y sanador al que se atribuyen las curaciones, mientras que su hijo alcanzó notoriedad fundamentalmente por sus demostraciones de resistencia física y actividades humanitarias.
La entrevista de 2024 constituye una referencia relativamente reciente sobre el entorno familiar, aunque no permite confirmar las condiciones actuales de atención médica o espiritual del padre en octubre de 2026.
ENTRE LA FORMACIÓN MÉDICA Y LOS PODERES QUE FALTAN POR DEMOSTRAR
La historia de Lino Bárbaro Tomasén Vera plantea una contradicción especialmente interesante: un hombre formado dentro de la medicina científica que terminó defendiendo capacidades curativas cuya eficacia no ha sido establecida mediante los procedimientos de esa misma disciplina.
Su título de médico, las filas de pacientes, los reportajes y los libros dedicados a su figura son elementos relevantes de una trayectoria pública documentada. Pero ninguno demuestra automáticamente que pueda curar enfermedades incurables mediante la imposición de manos o intervenciones espirituales.
Tampoco sería riguroso desacreditar los testimonios de quienes aseguran haberse sentido mejor después de acudir a su consulta. Esas experiencias pueden ser auténticas para quienes las vivieron, aunque sus causas y su relación con el procedimiento permanezcan sin comprobar.
El contexto sanitario cubano añade otra dimensión al fenómeno. Cuando una persona enfrenta dificultades para obtener medicamentos, consultas especializadas o tratamientos oportunos, la búsqueda de alternativas puede convertirse en una decisión impulsada tanto por la esperanza como por las limitaciones materiales.
Lino Tomasén ocupa un lugar singular dentro de la historia del curanderismo cubano: posee formación médica, ha atendido a numerosas personas y se le atribuyen resultados extraordinarios. Sin embargo, sus afirmaciones sobre la curación de enfermedades graves siguen requiriendo pruebas clínicas independientes.
La pregunta central no es cuántas personas creen en sus capacidades, sino qué resultados pueden demostrarse y cuáles permanecen dentro del terreno de las experiencias personales, la espiritualidad y las creencias populares.
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