Ir al contenido principal

Cuba Bajo Lupa

A FALTA DE CAFÉ, TORREFACTORA EN CUBA AHORA TUESTA Y MUELE MAÍZ, SORGO Y ARROZ PARA NO CERRAR SUS PUERTAS PARA SIEMPRE

La Torrefactora Manuel Ascunce Domenech, creada para procesar y comercializar café en Villa Clara, ha tenido que transformar buena parte de su actividad: actualmente produce harina y gofio de maíz y sorgo, además de comenzar a fabricar harina de arroz. La propia Agencia Cubana de Noticias (ACN) presentó el cambio como una estrategia para mantener activa la capacidad instalada ante la caída de la disponibilidad de café.

La escena resume una paradoja difícil de ignorar: una fábrica especializada en café está sobreviviendo precisamente porque aprendió a procesar casi cualquier cosa menos el producto que justificó originalmente su existencia.

CUANDO NO HAY CAFÉ, SE TUESTA LO QUE APAREZCA

Yenis Leidy Cabrera Hayes, jefa del Grupo de Gestión del Capital Humano de la empresa, dijo a la ACN que la planta tuvo que “reinventarse” después de una caída abrupta de su principal materia prima, situación que atribuyó al impacto de las restricciones energéticas y de las sanciones estadounidenses.

José Raúl Arias Díaz, director de la entidad, explicó con particular claridad la ventaja —y también la crudeza— del nuevo modelo productivo: “Tostamos, molemos y envasamos; ese es el proceso sistémico básico y lo podemos hacer con el maíz, con el sorgo y casi con cualquier semilla”.

La materia prima llega mediante contratos con Acopio, empresas de semillas, cooperativas y mipymes. Según Arias Díaz, incluso pueden utilizarse granos que han perdido valor como semillas siempre que mantengan condiciones para el consumo humano y superen las evaluaciones del laboratorio de la fábrica.

LA CAÍDA DEL CAFÉ CUBANO VIENE DE MUCHO ANTES

La explicación oficial vincula la situación actual principalmente con las restricciones externas. Sin embargo, el deterioro de la producción cafetalera cubana tiene una historia considerablemente más larga.

Un estudio académico registrado en FAO AGRIS, elaborado por investigadores vinculados a la Universidad de Alicante, analizó la producción cubana entre 1950 y 2017 y concluyó que el máximo de la serie se alcanzó en 1961, con 60.326 toneladas. Desde entonces, la producción siguió una tendencia descendente sostenida.

El mismo trabajo documentó que la superficie destinada al café cayó de unas 185.947 hectáreas en 1969 a 42.296 en 2017 y calculó que esa reducción explica más de un tercio del descenso productivo. Los autores señalan además factores internos como migración, gestión inadecuada y crisis económica dentro de un proceso que califican de complejo y multifactorial.

Ese contexto cambia considerablemente la lectura de lo ocurrido en Villa Clara.

Las actuales dificultades energéticas pueden agravar el problema, pero no explican por sí solas una decadencia productiva que lleva décadas desarrollándose.

“RESILIENCIA” O ADAPTACIÓN A LA ESCASEZ

La ACN presenta la diversificación como una demostración de innovación dentro de la empresa estatal socialista y destaca que la fábrica ha encontrado alternativas para mantenerse rentable cuando su actividad tradicional está afectada.

Es legítimo reconocer la capacidad de los trabajadores para aprovechar maquinaria concebida para un producto y adaptarla a otros. Pero el contexto también obliga a plantear otra lectura: la innovación surge porque falta precisamente aquello que la empresa debería estar procesando.

No se trata de una fábrica de alimentos que decidió ampliar voluntariamente un catálogo exitoso. La propia versión oficial reconoce que la búsqueda de maíz, sorgo y arroz surgió como respuesta a la caída del café.

Ahí está la diferencia entre expansión y supervivencia.

DE TORREFACTORA DE CAFÉ A PLANTA MULTIGRANOS

La fábrica mantiene entre sus funciones la comercialización relacionada con el café e incluso prevé ventas minoristas en pequeños formatos y servicio de café en taza. Pero su producción cotidiana se ha desplazado hacia otros granos para evitar que equipos y trabajadores queden paralizados.

La transformación puede ser técnicamente ingeniosa. También es una fotografía particularmente clara de la economía cubana actual: infraestructura diseñada para una función que termina buscando otra porque la cadena productiva original dejó de garantizar suficiente materia prima.

La propaganda puede llamarlo “resiliencia empresarial”.

La pregunta económica sigue siendo mucho más sencilla: ¿Cómo llegó Cuba al punto en que una torrefactora tiene que hacer gofio para poder seguir funcionando?

SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES

Cuba Bajo Lupa
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.