ESTUDIANTE DE MEDICINA EN CUBA HORNEA Y VENDE PANQUECITOS PARA SOBREVIVIR: “NO PUEDO VIVIR DE LO QUE ESTUDIO”
Está a solo días de terminar seis años de Medicina en Cuba, cumple extensas jornadas en un hospital y, cuando muchos esperarían que utilizara sus pocas horas libres para descansar, necesita ponerse a trabajar en su propio emprendimiento. Su realidad quedó reflejada en un material publicado por el canal de YouTube Liliet, donde muestra cómo combina la carrera médica con la necesidad de generar ingresos para sostenerse.
La joven resume su situación con una frase directa: “Ser estudiante de medicina en Cuba implica desgaste y supervivencia constante”. En una misma jornada debe enfrentarse a una guardia hospitalaria de más de 12 horas y, poco después, encontrar fuerzas para cumplir un encargo de 100 panquecitos.
ESTUDIAR MEDICINA EN CUBA Y RESOLVER DESDE QUE AMANECE
Su día comienza temprano y con un problema tan básico como el desayuno. Debía presentarse en el hospital a las 8:30 de la mañana y, según explicó, desde su casa tenía un trayecto de aproximadamente 50 minutos caminando.
Pero tampoco tenía el desayuno que había previsto. El día anterior no había conseguido pan, por lo que terminó tomando café y saliendo con la esperanza de encontrar algo para comer por el camino.
Tras varias horas en el hospital atendiendo pacientes y realizando tareas que pueden mantenerla de pie durante largos períodos, llegó a casa con otra preocupación: había electricidad y debía aprovecharla antes de que desapareciera nuevamente.
Preparó rápidamente unos espaguetis, salió a comprar puré de tomate y buscó orégano en el huerto de su padre para completar la comida con lo poco que tenía disponible.
“El cubano tiene que improvisar todo el tiempo”, expresó.
La escena resulta sencilla, pero resume una parte esencial de su relato: estudiar, trabajar y cocinar no dependen solamente del tiempo disponible, sino también de conseguir alimentos y aprovechar las horas en que existe servicio eléctrico.
100 PANQUECITOS DESPUÉS DE DORMIR SOLO CUATRO HORAS
El cansancio no terminó con la guardia. Después de dormir aproximadamente cuatro horas, la estudiante comenzó otro turno, esta vez frente al horno.
Tenía que producir 100 panquecitos en unas cuatro horas para entregar un pedido antes del mediodía.
El costo de los ingredientes revela otra dificultad de su emprendimiento. Según detalló, pagó 3.000 pesos por un cartón de huevos, 2.200 por un litro de aceite, 4.050 por un kilogramo de polvo de hornear, 450 por una libra de harina, 950 por un kilogramo de azúcar y 4.000 por un kilogramo de leche en polvo.
Con otros productos necesarios, calculó una inversión total de 14.800 pesos cubanos.
Pero para ella el problema no termina en encontrar el dinero. También está la incertidumbre de no saber cuánto costarán esos mismos ingredientes dentro de unos días.
“Hoy te pueden estar costando un precio y la semana que viene otro”, explicó.
Esa variación constante dificulta establecer cuánto cobrar, calcular márgenes y mantener estable un pequeño negocio. Emprender se convierte así en otra carrera contrarreloj.
“ME VOY A GRADUAR Y ME SIENTO EN EL MISMO LUGAR”
La parte más reveladora de su testimonio aparece cuando habla del futuro.
Según contó, estaba a apenas una semana de obtener su título de doctora en Medicina. Después de seis años de estudios, la graduación debería representar el comienzo de una nueva etapa profesional. Sin embargo, ella describe una sensación muy diferente.
Durante toda la carrera ha tenido que emprender y trabajar para sostenerse. Su esperanza era que obtener finalmente el título le permitiera comenzar a vivir de la profesión para la que se preparó durante años.
“Me voy a graduar y me siento en el mismo lugar en como empecé”, afirmó.
Después pronunció la frase que mejor resume su incertidumbre: “No puedo ejercer lo que estudié, no puedo vivir de lo que estudié”.
Su experiencia es personal y no puede extrapolarse automáticamente a todos los estudiantes de Medicina o médicos jóvenes de Cuba. Pero plantea una pregunta difícil de ignorar: qué significa conseguir un título profesional después de seis años de sacrificio cuando quien lo recibe siente que todavía necesita buscar otros caminos para poder mantenerse.
En su caso, detrás del uniforme médico hay también harina, huevos, un horno, pocas horas de sueño y 100 panquecitos esperando ser entregados. El título está a punto de llegar; la seguridad económica, según ella misma cuenta, sigue siendo otra batalla.
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