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Cuba Bajo Lupa

LA COUBRE: ¿SABOTAJE, ACCIDENTE O UNA OPERACIÓN SECRETA DE FIDEL CASTRO? EL MISTERIO QUE CUBA NUNCA LOGRÓ CERRAR

A las tres de la tarde del 4 de marzo de 1960, una explosión estremeció el puerto de La Habana mientras el carguero francés La Coubre descargaba decenas de toneladas de armas y municiones compradas en Bélgica por el nuevo Gobierno cubano. Minutos después, cuando socorristas, militares, bomberos y trabajadores se habían acercado al lugar, ocurrió una segunda detonación todavía más devastadora. Las estimaciones contemporáneas situaron el balance en decenas de muertos —habitualmente entre 75 y 100— y más de 200 heridos.

Más de seis décadas después, hay algo que continúa sin una respuesta definitiva: ¿fue La Coubre víctima de un sabotaje cuidadosamente preparado o de un accidente provocado por una peligrosa carga de explosivos? El Gobierno revolucionario convirtió desde el primer momento la tragedia en una acusación política contra Estados Unidos, pero los documentos disponibles muestran una historia bastante más complicada.

LA COUBRE LLEGÓ A LA HABANA CARGADA DE ARMAS

La Coubre era un carguero francés de unas 4.310 toneladas. Había transportado desde Amberes, Bélgica, alrededor de 76 toneladas de municiones y armamento, entre ellas cartuchos y miles de granadas adquiridas por Cuba. Una reconstrucción basada en documentos marítimos señala que en la bodega VI había 967 cajas con aproximadamente 1,5 millones de municiones y otras 525 cajas con unas 25.000 granadas.

La compra ocurría en un momento de rápido deterioro de las relaciones entre La Habana y Washington. Estados Unidos había expresado preocupación por las ventas de armas a Cuba y realizaba gestiones diplomáticas con gobiernos aliados respecto a ese suministro, algo que aparece incluso en documentación estadounidense de la época.

Ese contexto sería fundamental para las acusaciones posteriores.

DOS EXPLOSIONES Y UNA TRAGEDIA AÚN MAYOR

La primera detonación se produjo mientras se descargaba el material militar. El barco quedó severamente dañado y comenzaron a llegar trabajadores, bomberos, policías, militares y personal sanitario. Poco después se produjo la segunda explosión, que encontró a un número mucho mayor de personas alrededor del muelle.

Por eso las cifras varían según la fuente. Documentos estadounidenses de la época mencionaron 75 trabajadores cubanos fallecidos, mientras investigaciones y publicaciones posteriores hablan de entre 70 y aproximadamente 100 muertos, incluidos seis tripulantes franceses, además de más de 200 heridos.

La diferencia numérica aconseja evitar una cifra absoluta como si existiera un registro universalmente aceptado.

FIDEL CASTRO SEÑALÓ A ESTADOS UNIDOS, PERO ADMITIÓ QUE NO TENÍA UNA PRUEBA CONCLUYENTE

Al día siguiente, durante el funeral de las víctimas, Fidel Castro construyó públicamente la tesis del sabotaje.

Argumentó que Estados Unidos había intentado impedir que Cuba comprara aquellas armas y planteó que quienes no habían logrado detener la operación por medios diplomáticos podían haber recurrido a otros métodos.

Pero existe una frase de aquel mismo discurso que con frecuencia desaparece cuando se cuenta la historia: “No tenemos pruebas concluyentes”.

Castro sostuvo que existían razones para sospechar de quienes pretendían impedir la compra de armas, pero reconoció públicamente que no disponía entonces de evidencia definitiva que demostrara la autoría estadounidense.

Con el paso del tiempo, la versión oficial cubana se volvió considerablemente más categórica. Granma ha llegado a presentar la explosión directamente como una operación ejecutada por la CIA, incluso afirmando que un detonador había sido introducido entre las municiones.

Ese nivel de certeza no está respaldado públicamente por documentación concluyente conocida que demuestre quién colocó un supuesto explosivo.

LA INVESTIGACIÓN CUBANA CONCLUYÓ QUE HUBO UN COMPLOT

En julio de 1960, el juez cubano Fernando López, encargado de investigar el caso, concluyó que la explosión había sido producto de un complot organizado por extranjeros desconocidos para impedir que las armas llegaran al Gobierno revolucionario.

Según el reporte divulgado entonces, la investigación consideró que un detonador habría sido introducido en el cargamento, probablemente antes de que el barco llegara a Cuba. Sin embargo, incluso esa conclusión no identificó nominalmente a los autores materiales.

Es decir, la investigación cubana sostuvo que hubo sabotaje, pero no resolvió públicamente quién colocó el dispositivo ni aportó una cadena de pruebas que permita hoy atribuirlo de forma independiente a una organización concreta.

LAS CAJAS SOSPECHOSAS DE AMBERES

Uno de los detalles más intrigantes apareció en documentación relacionada con el cargamento.

Una reconstrucción posterior basada en archivos marítimos recoge que, durante la carga en Amberes, quedó anotado que algunas cajas presentaban alteraciones. La observación mencionaba cajas cuyos flejes habían sido retirados y una caja —la número 696— con una tabla que había sido desclavada y posteriormente vuelta a clavar.

Eso resulta sugestivo, pero no constituye por sí solo prueba de sabotaje. Una caja reparada o abierta puede tener explicaciones logísticas normales. El problema es que, unido a la explosión posterior y a las dificultades para reconstruir exactamente qué ocurrió dentro de la bodega, el detalle alimentó durante décadas las sospechas de que algún dispositivo pudo haber sido introducido antes de la llegada a La Habana.

¿PUDO SER UN ACCIDENTE?

La hipótesis accidental tampoco puede descartarse únicamente porque el Gobierno cubano la rechazara.

La Coubre transportaba grandes cantidades de granadas, proyectiles y municiones, y existen referencias a que el manejo de una carga de ese nivel de peligrosidad dentro del puerto planteaba riesgos importantes. Algunas reconstrucciones señalan además que este tipo de mercancía debía manipularse bajo procedimientos especiales.

Pero la existencia de dos explosiones separadas y determinados testimonios llevaron a investigadores posteriores a considerar más plausible la posibilidad de sabotaje. El problema permanece en la misma palabra: plausible. No equivale a demostrado.

EL SILENCIO FRANCÉS Y OTRA PIEZA DEL MISTERIO

Otro aspecto poco conocido es la reacción de Francia. La Coubre era un barco francés y ciudadanos franceses murieron en la explosión. Sin embargo, investigaciones posteriores destacan que el Estado francés no desarrolló públicamente una investigación de gran alcance que cerrara las interrogantes sobre lo sucedido.

Documentación de la propia compañía naviera, citada en investigaciones históricas, muestra que años después las aseguradoras consideraban la posibilidad de que el daño hubiera surgido de terrorismo o de un riesgo asociado a conflicto político, aunque tampoco afirmaban disponer de una prueba irrefutable. Ese detalle vuelve a dejar la historia en una incómoda zona gris.

WASHINGTON NEGÓ LA ACUSACIÓN

Estados Unidos rechazó desde el comienzo cualquier responsabilidad. Un telegrama de la Embajada estadounidense en La Habana del 8 de marzo de 1960 calificaba como “fabricada” e “irresponsable” la acusación cubana de que Washington era responsable de la explosión.

Meses después, documentación del Departamento de Estado seguía tratando la supuesta participación estadounidense en La Coubre como una de las acusaciones que Cuba podía llevar ante organismos internacionales, sin aceptar responsabilidad alguna.

Existe además un elemento histórico que obliga a manejar cuidadosamente la cronología: el conocido programa formal de acciones encubiertas estadounidenses contra el Gobierno de Castro fue aprobado por Eisenhower el 17 de marzo de 1960, casi dos semanas después de La Coubre. Eso no demuestra que Washington fuera ajeno a cualquier actividad clandestina anterior, pero sí impide presentar automáticamente la explosión como parte de ese programa concreto.

UNA TRAGEDIA QUE CAMBIÓ TAMBIÉN EL LENGUAJE DE LA REVOLUCIÓN

La explosión dejó otra huella política. Durante el funeral del 5 de marzo, Fidel Castro utilizó la consigna “Patria o Muerte”, que terminaría convirtiéndose en una de las expresiones más emblemáticas del discurso revolucionario cubano.

También durante aquellas honras fúnebres, el fotógrafo Alberto Korda tomó la célebre imagen de Ernesto “Che” Guevara que más tarde sería conocida mundialmente como Guerrillero Heroico.

De esa manera, una explosión cuya causa continúa discutida terminó produciendo dos símbolos enormes de la iconografía política cubana.

ENTONCES, ¿QUIÉN HIZO EXPLOTAR LA COUBRE?

Hasta hoy no existe una respuesta públicamente demostrada que cierre el expediente. Existen argumentos que favorecen la hipótesis del sabotaje: las dos detonaciones, la investigación cubana, las anomalías registradas en algunas cajas y testimonios de sobrevivientes.

También existe un contexto real de confrontación: Washington buscaba limitar el suministro de armas al Gobierno cubano y las relaciones bilaterales estaban entrando rápidamente en una etapa de abierta hostilidad.

Pero de ahí no se desprende automáticamente que la CIA colocara una bomba. Esa es precisamente la diferencia entre una sospecha históricamente razonable y un hecho demostrado. La versión oficial cubana terminó resolviendo el misterio políticamente hace décadas. La documentación histórica, en cambio, todavía no lo ha resuelto de la misma manera.

Más de 66 años después, La Coubre continúa siendo uno de los grandes expedientes abiertos de la historia posterior a 1959: sabemos qué explotó, sabemos cuándo ocurrió y conocemos sus consecuencias; lo que todavía no puede afirmarse con certeza documental es quién provocó aquella explosión —si realmente fue provocada— y cómo lo hizo.

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