Cuando el calor y la falta de electricidad expulsan a la gente de sus propias casas, ya no estamos hablando solo de apagones: estamos hablando de una vida imposible.
La activista Idelisa Diasniurka Salcedo Verdecia denunció en Facebook una escena desgarradora que, según su publicación, ocurre en San Antonio de los Baños, provincia de Artemisa, y se repite en muchos lugares de Cuba: personas obligadas a dormir fuera de sus viviendas por el calor insoportable y la falta de corriente.
Las imágenes hablan solas. En una de ellas se observa a una persona acostada en un banco colocado en la acera, cubierta con una sábana, intentando descansar a la intemperie. En otra, se ve la misma escena desde más lejos: una calle casi vacía, casas cerradas, un anciano sentado en una silla frente a la vivienda y otra persona acostada afuera, como si la acera se hubiera convertido en cuarto, sala y refugio al mismo tiempo.
Eso no es normal. Eso no es vida. Eso no es “resistencia”. 💔
Según la denuncia de Idelisa, estas personas duermen así por el calor y la falta de electricidad. Y cualquiera que haya vivido un apagón largo en Cuba sabe lo que significa: paredes que hierven, mosquitos, falta de ventilador, falta de agua muchas veces, comida echándose a perder y familias enteras contando las horas para que vuelva la luz.
Pero cuando la única salida es sacar un banco a la calle y acostarse afuera, el país cruzó otra línea.
La activista lo resumió con dolor: “Es desgarrador ver las condiciones en las que estas personas tienen que dormir. Nadie debería tener que pasar por esto”.
Y tiene razón.
Porque nadie debería dormir en una acera para poder respirar un poco de aire. Nadie debería escoger entre encerrarse en una casa caliente como horno o exponerse en plena calle para descansar. Nadie debería vivir con miedo a que la noche, en vez de traer alivio, traiga otro apagón interminable.
⚡ Los apagones no son solo falta de electricidad. Son falta de sueño, falta de salud, falta de dignidad y falta de futuro.
Mientras el régimen sigue culpando a otros, la gente común paga la cuenta con su cuerpo. Los ancianos, los enfermos, los niños y las familias humildes son los que cargan el peso más brutal de esta crisis.
En las fotos no hay lujo, no hay comodidad, no hay “normalidad”. Hay cansancio. Hay abandono. Hay una Cuba real que el discurso oficial no puede tapar con consignas.
Porque el problema no es solo que se vaya la corriente. El problema es que la vida entera se va apagando con ella.
Y lo más duro es que estas imágenes no parecen una excepción. Parecen parte de una rutina que se ha vuelto demasiado común en la isla: gente durmiendo donde puede, como puede, resistiendo no por ideología, sino porque no le queda otra.
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