“NO ME PIDAN MÁS NADA”: CUBANA EN EE.UU. ESTALLA POR LAS PETICIONES CONSTANTES DE FAMILIARES EN LA ISLA
Una cubana residente en Estados Unidos protagonizó un fuerte desahogo sobre el peso económico que supone ayudar constantemente a familiares en Cuba, después de grabarse mientras realizaba entregas bajo la lluvia para explicar que los dólares que envía a la isla no aparecen “fácilmente” ni equivalen a ganar 100 dólares por hora.
El material fue compartido en Facebook por Yeisla Colina, quien aclaró que no era originalmente suyo, por lo que CubaBajoLupa no puede atribuirle con certeza la identidad de la mujer que aparece hablando. Lo que sí refleja el contenido es una discusión cada vez más visible dentro de la diáspora cubana: el choque entre quienes reciben ayuda en la isla y quienes trabajan en el exterior para poder enviarla.
“Aquí el dinero se suda”
La mujer aparece trabajando mediante Spark Driver, plataforma utilizada para realizar entregas asociadas a Walmart. El propio servicio explica que sus conductores eligen las ofertas que aceptan y que los ingresos dependen de factores como distancia, tamaño del pedido, incentivos y propinas; no existe una tarifa fija de 100 dólares por hora.
En medio de un aguacero, la cubana cuestionó directamente la percepción de algunos familiares dentro de la isla.
“Para los familiares en Cuba que dicen que 100 dólares en Estados Unidos se las busca uno así… miren dónde estoy yo”, expresó mientras realizaba entregas.
Su argumento fue más allá del trabajo puntual. Recordó que vivir en Estados Unidos implica asumir mensualmente alquiler o hipoteca, automóvil, seguro, electricidad y otros gastos que, si no se pagan, tienen consecuencias inmediatas.
Según relató, incluso envía cajas con productos básicos a Cuba, pero siente que el esfuerzo muchas veces no es reconocido y que las peticiones continúan.
De la ayuda familiar al agotamiento
La frase más contundente llegó al final: “No me pidan más nada”.
La mujer afirmó que había llegado a un punto de agotamiento y que dejaría de enviar ayuda, pese al costo emocional que suponía esa decisión.
El testimonio no permite generalizar sobre las familias cubanas ni concluir que quienes reciben remesas sean desagradecidos. Sí muestra una tensión real que aparece repetidamente en redes sociales: emigrados que sienten que sus familiares desconocen cuánto cuesta producir cada dólar que posteriormente llega a Cuba.
La crisis económica de la isla profundiza esa dependencia. Diversas estimaciones sitúan las remesas recibidas por Cuba durante los últimos años en el entorno de 1.800 a 2.100 millones de dólares anuales, aunque no existe una estadística oficial cubana suficientemente transparente y actualizada que permita fijar una cifra exacta para 2026.
Cuba también cambió la forma de recibir remesas
Hay además una corrección importante respecto a la información que circuló durante 2025.
Western Union efectivamente suspendió en febrero de ese año los envíos entre Estados Unidos y Cuba después de que Washington reincorporara a Orbit S.A., procesadora cubana utilizada por la empresa, a la Lista Restringida de Cuba.
Pero esa situación ya no continúa igual en 2026. Western Union anunció el 12 de febrero de este año la reanudación gradual de transferencias desde Estados Unidos hacia Cuba, con restricciones, entre ellas un máximo de 2.000 dólares por transacción y envíos limitados a familiares cercanos.
La corrección es relevante porque muestra que la dificultad para ayudar a familiares no depende únicamente de los canales disponibles. El conflicto que refleja el testimonio es fundamentalmente económico y emocional: cuánto puede enviar realmente un emigrado después de cubrir sus propias obligaciones y hasta qué punto esa ayuda termina convirtiéndose en una expectativa permanente.
“Cuba está como está por una dictadura”
La cubana también introdujo un componente político en su desahogo. Afirmó que las condiciones económicas de la isla no deben compararse con las de Estados Unidos y atribuyó la situación cubana a más de seis décadas de sistema político autoritario.
Su declaración representa su opinión y responsabilidad personal, pero conecta con una realidad verificable: la profunda pérdida de poder adquisitivo dentro de Cuba continúa empujando a numerosas familias a depender de dólares enviados desde el exterior.
El episodio resume así una fractura menos visible de la crisis cubana. Mientras quienes permanecen en la isla buscan sobrevivir con ingresos insuficientes, una parte de la diáspora carga simultáneamente con sus propios gastos y con la expectativa de mantener económicamente a quienes dejaron atrás.
Y cuando esa expectativa deja de percibirse como ayuda y comienza a sentirse como obligación, aparecen desahogos como este.
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