MIGUEL RUIZ POO, EL CAPITÁN QUE LLORÓ DURANTE EL JUICIO DE OCHOA PARA SUPLICAR QUE NO LO FUSILARAN
Miguel Ruiz Poo protagonizó uno de los momentos más desconcertantes de la Causa Número 1 de 1989. Durante el juicio militar por narcotráfico que terminó con el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y otros tres oficiales, el capitán del Ministerio del Interior rompió a llorar después de afirmar que Jorge Martínez Valdés le había dicho que determinadas operaciones habían sido discutidas “al más alto nivel”.
La escena dejó una pregunta que todavía provoca debate: ¿a qué nivel se refería exactamente? El proceso oficial terminó desligando a Fidel y Raúl Castro de las operaciones, pero el testimonio de Ruiz Poo quedó como uno de los pasajes más incómodos de un juicio que fue grabado, editado y transmitido posteriormente por la televisión estatal.
EL CAPITÁN QUE CONECTABA PANAMÁ, MIAMI Y LA HABANA
Ruiz Poo era oficial del Ministerio del Interior y trabajaba dentro de la estructura relacionada con Antonio de la Guardia. Además, era primo de Reinaldo Ruiz, implicado junto a su hijo Rubén en operaciones de narcotráfico investigadas en Estados Unidos.
La investigación reconstruida posteriormente mostró que integrantes de esa red utilizaron Cuba como punto de tránsito para cargamentos de cocaína procedentes de Colombia. En abril de 1987, por ejemplo, un vuelo con 240 kilogramos aterrizó en la base militar de Varadero con escolta de la Fuerza Aérea cubana, y la droga fue posteriormente trasladada hacia embarcaciones rápidas. La operación terminó infiltrada por la DEA mediante el piloto informante Hu Chang y grabaciones clandestinas realizadas en Miami.
La acusación del Gobierno cubano sostuvo finalmente que el grupo de Antonio de la Guardia había facilitado el traslado de seis toneladas de cocaína entre Colombia, Cuba y Estados Unidos y había recibido unos 3,4 millones de dólares.
“AL MÁS ALTO NIVEL”: LAS PALABRAS QUE CAMBIARON LA AUDIENCIA
Durante el consejo de guerra, Ruiz Poo declaró entre sollozos que Martínez le había dicho que Ochoa participaba en el negocio porque el asunto había sido discutido “al más alto nivel”. La reconstrucción publicada por The New York Review of Books señala que Ochoa y Martínez fueron llamados rápidamente y negaron haber contado con autorización superior.
Ese punto merece precisión. Ruiz Poo no aparece en la documentación revisada pronunciando directamente el nombre de Fidel Castro dentro de esa afirmación. Por tanto, no puede presentarse como hecho que estuviera a punto de acusarlo personalmente.
Lo que sí estaba sobre la mesa era una cuestión mayor: hasta dónde llegaba el conocimiento de las operaciones. La propia investigación periodística de la época reconoció que seguía sin resolverse cuánto sabían Fidel y Raúl Castro sobre las actividades del grupo de De la Guardia.
UN JUICIO TELEVISADO, PERO NO EN DIRECTO
El proceso tuvo una enorme exposición pública, aunque las imágenes que recibió la población no eran una transmisión directa.
Las sesiones fueron grabadas por el Gobierno y amplios fragmentos se emitieron por televisión después de aproximadamente dos días de retraso para edición. Además, los acusados recibieron abogados militares de rango inferior y todos terminaron haciendo declaraciones en las que asumían responsabilidad por los cargos.
Ese contexto explica por qué cada gesto, silencio y declaración pronunciada ante las cámaras sigue siendo objeto de análisis décadas después.
LO QUE NO SABEMOS SOBRE LAS LÁGRIMAS DE RUIZ POO
Aquí está la frontera entre historia documentada y especulación.
No existe evidencia pública suficiente para afirmar que Ruiz Poo llorara específicamente porque Fidel Castro pudiera ordenar su fusilamiento. Tampoco hemos encontrado una fuente fiable que demuestre que alguien entrara esa noche en su celda, lo amenazara con represalias contra su familia, lo drogara o le ofreciera salvarle la vida a cambio de retractarse.
Son hipótesis repetidas alrededor del caso, pero no hechos comprobados.
Lo verificable es que las palabras “al más alto nivel” aparecieron durante su declaración, que Ruiz Poo se quebró emocionalmente y que los acusados señalados como supuestos receptores de una autorización superior negaron inmediatamente esa interpretación.
CUATRO EJECUCIONES Y UN PROCESO QUE SIGUE GENERANDO PREGUNTAS
El 7 de julio de 1989 fueron dictadas las sentencias. Diez acusados recibieron penas de entre 10 y 30 años. Ochoa, Antonio de la Guardia, Amado Padrón Trujillo y Jorge Martínez Valdés fueron condenados a muerte y fusilados al amanecer del 13 de julio.
La propia documentación estadounidense y las investigaciones periodísticas de la época recogieron pruebas de tráfico de cocaína utilizando territorio cubano, además de declaraciones de fiscales estadounidenses que sostenían que esas operaciones mostraban conocimiento dentro de niveles elevados del aparato militar cubano. Eso, sin embargo, no equivale por sí solo a demostrar jurídicamente que Fidel Castro dirigiera personalmente esas operaciones.
Más de tres décadas después, las lágrimas de Miguel Ruiz Poo siguen siendo poderosas precisamente porque el episodio contiene dos cosas al mismo tiempo: un hecho documentado y una pregunta que nunca recibió una respuesta definitiva.
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