COSTO DE LOS APAGONES EN CUBA: UN VENTILADOR RECARGABLE PUEDE EQUIVALER A MÁS DE UN AÑO DE SALARIO MÍNIMO
El costo de los apagones en Cuba ya no se mide únicamente por las horas sin electricidad. Para miles de familias significa también comprar ventiladores recargables, lámparas, baterías, inversores, estaciones de energía o sistemas solares que permitan dormir, conservar alimentos y mantener cargado un teléfono. El problema es que esas soluciones cuestan decenas de miles de pesos o cientos de dólares en una economía donde el salario mínimo acaba de ser fijado en apenas 3.210 CUP mensuales.
En Songo La Maya, Santiago de Cuba, una residente identificada como Milagros Martínez describió a CubaNet apagones que alcanzan o superan las 20 horas y una rutina doméstica dominada por el porcentaje restante de la batería de su ventilador. Su testimonio no representa necesariamente la duración de los cortes en todo el país, pero retrata el impacto de una crisis eléctrica que durante julio llegó a provocar tres colapsos nacionales en apenas nueve días.
EL COSTO DE LOS APAGONES EN CUBA LLEGA DIRECTAMENTE AL BOLSILLO
Hasta hace pocos años, un ventilador recargable podía verse como un equipo para emergencias. En numerosos hogares cubanos ha pasado a desempeñar una función mucho más básica: permitir algunas horas de descanso durante las noches de calor.
CubaNet documentó modelos recargables ofrecidos por entre 50.000 y 80.000 pesos cubanos. A la tasa representativa del mercado informal de 675 CUP por dólar registrada al cierre de agosto, esos precios equivalen aproximadamente a 74 y 119 dólares.
La comparación con los salarios explica la dimensión del problema. Cuba elevó en julio el salario mínimo nacional de 2.100 a 3.210 pesos mensuales, con efecto en los pagos realizados desde agosto. Un ventilador de 50.000 pesos representa cerca de 15,6 meses de salario mínimo íntegro; uno de 80.000 equivale a casi 25 meses, sin descontar un solo peso para alimentos, transporte, medicamentos o vivienda.
El nuevo salario mínimo, además, equivale a unos 4,76 dólares mensuales utilizando como referencia el cambio informal de 675 CUP por dólar.
AHORRAR NO GARANTIZA PODER COMPRAR
Yoania Barrios, residente también en Songo La Maya, contó que comenzó a guardar dinero cuando un ventilador de 20.000 mAh rondaba los 21.000 pesos. Revendió productos durante meses para alcanzar esa cantidad, pero cuando consiguió reunirla el equipo ya costaba unos 40.000. Posteriormente subió hasta alrededor de 50.000 pesos, según su testimonio.
Su caso muestra una consecuencia adicional de la inflación: una familia puede reducir gastos y ahorrar durante meses y descubrir, al final, que el precio se movió más rápido que sus ingresos.
Para otras personas, el problema tiene implicaciones todavía más inmediatas. CubaNet recoge el caso de una madre reciente que aseguró no haber podido comprar un ventilador para su bebé y tener que turnarse con su pareja durante las noches para abanicarlo debido al calor. Son testimonios individuales, pero ayudan a explicar por qué estos productos han pasado de ser accesorios a convertirse en bienes considerados esenciales por numerosas familias.
ECOFLOW, BLUETTI Y PANELES SOLARES: LA SOLUCIÓN QUE MUCHOS NO PUEDEN PAGAR
Un escalón por encima de los ventiladores aparecen las estaciones portátiles de energía. Equipos de marcas como EcoFlow y Bluetti pueden almacenar electricidad para alimentar varios dispositivos y, dependiendo de la capacidad, incluso electrodomésticos.
CubaNet reportó ofertas situadas aproximadamente entre 500 y 3.000 dólares, mientras instalaciones fotovoltaicas domésticas pueden superar fácilmente los 1.000 dólares. Una residente entrevistada por el medio afirmó haber pagado 2.100 dólares por un sistema con paneles, baterías, inversor, cableado, protecciones e instalación.
Para quienes reciben ayuda familiar desde el extranjero o disponen de ingresos en divisas, estas tecnologías pueden cambiar radicalmente la experiencia de un apagón. Para un trabajador cuyo ingreso depende exclusivamente de salarios en pesos, las cifras las colocan prácticamente fuera de alcance.
La consecuencia es una nueva brecha: hogares con capacidad propia para generar o almacenar electricidad y hogares completamente dependientes del Sistema Electroenergético Nacional.
UN SISTEMA ELÉCTRICO QUE SIGUE ROMPIENDO RÉCORDS NEGATIVOS
La expansión del mercado de baterías no ocurre por casualidad. El 8 de julio, tras una nueva caída del sistema, Cuba registró una afectación de 2.341 MW, entonces un récord histórico fuera de los apagones totales: frente a una demanda de 3.100 MW, más de tres cuartas partes de la necesidad eléctrica no pudieron cubrirse en el momento más crítico.
Ese récord tampoco duró demasiado. En las semanas posteriores se registraron afectaciones todavía superiores, mientras julio terminó convertido en uno de los períodos más severos de la crisis energética. El 3 de agosto se produjo además otro apagón nacional, evidencia de que la inestabilidad del SEN continuó después del mes especialmente crítico de julio.
Las causas son múltiples. Las fuentes oficiales y agencias internacionales coinciden en una combinación de termoeléctricas envejecidas, averías, insuficiente mantenimiento, falta de combustible y restricciones externas sobre el suministro energético. Las sanciones estadounidenses y la interrupción de importantes fuentes de petróleo han agravado significativamente el escenario en 2026, pero la obsolescencia estructural del sistema antecede al actual endurecimiento de esas medidas.
LAS BATERÍAS TAMPOCO DURAN PARA SIEMPRE
Hay otro costo que puede aparecer después de la compra. Las baterías tienen una cantidad limitada de ciclos de carga y descarga, aunque su vida útil varía considerablemente según la tecnología, la capacidad, la temperatura y el modo de utilización.
Por eso no sería correcto afirmar que todas las estaciones modernas fueron diseñadas únicamente para cortes ocasionales: algunos modelos con baterías LiFePO4 están específicamente concebidos para soportar miles de ciclos y usos frecuentes. Lo que sí resulta inevitable es que someter cualquier batería a cargas y descargas continuas provoca desgaste y que algún día deberá ser sustituida.
En Cuba, donde determinados hogares pueden depender diariamente de estos sistemas durante apagones prolongados, ese desgaste deja de ser un asunto técnico menor y se convierte en otro gasto futuro.
CUANDO TENER ELECTRICIDAD DEPENDE DE TENER DÓLARES
Durante décadas, encender una lámpara, conservar alimentos o mover un ventilador dependía fundamentalmente del servicio eléctrico nacional. La crisis ha trasladado una parte creciente de esa responsabilidad al presupuesto de cada familia.
Quien dispone de 2.000 dólares puede instalar paneles y baterías y reducir drásticamente su dependencia de la red. Quien logra reunir 50.000 pesos quizá pueda comprar un ventilador. Quien no dispone de ninguno de esos recursos permanece condicionado a los horarios y fallas del SEN.
Ese es uno de los efectos menos visibles de la crisis energética: la electricidad se ha convertido también en una cuestión de desigualdad económica.
Cada vez que vuelve la corriente, miles de hogares comienzan una carrera contra el reloj: cargar primero el teléfono, después el ventilador, luego la lámpara o la batería. Y cuando vuelve a desaparecer, comienza nuevamente el cálculo.
En la Cuba de los grandes apagones, la oscuridad ya tiene precio.
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