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Cuba Bajo Lupa

EMBAJADORA DE CUBA EN URUGUAY SE REFIERE A ‘EL CANGREJO’ COMO EL ‘CUSTODIO DE RAÚL CASTRO’ Y NIEGA QUE TENGA CARGOS POLÍTICOS

La diplomacia cubana intenta bajarle el perfil a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, pero sus propias apariciones públicas cuentan otra historia. La embajadora de Cuba en Uruguay, Lissett Pérez, aseguró que el nieto de Raúl Castro no ocupa ningún cargo dentro del gobierno de la Isla y que su función se limita a dirigir la protección personal del exmandatario.

Según Pérez, conocida por defender la línea oficial de La Habana, El Cangrejo solo lidera el cuerpo de seguridad de su abuelo. “Él tiene ese rol, es el custodio… el que lidera ese cuerpo con el abuelo”, afirmó durante una entrevista en el programa Paren el Mundo, de La Diaria Radio.

Pero el cuento no cuadra tan fácil. Porque mientras la embajadora habla de “custodio”, Rodríguez Castro aparece dando entrevistas a medios estadounidenses, hablando de presos políticos, defendiendo la ideología familiar y diciendo que está dispuesto a negociar directamente con Donald Trump. Y eso, mi hermano, no suena precisamente a chofer de escolta esperando instrucciones en la puerta. 🔥

Pérez rechazó las versiones que presentan al nieto de Raúl Castro como una figura influyente dentro del círculo de poder. Las calificó como “especulaciones”, “medias verdades” y “manipulaciones”, insistiendo en que Rodríguez Castro “no tiene ningún otro cargo”.

Sin embargo, la reciente entrevista de El Cangrejo con USA Today dejó frases difíciles de encerrar en el papelito oficial. El coronel del Ministerio del Interior, de 42 años, aseguró que puede negociar con cualquier representante designado por Washington. Y fue más allá: “Si se me da la oportunidad, claro que con Trump”.

Ahí está el detalle. Si no tiene cargo político, si no representa nada más que la seguridad de su abuelo, entonces surge la pregunta incómoda: ¿en nombre de quién pretende negociar el futuro de Cuba? 🇨🇺

Rodríguez Castro también habló sobre una posible liberación de presos políticos, defendió la permanencia de la ideología instaurada por su familia y dejó claro que los llamados dirigentes históricos conservarán su lugar. Sus palabras sugieren una capacidad de representación que va mucho más allá de las tareas habituales de un jefe de escolta.

Y es ahí donde vuelve a quedar al desnudo la opacidad del poder cubano. En la dictadura, los cargos no siempre están escritos en un organigrama. A veces pesan más el apellido, el uniforme, la sangre, los pasillos cerrados y la confianza directa del jefe histórico.

El propio Rodríguez Castro ha contado que creció dentro del círculo más íntimo de la élite revolucionaria. Vivió en el mismo edificio que sus abuelos, se mudó con ellos al cumplir 18 años y desde adolescente estuvo presente en reuniones importantes sobre asuntos de Estado, incluidas conversaciones con Fidel Castro. De ahí salió también el apodo de “Raulito”.

Estudió Contabilidad y Finanzas en la Universidad de La Habana, pasó por la escuela militar Los Camilitos y alcanzó el rango de coronel del MININT. En público llama a su abuelo “Ministro”; en privado, “Abuelo”. Tremenda mezcla de familia, poder y aparato represivo.

Mientras tanto, la embajadora cubana volvió a explicar la crisis económica con el libreto habitual: sanciones estadounidenses y problemas de combustible. Pero desde la diáspora, voces como la legisladora cubano-uruguaya Leydis Aguilera han denunciado la represión, la falta de libertades políticas y las violaciones de derechos humanos en la Isla.

La contradicción queda servida: el régimen dice que El Cangrejo no manda, pero El Cangrejo habla como si pudiera negociar. Y en Cuba, cuando alguien sin cargo oficial se sienta a hablar de presos, Trump y futuro nacional, el problema no es la especulación. El problema es la falta total de transparencia

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