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Cuba Bajo Lupa

MUERE MARÍA ELENA LLORENTE A LOS 80 AÑOS: PRIMERA BAILARINA DEL BALLET EN CUBA, MAESTRA Y PREMIO NACIONAL DE DANZA

La primera bailarina, maître y coreógrafa cubana María Elena Llorente falleció este lunes en La Habana a los 80 años, después de permanecer ingresada en estado crítico en el Hospital Hermanos Ameijeiras. Su muerte deja una pérdida significativa para el Ballet Nacional de Cuba, institución a la que estuvo vinculada durante buena parte de su vida artística.

Según informó el propio BNC, Llorente murió a las 9:10 de la mañana tras complicaciones derivadas de una insuficiencia cardíaca y un fallo renal que no respondió al tratamiento médico. Un día antes, allegados y compañeros habían advertido que su estado era extremadamente delicado. Medios independientes ya habían reportado el domingo que se encontraba en cuidados intensivos.

MARÍA ELENA LLORENTE Y UNA VIDA DEDICADA AL BALLET CUBANO

Nacida en La Habana el 20 de mayo de 1946, María Elena Llorente inició su formación en la Sociedad Pro-Arte Musical y posteriormente continuó sus estudios en la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso. Ingresó al Ballet Nacional de Cuba en 1962 y alcanzó el rango de primera bailarina en 1976.

Durante décadas interpretó algunos de los títulos más importantes del repertorio clásico y desarrolló posteriormente una extensa labor como maestra, ensayadora y coreógrafa.

Su nombre quedó particularmente asociado a obras como La fille mal gardée, además de su participación en versiones y montajes de grandes clásicos. La relevancia de su trabajo trascendió la interpretación: junto a Marta García participó en la dirección artístico-coreográfica de la versión cubana de Don Quijote, estrenada en 1988 y todavía presente en el repertorio internacional del BNC.

UN LEGADO QUE TAMBIÉN PASÓ POR LA ENSEÑANZA

La trayectoria de Llorente fue reconocida en 2015 con el Premio Nacional de Danza, máximo galardón de ese ámbito en Cuba.

El jurado destacó entonces más de medio siglo de trabajo artístico, primero como bailarina y posteriormente como maestra y coreógrafa. La propia Llorente explicó en aquella ocasión que uno de sus objetivos fundamentales era transmitir su experiencia a las nuevas generaciones y contribuir a mantener la tradición de la escuela cubana de ballet.

Esa faceta pedagógica explica buena parte de su influencia. Su importancia dentro del Ballet Nacional de Cuba no se limitó a lo que hizo sobre el escenario: participó directamente en la formación, preparación y conservación de repertorios interpretados por generaciones posteriores.

SUS ÚLTIMOS AÑOS EN EL BNC ESTUVIERON MARCADOS POR UNA POLÉMICA

La parte menos conocida de su historia ocurrió durante sus últimos años dentro de la compañía.

En septiembre de 2020, una investigación de 14ymedio sostuvo, citando fuentes internas del Ballet Nacional de Cuba, que Llorente y su esposo, el diseñador escénico Salvador Fernández, habían sido progresivamente apartados de sus responsabilidades tras el cambio de dirección de la institución.

De acuerdo con ese reporte, Llorente fue perdiendo funciones dentro de la conformación de elencos y los ensayos hasta quedar prácticamente sin contenido de trabajo. Aquella información procedía de fuentes anónimas vinculadas al BNC y no fue presentada como una versión admitida oficialmente por la dirección de la compañía.

Viengsay Valdés había asumido oficialmente la dirección general del Ballet Nacional de Cuba en enero de 2020, después de la muerte de Alicia Alonso.

El esposo de Llorente, Salvador Fernández, una figura fundamental del diseño escénico cubano y autor de trabajos para cientos de producciones de danza, teatro, ópera y cine, falleció en diciembre de 2024.

UNA DE LAS ÚLTIMAS FIGURAS DE UNA GENERACIÓN HISTÓRICA

La muerte de María Elena Llorente cierra otro capítulo de una generación vinculada directamente con la consolidación internacional de la llamada escuela cubana de ballet.

Su importancia puede medirse en distintos terrenos: primera bailarina, intérprete de grandes clásicos, coreógrafa, maître, profesora y responsable de preservar repertorios que continúan representándose décadas después.

El BNC la despidió destacando su lugar dentro de la historia de la danza cubana. Más allá de las controversias institucionales que marcaron sus últimos años, queda una trayectoria de más de medio siglo que la sitúa entre las figuras relevantes del ballet producido en Cuba durante la segunda mitad del siglo XX.

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