EL GLOBO: LA PRISIÓN MILITAR CUBANA DONDE SOLDADOS LLEGARON A TRAGARSE CUCHILLAS PARA ESCAPAR DEL CASTIGO
Cuando se habla de los centros disciplinarios del Servicio Militar cubano, muchos antiguos reclutas recuerdan los CEIS y las historias de entrenamiento extremo, castigos y jornadas agotadoras. Sin embargo, existe otra instalación cuya existencia no depende únicamente de testimonios: la Unidad Disciplinaria Occidental El Globo, mencionada con su propio nombre en una edición extraordinaria de la Gaceta Oficial de la República de Cuba.
El documento es extraordinario por lo que reconoce. En 2019, la Fiscalía Militar informó al Tribunal Supremo Popular de un incremento de autolesiones entre soldados que cumplían sanciones en El Globo. Según la consulta oficial, algunos ingerían deliberadamente tornillos, arandelas y cuchillas para evitar las actividades de la unidad o las obligaciones del servicio militar.
La historia de El Globo permite mirar mucho más profundamente dentro del sistema disciplinario militar cubano. La documentación disponible muestra que no se trataba simplemente de reclutas castigados durante unos días por llegar tarde a una formación o incumplir una orden menor, sino de una estructura penitenciaria militar donde podían cumplir penas privativas de libertad dictadas por tribunales militares.
¿DÓNDE ESTÁ EL GLOBO?
Fuentes cartográficas abiertas sitúan la Prisión Militar El Globo en la Carretera El Globo, en el municipio habanero de Arroyo Naranjo, cerca de Las Guásimas. Esa ubicación coincide con reportes periodísticos recientes que identifican la prisión militar en esa misma zona del sur de La Habana.
Un reporte de marzo de 2026 de CiberCuba ubicó específicamente El Globo en la comunidad de Las Guásimas, Arroyo Naranjo, al informar sobre el encarcelamiento preventivo del militar Jorge Luis Ortiz Quiala. Otro reporte publicado en enero de 2026 por Diario de Cuba indicó que un recluta de Pinar del Río iba a ser enviado a El Globo, aunque finalmente no habría sido trasladado por falta de capacidad, según la versión de su madre recogida por el medio.
Estas referencias contemporáneas son importantes porque indican que El Globo no pertenece únicamente a los archivos de la década pasada. Aunque no hemos encontrado información pública oficial actualizada sobre su capacidad, población penal o estructura interna en 2026, fuentes independientes continúan identificándolo como una prisión militar en funcionamiento.
EL DOCUMENTO QUE ABRIÓ UNA VENTANA HACIA EL GLOBO
El 11 de diciembre de 2019 apareció en la Gaceta Oficial Extraordinaria No. 28 el Dictamen 459 del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular. La consulta que dio origen al documento había sido formulada por el Vicefiscal General de la República y jefe de la Fiscalía Militar.
El motivo era inquietante: las autoridades militares estaban observando un aumento de casos de soldados sancionados en El Globo que se provocaban lesiones mediante la ingestión de objetos. La Fiscalía quería determinar si esos comportamientos podían ser procesados nuevamente como un delito de evasión de las obligaciones del servicio militar.
La Gaceta señaló específicamente objetos como tornillos, arandelas y cuchillas. No se trataba, según el documento, de incidentes aislados sin una interpretación por parte de las autoridades: la Fiscalía hablaba explícitamente de un “incremento” de esos hechos y del interés de las FAR en encontrar una respuesta para frenarlos.
¿POR QUÉ SE AUTOLESIONABAN?
La explicación oficial fue que los soldados buscaban evadir las actividades propias de la unidad disciplinaria y las obligaciones del servicio militar. Después de las autolesiones eran sometidos a evaluaciones médicas y, de acuerdo con la consulta de la Fiscalía Militar, la mayoría había terminado clasificada como “no aptos FAR” o “aptos con recomendaciones”.
Ese resultado provocaba un problema para el aparato judicial militar. Algunos no habían sido procesados nuevamente por la Fiscalía y, en determinados casos, habían sido absueltos por tribunales militares, de modo que autolesionarse podía terminar funcionando como una vía para escapar de parte de las obligaciones que seguían teniendo dentro del sistema.
El documento no especifica cuántos soldados participaron en esas conductas ni durante cuánto tiempo se produjo el incremento. Tampoco identifica nombres, edades, diagnósticos médicos ni las consecuencias físicas de ingerir aquellos objetos, por lo que cualquier cifra que pretenda calcular el número de casos estaría fuera de lo que permite demostrar la documentación disponible.
UNA FRASE DEL DOCUMENTO CAMBIA LA HISTORIA
Hay una parte del Dictamen 459 especialmente reveladora para comprender qué era jurídicamente El Globo. Al explicar la naturaleza de las unidades disciplinarias, la consulta las describe como centros destinados al cumplimiento de sanciones privativas de libertad impuestas por tribunales militares a miembros de las instituciones armadas por la comisión de delitos.
Es decir, El Globo funcionaba dentro del sistema penitenciario militar. Sus internos continuaban, no obstante, vinculados al servicio militar, sometidos a disciplina castrense y participando en programas de preparación militar mientras cumplían la condena.
El documento añade otro detalle peculiar: estas unidades tenían un número público como unidad militar y su régimen interno era regulado mediante reglamentos dictados por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Esos reglamentos específicos no aparecen reproducidos en el Dictamen 459, de manera que todavía existe una zona poco transparente sobre cómo funcionaba cotidianamente El Globo.
¿QUIÉNES ERAN ENVIADOS A EL GLOBO?
Aquí conviene hacer una precisión respecto a muchas historias populares sobre los llamados centros de castigo militar. Según el Tribunal Supremo, los internos de las unidades disciplinarias eran en su mayoría militares sancionados por delitos militares, generalmente con penas relativamente cortas.
Al finalizar la condena, podían regresar a sus unidades o instituciones militares de procedencia. También existía la posibilidad de obtener libertad anticipada bajo las modalidades contempladas en la legislación, pero mientras permanecían dentro de la unidad continuaban sujetos a las obligaciones del servicio militar activo.
Eso diferencia jurídicamente a esos militares de quienes eran condenados por delitos comunes y enviados a establecimientos penitenciarios ordinarios. En esos casos, según el Tribunal Supremo, el militar causaba baja de las instituciones armadas; en El Globo y otras unidades disciplinarias, por el contrario, mantenía su condición militar.
PRESO, PERO TODAVÍA SOLDADO
Esta característica produjo la discusión jurídica que terminó llegando hasta el máximo tribunal cubano. La Fiscalía Militar cuestionaba inicialmente si alguien que ya estaba cumpliendo una sentencia dentro de una unidad disciplinaria podía cometer además el delito de evasión de las obligaciones militares mediante una autolesión.
El Tribunal Supremo respondió afirmativamente. Determinó que aquellos presos seguían sometidos a las obligaciones del servicio militar activo y que, si se lesionaban deliberadamente para evadirlas, podían incurrir en el delito contemplado entonces por el artículo 20 de la Ley de los Delitos Militares.
En otras palabras, cumplir una condena en El Globo no suspendía la relación del individuo con las FAR. El militar permanecía simultáneamente como recluso de una instalación disciplinaria y como miembro sometido al régimen militar.
TRAGARSE UNA CUCHILLA PARA SALIR DE ALLÍ
La parte más perturbadora del expediente sigue siendo la naturaleza de las autolesiones. La documentación no describe heridas superficiales: menciona soldados que llegaban a ingerir objetos metálicos y cortantes para provocar una situación médica que pudiera modificar su clasificación dentro de las FAR.
Resulta importante separar aquí hechos de interpretaciones. El documento oficial no afirma que los soldados se autolesionaran porque fueran torturados, golpeados o sometidos a condiciones inhumanas dentro de El Globo. Tampoco proporciona entrevistas con ellos que permitan determinar individualmente sus motivos psicológicos o personales más allá de la intención atribuida de evitar las actividades de la unidad y sus obligaciones militares.
Lo que sí establece el expediente, y eso por sí solo resulta significativo, es que el fenómeno había aumentado lo suficiente como para provocar la intervención del jefe de la Fiscalía Militar, el análisis del Ministerio de las FAR y finalmente un dictamen del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular.
LA RESPUESTA FUE PENAL
Las autoridades no respondieron eliminando automáticamente las obligaciones militares de quienes se autolesionaban. El Tribunal Supremo estableció que esa conducta podía generar una nueva responsabilidad penal por evasión de las obligaciones del servicio militar, siempre después del análisis individual del caso.
Cubalex analizó el dictamen en 2020 y señaló que la decisión permitía mantener dentro del ámbito penal a reclutas sancionados que recurrieran a estas prácticas para intentar salir del servicio. La organización destacó también la particular situación de quienes, después de lesionarse, habían sido declarados médicamente no aptos o aptos con recomendaciones.
EL GLOBO NO DEBE CONFUNDIRSE AUTOMÁTICAMENTE CON UN CEIS
Esta distinción es fundamental para nuestra investigación anterior. Los testimonios históricos sobre los CEIS —Centros de Entrenamiento Intensivo del Soldado— suelen describir instalaciones disciplinarias utilizadas para castigar o reeducar militarmente a reclutas. El Globo, en cambio, aparece documentalmente descrito en 2019 como un centro donde se cumplían sentencias privativas de libertad dictadas por tribunales militares.
Puede haber continuidad histórica o similitudes funcionales entre ambos sistemas, pero con las fuentes disponibles no sería correcto afirmar que El Globo era simplemente otro CEIS o que CEIS y unidad disciplinaria eran exactamente la misma categoría administrativa. El documento oficial emplea expresamente la denominación Unidad Disciplinaria Occidental El Globo.
Esta precisión hace incluso más interesante el tema: junto al sistema de castigos y entrenamiento disciplinario recordado por antiguos reclutas existía también una estructura penitenciaria militar formal, reconocida por la legislación y los tribunales cubanos.
¿EL GLOBO CONTINÚA FUNCIONANDO?
Existen indicios recientes importantes. CiberCuba informó en septiembre de 2025 que un exmilitar había sido encarcelado en la prisión militar El Globo antes de ser trasladado posteriormente a otros establecimientos.
Más recientemente, el 3 de marzo de 2026, ese mismo medio informó que el oficial Jorge Luis Ortiz Quiala había sido enviado a El Globo y situó la prisión en Las Guásimas, Arroyo Naranjo. Diario de Cuba informó también en enero de 2026 sobre un recluta cuyo traslado a El Globo habría sido previsto pero finalmente no realizado, según la versión familiar, por problemas de capacidad.
Por tanto, hay información periodística reciente que apunta a que la prisión continúa operativa. Sin embargo, no hemos localizado una fuente oficial de las FAR publicada en 2026 que detalle su población actual, capacidad, estructura de mando o reglamento interno, por lo que esos aspectos deben permanecer abiertos a investigación.
LO QUE TODAVÍA NO SABEMOS
El documento de 2019 deja preguntas enormes sin responder. No especifica cuántos soldados se autolesionaron, cuánto tiempo permanecían recluidos, cuántos habían repetido esa conducta, qué atención médica recibieron ni si las autoridades realizaron investigaciones sobre las razones que estaban llevando a semejantes actos.
Tampoco hemos encontrado un reglamento público detallado sobre la vida diaria dentro de El Globo que permita establecer horarios, alimentación, visitas familiares, régimen de aislamiento, entrenamiento físico, castigos internos o uso de fuerza por parte de custodios. Las afirmaciones sobre esas cuestiones necesitarían testimonios directos, expedientes o documentación adicional antes de presentarse como hechos.
LO QUE EL PROPIO ESTADO CUBANO DEJÓ POR ESCRITO
En este caso no es necesario depender solamente de memorias de antiguos soldados. La Gaceta Oficial del 11 de diciembre de 2019 dejó registrado que existía una Unidad Disciplinaria Occidental llamada El Globo, que allí se cumplían penas privativas de libertad impuestas por tribunales militares y que sus internos continuaban sujetos a disciplina y preparación militar.
También dejó constancia de que había aumentado el número de soldados que ingerían tornillos, arandelas o cuchillas con la intención, según la Fiscalía Militar, de evitar las actividades y obligaciones que debían cumplir. La dimensión exacta y las causas profundas de aquel fenómeno siguen sin conocerse públicamente, pero su existencia quedó documentada por las propias instituciones judiciales cubanas.
SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES






