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Cuba Bajo Lupa

“QUÉ PENA, DÍAZ-CANEL”: UNA ANTIGUA AMIGA RECUERDA AL JOVEN QUE CONOCIÓ Y LE REPROCHA EL DICTADOR EN QUÉ SE CONVIRTIÓ

“Qué pena, Díaz-Canel”. Con esa frase comienza una extensa carta atribuida a Violeta Pérez, una mujer que asegura haber conocido personalmente a Miguel Díaz-Canel mucho antes de que llegara a la cima del poder en Cuba y que contrapone al joven “modesto” y “humilde” que recuerda con el gobernante al que responsabiliza de haber frustrado las expectativas de apertura que, según ella, alguna vez despertó.

El texto, reproducido ampliamente en redes sociales, mezcla recuerdos personales, críticas económicas y cuestionamientos políticos. Su mayor fuerza no está en presentar revelaciones documentales, sino en el retrato de una transformación: el muchacho que necesitaba ayuda de sus amigos para conseguir gasolina, el dirigente provincial asociado a una imagen de cercanía y el mandatario que posteriormente hizo de la “continuidad” una de las palabras centrales de su proyecto político.

“CUANDO AQUELLO NO ERAS NADIE: ERAS UN AMIGO”

Pérez describe a un Díaz-Canel muy diferente del hombre que años después encabezaría el Estado cubano.

Recuerda reuniones entre amigos, anécdotas familiares e incluso una colecta de bonos de gasolina para que pudiera viajar a La Habana durante su luna de miel.

“Cuando aquello no eras nadie o sí, eras un amigo que tenía amigos, y eso vale más que un central”, escribe.

También recuerda su ascenso político en Villa Clara, cuando empezó a consolidarse una imagen pública asociada a la bicicleta, las visitas inesperadas a centros laborales y una supuesta preocupación por los problemas cotidianos.

La trayectoria institucional de Díaz-Canel efectivamente pasó por la dirección partidista de Villa Clara y posteriormente por Holguín antes de ascender hacia la dirección nacional. Fuentes oficiales cubanas señalan que estuvo cerca de una década como primer secretario del Partido en Villa Clara y otros seis años en Holguín.

Para Pérez, entonces existía una expectativa: que aquel dirigente pudiera convertirse algún día en una figura modernizadora.

DE LA ESPERANZA A LA “CONTINUIDAD”

Ese es precisamente el punto de ruptura de la carta.

Pérez sostiene que cuando Díaz-Canel asumió la presidencia en 2018 existía entre determinados cubanos la esperanza de que profundizara algunas de las aperturas económicas desarrolladas durante el Gobierno de Raúl Castro.

Pero, según su interpretación, ocurrió lo contrario.

“Todo fue una mala broma”, escribe antes de reprocharle haber elegido la “continuidad” y haber reforzado restricciones sobre la actividad privada.

En este punto conviene distinguir hechos de valoración política. Cuba sí amplió gradualmente durante la etapa de Raúl Castro posibilidades relacionadas con trabajo privado, compraventa de viviendas, viajes y acceso a determinados servicios. Pero presentar el período 2012-2018 como una etapa en que “Cuba floreció”, como sostiene Pérez, constituye su valoración personal sobre aquellos cambios, no una descripción objetiva de toda la situación económica del país.

LA TAREA ORDENAMIENTO, OTRO PUNTO DE QUIEBRE

Una de sus críticas más severas se dirige contra la Tarea Ordenamiento, reforma monetaria y salarial que entró en vigor el 1 de enero de 2021.

El programa eliminó la circulación oficial del CUC, modificó el sistema cambiario, salarios, pensiones, subsidios y numerosos precios. El propio discurso oficial la presentó como una de las transformaciones monetarias y económicas más importantes emprendidas en décadas.

Pérez atribuye a aquella política buena parte de la inflación y del deterioro económico posterior y acusa a Díaz-Canel de haber implementado medidas equivocadas en medio de la pandemia.

La responsabilidad exacta de cada política sobre la crisis cubana es objeto de debate económico y no puede establecerse únicamente a partir de su publicación. En la evolución de la economía también han influido la pandemia, las sanciones estadounidenses, problemas estructurales de productividad y decisiones internas acumuladas durante décadas.

EL 11J CAMBIÓ EL TONO DE LA CARTA

El pasaje más duro aparece al abordar las protestas del 11 de julio de 2021, cuando manifestaciones antigubernamentales se extendieron por numerosas localidades de Cuba.

Reuters describió aquellas movilizaciones como las mayores protestas contra el Gobierno cubano en décadas.

Ese día Díaz-Canel pronunció una frase que quedó asociada a la respuesta gubernamental: “La orden de combate está dada. ¡A la calle los revolucionarios!” La expresión permanece publicada en el sitio oficial de la Presidencia cubana.

Pérez considera ese momento una ruptura definitiva con la persona que había conocido.

Human Rights Watch documentó posteriormente detenciones arbitrarias, procesos judiciales, golpizas y otros abusos contra participantes en las protestas. El Gobierno cubano, por su parte, ha responsabilizado reiteradamente a Estados Unidos de promover la desestabilización y ha defendido las actuaciones judiciales contra personas acusadas de cometer delitos durante las manifestaciones.

“DE AMIGOS AHORA SOMOS ENEMIGOS”

Hacia el final, el texto abandona casi completamente la nostalgia inicial.

Pérez afirma haber perdido allegados y haber visto sufrimiento que atribuye a las decisiones gubernamentales. “De amigos ahora somos enemigos”, sentencia.

Es una acusación personal y política, no una conclusión judicial ni una demostración de responsabilidad individual de Díaz-Canel por cada hecho que menciona.

Y precisamente ahí está el valor testimonial de la carta.

No es la historia de una desconocida describiendo a un presidente desde lejos. Es, según quien la firma, la memoria de alguien que asegura haber conocido al hombre antes del cargo, cuando todavía necesitaba amigos, gasolina prestada y una oportunidad.

Por eso repite una frase una y otra vez, como reproche y también como decepción: “Qué pena, Díaz-Canel”.

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