ULISES ROSALES DEL TORO: DEL ALTO MANDO MILITAR AL “GENERAL DE LA MORINGA”, LOS PRIVILEGIOS FAMILIARES Y EL MISTERIO DE SU VIDA ACTUAL
Durante décadas, Ulises Rosales del Toro fue uno de los hombres más visibles del poder militar y político cubano. Dirigió el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, encabezó el Ministerio del Azúcar, fue ministro de Agricultura y vicepresidente del Consejo de Ministros. Sin embargo, después de abandonar sus últimas responsabilidades gubernamentales de primer nivel, su presencia pública se fue reduciendo hasta convertirse en una figura prácticamente ausente de la actualidad oficial.
A sus 84 años, Rosales del Toro sigue apareciendo mencionado en informaciones recientes como uno de los históricos dirigentes militares cubanos, pero no existe información pública precisa sobre qué actividad realiza actualmente, dónde reside habitualmente o si conserva alguna responsabilidad institucional. Su nombre volvió a los titulares en 2026, no por una aparición propia, sino por investigaciones sobre los privilegios de su familia y por la detención migratoria en Estados Unidos de una de sus hijas.
DEL ESTADO MAYOR GENERAL AL CONTROL DEL AZÚCAR
Rosales del Toro perteneció durante años al núcleo más importante de las FAR. Fue jefe del Estado Mayor General entre 1981 y 1997 y ocupó posiciones de primer nivel dentro de la estructura militar y del Partido Comunista. En octubre de 1997 ocurrió uno de los movimientos más llamativos de su carrera: salió del Estado Mayor para hacerse cargo del Ministerio del Azúcar, en momentos en que la principal industria histórica de Cuba atravesaba una profunda crisis.
La designación fue interpretada entonces incluso fuera de Cuba como una “militarización” de la industria azucarera. El Gobierno colocaba a uno de sus generales de mayor jerarquía al frente de un sector que acumulaba problemas de productividad, financiamiento y eficiencia después de la desaparición de la Unión Soviética.
Cinco años después, Rosales del Toro dirigiría una de las transformaciones más radicales de la historia azucarera cubana. La reestructuración de 2002 implicó el cierre de alrededor de 70 de los 156 centrales existentes, la reducción aproximada del 60% de las tierras destinadas a caña y la reconversión laboral de unos 100.000 trabajadores. El ministro prometió entonces que nadie quedaría abandonado ni desempleado y argumentó que el objetivo era concentrar la producción en los centrales capaces de producir azúcar a menor costo.
Aquel proceso continúa siendo uno de los capítulos más discutidos de su gestión. Las condiciones internacionales y la pérdida de los mercados preferenciales soviéticos habían golpeado duramente al sector, pero el cierre masivo de instalaciones modificó para siempre comunidades enteras vinculadas a la caña y redujo de manera drástica la capacidad industrial azucarera del país.
DEL AZÚCAR A LA AGRICULTURA
Rosales pasó posteriormente al Ministerio de Agricultura. En 2010 fue reemplazado por Gustavo Rodríguez Rollero, aunque la decisión no significó su salida inmediata del poder: continuó como vicepresidente del Consejo de Ministros encargado de supervisar Agricultura, Industria Alimentaria y Azúcar.
Su etapa coincidió con los intentos del Gobierno de elevar la producción nacional de alimentos y reducir las costosas importaciones. El problema fue que los resultados continuaron siendo irregulares y Cuba siguió dependiendo fuertemente del exterior para alimentar a su población, mientras la agricultura estatal acumulaba problemas estructurales de productividad, insumos, transporte y comercialización.
En este punto conviene distinguir responsabilidades. Que Rosales encabezara esos sectores no permite atribuirle personalmente todos sus fracasos, pero sí lo coloca en una posición de responsabilidad política sobre algunas de las reformas más importantes aplicadas durante esos años.
EL GIRO QUE LO CONVIRTIÓ EN EL “GENERAL DE LA MORINGA”
En septiembre de 2019 llegó el episodio que terminó marcando sus últimos años de vida pública. El Consejo de Estado lo liberó de sus responsabilidades como vicepresidente del Consejo de Ministros para que se dedicara por completo al desarrollo de un programa de plantas proteicas, especialmente moringa, morera y tithonia, diseñado originalmente bajo impulso de Fidel Castro.
Oficialmente, la decisión fue presentada como reconocimiento a su capacidad de dirección y a la importancia estratégica del proyecto. Fuera de la narrativa institucional, el nombramiento fue recibido con ironía y terminó generándole el apodo de “general de la moringa”, utilizado con frecuencia por medios críticos y usuarios de redes sociales.
Las plantas proteicas tienen usos reales en la alimentación animal y cuentan con respaldo científico como fuentes de biomasa y nutrientes. La polémica surgió más bien por el contraste entre el énfasis oficial dado al proyecto y la profundidad de la crisis agroalimentaria cubana, además de la peculiar transición de uno de los militares más poderosos del país hacia una actividad agrícola tan específica.
LOS PRIVILEGIOS DE SU FAMILIA VUELVEN A PONERLO EN EL CENTRO DE LA POLÉMICA
En febrero de 2026 una investigación periodística difundida por Martí Noticias y retomada por otros medios volvió a colocar el apellido Rosales del Toro bajo escrutinio. La investigación señaló que varios hijos y nietos del general habían disfrutado de viajes internacionales, residencias y estilos de vida considerablemente alejados de las limitaciones que enfrenta la mayoría de los cubanos.
Entre los casos mencionados estaba una hija residente en Estados Unidos y otros familiares con presencia frecuente en México y Europa. Es importante precisar que viajar, vivir en el extranjero o poseer bienes no constituye por sí mismo una irregularidad. La controversia surgió por la aparente contradicción entre esos privilegios familiares y el discurso público de sacrificio, igualdad y austeridad sostenido durante décadas por la élite política cubana.
La investigación también recoge afirmaciones sobre propiedades, vacaciones y negocios asociados a miembros de la familia. Esos elementos provienen de investigaciones periodísticas y registros recopilados por sus autores; no equivalen a una sentencia judicial ni demuestran por sí mismos que Rosales del Toro haya cometido un delito.
UNA HIJA DETENIDA POR ICE EN ESTADOS UNIDOS
El apellido volvió a aparecer en los titulares en mayo de 2026, cuando Alina Rosales Aguirreurreta, hija del general, fue detenida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. El Departamento de Seguridad Nacional confirmó que había entrado al país el 21 de noviembre de 2023 con visa B-2 y permaneció después del vencimiento de su período autorizado en mayo de 2024.
El caso fue estrictamente migratorio; las autoridades estadounidenses no acusaron a la mujer de delitos relacionados con la actividad política de su padre. Posteriormente fue liberada de la custodia migratoria mientras continuaba su proceso, según reportes que citaron fuentes cercanas a la familia.
La noticia adquirió especial repercusión precisamente por quién era su padre: un antiguo miembro de la élite militar y gubernamental cubana cuya familia mantiene vínculos y residencias fuera de la isla.
¿DÓNDE ESTÁ HOY ULISES ROSALES DEL TORO?
Aquí comienza la parte realmente incierta de la historia. A diferencia de otros antiguos dirigentes, no existe un anuncio oficial que explique con claridad qué hace actualmente Ulises Rosales del Toro. Después de su salida de la vicepresidencia en 2019 y de su asignación al programa de plantas proteicas, sus apariciones públicas se hicieron cada vez menos frecuentes.
En las búsquedas realizadas para este artículo no encontramos una fuente confiable reciente que permita ubicarlo físicamente, identificar una responsabilidad pública vigente o confirmar que continúe dirigiendo aquel programa. Las informaciones de 2026 relacionadas con él lo describen como general retirado o dirigente histórico y se concentran fundamentalmente en su familia.
Tampoco existen pruebas públicas de que haya sido detenido, purgado, sometido a arresto domiciliario o enfrentado a la dirección política cubana. Presentar cualquiera de esas hipótesis como cierta sería especulativo.
El misterio que rodea actualmente a Rosales del Toro es, por tanto, menos espectacular pero igualmente significativo: uno de los hombres que estuvo durante décadas en posiciones decisivas del Estado cubano simplemente desapareció de la primera línea sin que las instituciones expliquen qué papel desempeña hoy.
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