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Cuba Bajo Lupa

RÉGIMEN RECUERRE EN LA HABANA A “TRAMPAS QUÍMICAS” PARA COMBATIR ROBOS EN SUBESTACIONES ELÉCTRICAS

La Empresa Eléctrica de La Habana ha comenzado a recurrir a las llamadas “trampas químicas” en subestaciones eléctricas como parte de las medidas destinadas a enfrentar el robo de aceite dieléctrico y otros componentes de transformadores, una práctica que ya había sido aplicada anteriormente en instalaciones de Las Tunas.

La decisión pone nuevamente el foco sobre un problema que ha adquirido dimensión nacional: los delitos contra la infraestructura eléctrica se producen en momentos en que el Sistema Electroenergético Nacional atraviesa una situación particularmente frágil, por lo que la pérdida de un transformador o de componentes esenciales puede prolongar todavía más las interrupciones del servicio en las comunidades afectadas.

QUÉ SON LAS “TRAMPAS QUÍMICAS”

Las autoridades no han explicado públicamente todos los detalles técnicos de los mecanismos instalados en las subestaciones de La Habana. El antecedente de Las Tunas, sin embargo, muestra que el término puede abarcar sistemas químicos destinados a identificar posteriormente la manipulación de equipos o instalaciones protegidas.

Un ejemplo más concreto apareció esta semana en Jobabo, Las Tunas. En una instalación fotovoltaica del asentamiento de Birama se aplicó un gel de marcaje invisible sobre determinados equipos. Según la información divulgada por el periodista Yaidel Miguel Rodríguez Castro, de Radio Cabaniguán, el producto puede adherirse a la piel al entrar en contacto con la superficie y ser detectado después utilizando luz ultravioleta.

Ese sistema no significa por sí solo que una persona haya cometido un robo. Su posible utilidad está en aportar un elemento adicional durante una investigación para establecer si alguien tuvo contacto con una superficie previamente tratada.

LAS TUNAS YA HABÍA ADOPTADO MEDIDAS SIMILARES

El uso de este tipo de recursos no comenzó en La Habana. En mayo, autoridades de Las Tunas informaron de la utilización de “trampas químicas” después de una sucesión de robos de aceite dieléctrico y componentes de transformadores.

En aquel momento se habían registrado al menos 11 hechos relacionados con transformadores en el municipio Jesús Menéndez, según declaraciones del director técnico de la Empresa Eléctrica provincial, Anisley Santiesteban Velázquez.

Las medidas anunciadas incluyeron la reparación de cercas perimetrales, iluminación nocturna mediante paneles solares, reforzamiento de la vigilancia y protección de decenas de subestaciones consideradas vulnerables.

El problema no es menor. Cuando se extrae el aceite dieléctrico de un transformador, el equipo puede quedar inutilizado y la recuperación del servicio depende de reparaciones, disponibilidad de piezas o incluso de encontrar otro transformador, algo especialmente complejo dentro del deteriorado escenario energético cubano.

MÁS DE 460 INVESTIGACIONES POR DELITOS CONTRA EL SEN

Las cifras divulgadas por la propia Fiscalía General de la República permiten medir la magnitud alcanzada por este fenómeno. Entre 2025 y el primer semestre de 2026 se iniciaron más de 460 investigaciones penales relacionadas con hechos contra el Sistema Electroenergético Nacional.

Los expedientes incluyen presuntos delitos de sabotaje, daños, robo con fuerza, hurto y receptación. Dentro de ese conjunto sobresale el robo de aceite dieléctrico: las autoridades contabilizaron más de 300 denuncias por la sustracción de ese producto en diferentes provincias.

La Fiscalía informó además que las personas juzgadas durante 2026 por hechos encuadrados como sabotaje contra el sistema eléctrico recibieron mayoritariamente penas de entre nueve y 20 años de prisión.

Desde mayo de 2025, el Tribunal Supremo Popular estableció criterios para considerar como sabotaje determinados actos de sustracción, daño, alteración o perjuicio contra entidades y componentes destinados al sistema electroenergético. Esto ha elevado considerablemente las consecuencias penales que pueden enfrentar los acusados.

PROTEGER UNA RED EN MEDIO DE UNA CRISIS MAYOR

La extensión de las llamadas trampas químicas hasta La Habana demuestra hasta qué punto la protección física de transformadores, subestaciones y otras instalaciones se ha convertido en una prioridad para las autoridades.

Sin embargo, los robos son solo una parte de un problema energético mucho más amplio. La red eléctrica cubana también enfrenta averías, limitaciones de generación, escasez de combustible, problemas de mantenimiento y dificultades para sustituir rápidamente equipos dañados.

Por eso, aunque estas tecnologías puedan ayudar a investigar determinados delitos o funcionar como elemento disuasorio, no solucionan las causas estructurales de la crisis eléctrica. Para la población, el resultado práctico sigue siendo el mismo cuando una instalación falla o es saqueada: más dificultades para mantener un servicio eléctrico estable en un sistema que ya opera bajo una enorme presión.

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