DIOCLES TORRALBA: EL PODEROSO MINISTRO QUE CAYÓ EN LA PURGA DE 1989 UN DÍA ANTES DE QUE ESTALLARA EL CASO ARNALDO OCHOA
Diocles Torralba González pasó de combatiente del Ejército Rebelde y miembro de la dirección política cubana a ministro, vicepresidente del Consejo de Ministros, prisionero y finalmente una figura prácticamente desaparecida de la vida pública. Su caída ocurrió en junio de 1989, apenas un día antes de que Cuba conociera las detenciones que desembocarían en el célebre caso Ochoa, y terminó con una condena de 20 años de prisión por delitos económicos y administrativos.
Torralba no fue juzgado en la Causa No. 1 ni condenado por narcotráfico o traición, una diferencia esencial para reconstruir correctamente su historia. Sin embargo, su amistad con el general Arnaldo Ochoa, sus vínculos familiares con Antonio “Tony” de la Guardia y la coincidencia temporal de su destitución hicieron que su nombre quedara para siempre asociado a una de las purgas más dramáticas ocurridas dentro de la élite revolucionaria cubana.
DE LA SIERRA MAESTRA A LA CÚPULA DEL ESTADO
Nacido en Palma Soriano en 1939, Torralba se vinculó desde joven al Movimiento 26 de Julio, combatió en el Ejército Rebelde y alcanzó el grado de capitán. Después de 1959 permaneció dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y recibió formación en la Academia Militar Frunze de la Unión Soviética, donde coincidió con Arnaldo Ochoa y desarrolló con él una estrecha amistad.
Su carrera política fue igualmente rápida. Integró el Comité Central del Partido Comunista y durante años ocupó la vicepresidencia del Consejo de Ministros. Las fuentes consultadas sitúan su paso por el Ministerio de la Industria Azucarera entre finales de los años setenta y 1985, cuando fue trasladado al Ministerio de Transporte, responsabilidad que conservaría hasta su caída en 1989.
Aquellos cargos lo colocaban en áreas estratégicas de la economía cubana. Primero estuvo relacionado con la industria azucarera durante una etapa de elevadas producciones sostenidas por las relaciones comerciales preferenciales con el bloque socialista; después pasó a controlar Transporte, un ministerio con responsabilidad sobre puertos, ferrocarriles, carreteras y una parte fundamental de la logística nacional.
AMISTAD CON OCHOA Y PARENTESCO CON TONY DE LA GUARDIA
El entorno personal de Torralba adquirió una enorme importancia en 1989. Además de su amistad con Ochoa desde los años de formación militar soviética, su hija María Elena estaba casada con Antonio de la Guardia, uno de los cuatro hombres fusilados tras el proceso de la Causa No. 1. Fuentes posteriores también han mencionado vínculos familiares indirectos con la familia Castro, aunque esos elementos deben separarse de los hechos judiciales por los que Torralba fue finalmente condenado.
Alrededor de su residencia y de las reuniones privadas celebradas por miembros de aquella élite circularon durante años historias sobre fiestas, excesos, conversaciones comprometedoras e incluso supuestas grabaciones realizadas clandestinamente. Parte de esas versiones fue recogida posteriormente por testimonios y publicaciones del exilio, pero no existe documentación pública suficiente para convertir todos esos relatos en hechos comprobados.
Lo que sí está documentado es que la prensa oficial utilizó un lenguaje marcadamente moralizante contra él. Tras su destitución, Granma describió su comportamiento como una “conducta personal inmoral, disipada y corrupta”, según reprodujeron posteriormente diversos medios al reconstruir el expediente.
12 DE JUNIO DE 1989: LA CAÍDA
El 12 de junio de 1989, Torralba fue separado de sus responsabilidades como ministro de Transporte y vicepresidente del Consejo de Ministros y detenido. Un día después se hizo pública la caída del general Arnaldo Ochoa, Tony de la Guardia y otros altos oficiales que serían procesados en la Causa No. 1.
La cercanía de ambas operaciones fue extraordinaria, pero las autoridades cubanas insistieron en presentar los expedientes como casos diferentes. El propio relato oficial reconocía que existían personas y relaciones comunes entre los dos círculos, aunque Torralba nunca fue incluido entre los acusados por las operaciones de narcotráfico examinadas en el juicio militar de Ochoa.
El 13 de julio de 1989 fueron ejecutados Arnaldo Ochoa, Antonio de la Guardia, Jorge Martínez Valdés y Amado Padrón Trujillo. Torralba, en cambio, fue procesado ante la justicia ordinaria y recibió su sentencia días después.
20 AÑOS DE PRISIÓN Y UNA PURGA PARALELA
El 24 de julio de 1989, el Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana condenó a Diocles Torralba a 20 años de prisión. Las acusaciones incluyeron malversación, abuso de autoridad, manejo indebido de recursos económicos, ocupación ilícita de edificios y falsificación de documentos públicos. Varias fuentes coinciden en que terminó cumpliendo aproximadamente diez años antes de recuperar la libertad.
La coincidencia temporal con la Causa No. 1 permite interpretar su caída como parte de una depuración más amplia de la élite, pero no permite afirmar que su condena fuera jurídicamente parte del mismo proceso. Esa distinción importa: Torralba quedó atrapado en la onda expansiva del caso Ochoa, pero su expediente formal fue diferente.
También resulta significativo el cambio abrupto de narrativa. Un hombre que había pasado décadas en posiciones de absoluta confianza dejó de ser presentado como combatiente y dirigente histórico para convertirse públicamente en ejemplo de corrupción y “disipación”. Esa transformación muestra cómo funcionaban las destituciones dentro de un sistema donde buena parte de la información sobre la vida interna de los dirigentes permanecía fuera del conocimiento público hasta que el propio Estado decidía revelarla.
DIEZ AÑOS DE CÁRCEL Y DÉCADAS DE SILENCIO
Después de aproximadamente una década encarcelado, Torralba recuperó la libertad y vivió apartado de la actividad política. No volvió a ocupar cargos relevantes y su nombre prácticamente desapareció de la esfera pública.
El final llegó el 14 de diciembre de 2023. Torralba murió en La Habana a los 84 años como consecuencia de un cáncer de colon metastásico que había afectado otros órganos. Fuentes familiares indicaron que falleció en su vivienda del Vedado y que, siguiendo su voluntad, sus restos serían cremados.
Su muerte recibió mucha más atención en medios independientes que en los canales oficiales cubanos. Para entonces habían pasado más de tres décadas desde aquella purga de 1989 y el antiguo vicepresidente llevaba años convertido en una figura casi desconocida para nuevas generaciones.
LO QUE DIOCLES TORRALBA REVELA SOBRE EL PODER EN CUBA
La historia de Torralba no demuestra por sí sola que los procesos de 1989 fueran una conspiración diseñada para eliminar rivales. Tampoco existen pruebas públicas suficientes para asegurar que las historias sobre micrófonos ocultos, fiestas utilizadas para obtener material comprometedor o chantajes fueran exactamente como posteriormente se han contado.
Pero los hechos documentados ya resultan suficientemente contundentes: un capitán del Ejército Rebelde, miembro del Comité Central, ministro y vicepresidente del Gobierno cayó en cuestión de horas, fue condenado a 20 años y terminó prácticamente eliminado del escenario político donde había permanecido durante décadas.
Su proximidad con Ochoa y Tony de la Guardia convirtió su caída en una pieza inevitable del rompecabezas de 1989. No fue fusilado, no fue acusado de narcotráfico y no se sentó entre los principales procesados de la Causa No. 1, pero difícilmente puede comprenderse su desgracia sin observar el terremoto político que se produjo alrededor de aquel proceso.
Por eso Diocles Torralba permanece como una figura especialmente reveladora: no por demostrar una conspiración que la documentación disponible no permite probar, sino porque su trayectoria muestra hasta qué punto pertenecer durante décadas al círculo del poder cubano no garantizaba sobrevivir políticamente cuando ese mismo poder decidía retirar su protección.
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