Ir al contenido principal

Cuba Bajo Lupa

STASI–MININT: LA ALIANZA SECRETA QUE AYUDÓ A CONSTRUIR EL APARATO DE SEGURIDAD CUBANO

Durante décadas, La Habana y Berlín Oriental mantuvieron una relación que fue mucho más allá de discursos, embajadas y solidaridad entre gobiernos socialistas. El Ministerio del Interior de Cuba (MININT) y el Ministerio para la Seguridad del Estado de la República Democrática Alemana (MfS), conocido universalmente como Stasi, desarrollaron una cooperación que incluyó intercambio de información, entrenamiento, tecnología de vigilancia, contrainteligencia, comunicaciones, espionaje electrónico y consultas periódicas entre altos oficiales. Los documentos conservados después de la desaparición de Alemania Oriental permiten reconstruir hoy una relación que durante años permaneció fuera de la vista del público.

Conviene hacer una precisión histórica desde el principio. La Stasi no creó desde cero la Seguridad del Estado cubana, que ya funcionaba antes de que la cooperación con Alemania Oriental alcanzara su mayor intensidad. Lo que muestran los archivos es que la relación contribuyó a profesionalizar, modernizar y ampliar determinadas capacidades técnicas y operativas del MININT, especialmente durante las décadas de 1970 y 1980. Esa diferencia será fundamental en esta serie: separar lo que está documentado de las interpretaciones posteriores.

DOS APARATOS DE SEGURIDAD QUE TERMINARON TRABAJANDO JUNTOS

La Stasi fue uno de los organismos de inteligencia y policía política más extensos del bloque socialista. El Archivo Federal alemán explica que el MfS trabajaba mediante miles de empleados profesionales y una enorme red de colaboradores no oficiales, utilizados para vigilar a ciudadanos, infiltrarse en grupos opositores y obtener información incluso sobre aspectos íntimos de la vida privada. También mantenía cooperación con servicios considerados “hermanos” dentro y fuera del Pacto de Varsovia.

El Bundesarchiv señala además que la Stasi colaboró en distintos países en la construcción y fortalecimiento de aparatos de seguridad, ofreciendo formación de cuadros, asesoría política-operativa, equipamiento técnico y material. Cuba aparece dentro de ese entramado de cooperación internacional, particularmente en operaciones realizadas también junto al KGB y otros servicios socialistas.

MICRÓFONOS, CÁMARAS Y VIGILANCIA TÉCNICA

Uno de los capítulos más reveladores de la relación fue el intercambio de “técnica operativa”. Documentos de los archivos de la antigua Stasi reproducidos por el investigador Jorge Luis García Vázquez describen solicitudes cubanas de transmisores de audio y video, sistemas para fotografiar en condiciones de poca iluminación, dispositivos para ocultar micrófonos y métodos de escucha telefónica. En 1987 se habría formalizado además un protocolo de cooperación entre el Departamento 26 de la Stasi, especializado en vigilancia técnica, y el correspondiente Departamento VI del MININT.

Estas solicitudes permiten entender que la colaboración no era solamente una relación entre dirigentes. Existía un componente práctico destinado a mejorar capacidades concretas de vigilancia, interceptación y seguimiento, aunque determinar exactamente dónde y contra quién se utilizó cada equipo exige documentación específica que no siempre está disponible públicamente.

GUANTÁNAMO Y LA OPERACIÓN “PALMA REAL”

La cooperación llegó también al espionaje radioelectrónico contra Estados Unidos. El historiador Radoslav Yordanov documenta que, después de conversaciones celebradas en 1984 entre Carlos Fernández Gondín, entonces figura central de la Contrainteligencia Militar cubana, y el general de la Stasi Manfred Dietze, ambos servicios prepararon una misión conjunta contra la Base Naval estadounidense de Guantánamo.

La operación recibió el nombre de “Palma Real” —Königspalme en alemán— y fue planificada para 1985. Según la documentación archivística citada por Yordanov, nueve especialistas alemanes participaron durante aproximadamente catorce semanas junto con personal cubano en labores de reconocimiento radioelectrónico. El objetivo era estudiar comunicaciones y obtener información técnica y operativa relacionada con la instalación estadounidense.

LA CIA, LOS SERVICIOS OCCIDENTALES Y UNA PREOCUPACIÓN CONSTANTE

Los documentos muestran otra obsesión recurrente: comprender cómo operaban la CIA y otros servicios occidentales contra Cuba. Durante reuniones bilaterales, oficiales cubanos expresaron interés en intercambiar información sobre métodos de inteligencia occidentales, técnicas de penetración y lo que denominaban centros de “diversionismo político-ideológico”.

Una investigación basada en archivos de la Stasi señala que en una reunión de 1983 Ramiro Valdés valoró al KGB y a la Stasi como socios especialmente importantes y planteó profundizar el trabajo operativo clandestino, la contrainteligencia exterior y el intercambio de técnicas de radiointeligencia. Esa reconstrucción procede del proyecto documental de García Vázquez y será contrastada en los siguientes capítulos con otros materiales archivísticos.

LA ALIANZA LLEGÓ HASTA LOS NIVELES MÁS ALTOS

La profundidad de la relación queda especialmente clara en una reunión celebrada en La Habana entre el 25 de enero y el 4 de febrero de 1989, apenas meses antes de la caída del Muro de Berlín. La delegación de Alemania Oriental estaba encabezada por el general Werner Prosetzky, alto funcionario de la inteligencia exterior de la Stasi, mientras por la parte cubana participaron figuras de primer nivel del aparato de inteligencia y contrainteligencia.

Entre los cubanos mencionados en la documentación aparecen Luis Barreiro Caramés, Armando López Orta “Arquímedes”, altos responsables del contraespionaje, funcionarios de cooperación internacional, responsables de África y especialistas científico-técnicos. La agenda incluyó África, Nicaragua, Centroamérica, la situación dentro del bloque socialista, Radio Martí, tecnología informática e intercambio de información operativa.

1989: CUANDO EL MUNDO COMENZÓ A CAMBIAR

La reunión resulta aún más interesante por el momento en que ocurrió. Dentro de Alemania Oriental crecía el movimiento ciudadano que terminaría derribando el régimen, mientras las reformas de Mijaíl Gorbachov —Perestroika y Glasnost— provocaban tensiones entre los gobiernos comunistas de Europa. Los documentos citados sobre la reunión reflejan preocupación cubana por los acontecimientos en Polonia y Hungría y por la influencia que los cambios soviéticos podían tener dentro de los aparatos de seguridad.

Pocos meses después, la Stasi comenzaría a desintegrarse. Durante el proceso revolucionario alemán de 1989, parte de sus archivos fue destruida, aunque decenas de kilómetros de documentación terminaron preservados y hoy pueden ser consultados por investigadores y periodistas. Es precisamente esa supervivencia documental la que permite reconstruir una cooperación que probablemente sería mucho más difícil estudiar utilizando únicamente archivos cubanos.

UNA RELACIÓN QUE TAMBIÉN TUVO SU LADO HUMANO Y CLANDESTINO

Los archivos incluyen episodios que parecen extraídos de una novela de espionaje. En 1989, por ejemplo, el representante del MININT en Alemania Oriental pidió apoyo a la Stasi para organizar discretamente las vacaciones y garantizar la seguridad de Mauro Casagrandi, descrito en el documento reproducido por García Vázquez como un antiguo agente infiltrado dentro de la CIA y supuestamente amenazado por la agencia estadounidense.

Ese expediente muestra hasta qué punto la colaboración podía abarcar desde grandes operaciones internacionales hasta la protección personal y logística de individuos vinculados al espionaje. El caso Casagrandi tendrá un capítulo propio en esta serie porque varias de las afirmaciones que lo rodean necesitan ser verificadas cuidadosamente antes de presentarlas como hechos establecidos.

¿COPIÓ CUBA EL MODELO DE LA STASI?

Una de las afirmaciones más repetidas sostiene que la Seguridad del Estado cubana fue simplemente una copia tropical de la Stasi. Los documentos permiten afirmar algo más matizado: existió una cooperación amplia y prolongada, hubo transferencias de métodos, formación y tecnología, y especialistas alemanes participaron en proyectos concretos junto al MININT. Pero los aparatos cubanos también tuvieron influencias soviéticas propias y una evolución institucional anterior e independiente de muchos de esos intercambios.

Esta serie no partirá de la conclusión de que todo método utilizado por el MININT procedía de Alemania Oriental. El objetivo será reconstruir, documento por documento, qué enseñó realmente la Stasi, qué pidió Cuba, qué equipos recibió, qué operaciones realizaron juntos y qué parte de aquella cooperación sigue sin conocerse.

EL PRINCIPIO DE UNA INVESTIGACIÓN DE 16 CAPÍTULOS

Este artículo es solamente el punto de partida. En los próximos capítulos de STASI–MININT: LA ALIANZA SECRETA entraremos en los cursos de entrenamiento, los oficiales cubanos que viajaron a Alemania Oriental, Operación Palma Real, vigilancia electrónica, medidas activas, penetración de servicios occidentales, personajes como Carlos Fernández Gondín, Luis Barreiro Caramés y Armando López Orta, y el último gran encuentro de 1989.

También iremos hacia uno de los aspectos más interesantes: qué pensaban realmente los alemanes de sus colegas cubanos. Los documentos no muestran siempre admiración; en algunas evaluaciones aparecen críticas a métodos, disciplina técnica y capacidad analítica, lo que permite observar la cooperación desde una perspectiva mucho menos propagandística.

SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES

Cuba Bajo Lupa
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.