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Cuba Bajo Lupa

LA TABLADA, OCHOA Y ANGOLA: LA POLÉMICA PISTA CUBANA DETRÁS DEL ASALTO DE 1989 EN ARGENTINA

El 23 de enero de 1989, un comando del Movimiento Todos por la Patria (MTP) irrumpió en el Regimiento de Infantería Mecanizada 3 de La Tablada, en la provincia de Buenos Aires. El episodio terminó después de aproximadamente 30 horas de combates y se convirtió en uno de los acontecimientos armados más graves ocurridos durante la recuperación democrática argentina. Fuentes oficiales argentinas y archivos judiciales confirman la participación del MTP y sitúan a Enrique Gorriarán Merlo como figura central de la organización que preparó el ataque.

Décadas después, una versión mucho menos conocida conecta aquel episodio con Cuba, Angola y el general Arnaldo Ochoa Sánchez. El escritor Norberto Fuentes sostiene que Ochoa habría actuado, sin conocimiento previo de Fidel Castro, en una operación destinada a facilitar armas y entrenamiento al entorno de Gorriarán Merlo; asegura además que La Tablada se convirtió posteriormente en una preocupación dentro del círculo militar cubano que sería golpeado meses después por la Causa Número 1 de 1989.

La afirmación es importante, pero necesita una precisión esencial: CubaBajoLupa no ha encontrado documentación oficial argentina o cubana que demuestre que Ochoa organizara el ataque a La Tablada ni que las armas utilizadas allí hubieran sido entregadas desde Angola por el general cubano. El núcleo de esa conexión procede fundamentalmente de los relatos y publicaciones de Norberto Fuentes, mientras que otras fuentes sobre el armamento empleado por el MTP ofrecen versiones diferentes.

EL ASALTO QUE SACUDIÓ A LA ARGENTINA DEMOCRÁTICA

A primera hora del 23 de enero, integrantes del MTP utilizaron un camión para romper la entrada del cuartel y permitir el ingreso de varios vehículos con hombres y mujeres armados. El archivo de Memoria Abierta conserva parte de las actuaciones judiciales, incluida documentación de la causa y una versión de la sentencia dictada posteriormente por la Cámara Federal de San Martín.

Fuentes argentinas cifran en alrededor de 46 a 50 a los integrantes que participaron directamente en la incursión. El MTP justificó posteriormente la acción afirmando que pretendía impedir un supuesto levantamiento militar de sectores conocidos como “carapintadas”, pero las motivaciones, la planificación y los objetivos finales del grupo han sido objeto de controversia durante décadas.

El propio Gorriarán Merlo reconoció años más tarde su responsabilidad por la operación y defendió la tesis de que los integrantes del MTP creían estar actuando ante el peligro de otro golpe militar. También negó posteriormente que el grupo hubiera sido infiltrado por el Gobierno de Raúl Alfonsín y sostuvo que los errores de ejecución explicaban buena parte del fracaso militar de la operación.

NORBERTO FUENTES INTRODUCE A OCHOA EN LA HISTORIA

La versión cubana aparece con fuerza en los testimonios de Norberto Fuentes, escritor que mantuvo estrechas relaciones con figuras militares de la Revolución y que conoció personalmente a Arnaldo Ochoa, Antonio de la Guardia y Patricio de la Guardia. En una extensa entrevista reproducida en Libreta de apuntes, Fuentes afirmó que “La Tablada fue un pésimo negocio” y sostuvo que había sido manejada por Ochoa.

Según su relato, Fidel Castro se habría enterado inicialmente de la operación por la prensa y posteriormente habría identificado una posible conexión con Angola al conocer la aparición de determinado armamento. Fuentes presenta ese episodio como una operación realizada fuera de los canales habituales de decisión de la dirigencia cubana, una circunstancia que, en su interpretación, habría aumentado las sospechas sobre Ochoa.

La versión es especialmente delicada porque supone que uno de los generales más importantes de las Fuerzas Armadas cubanas habría participado en una operación internacional sin autorización previa de la máxima dirección política. No hemos encontrado hasta el momento documentación desclasificada, una resolución judicial argentina o archivos militares independientes que confirmen esa parte de la historia.

EL SUPUESTO ENCUENTRO EN ANGOLA

Fuentes desarrolla todavía más la historia en su libro Narcotráfico y tareas revolucionarias: el concepto cubano. Según su versión, Gorriarán Merlo —a quien identifica con el nombre utilizado en algunos círculos clandestinos— habría viajado a Angola acompañado por familiares y miembros del MTP para recibir entrenamiento militar.

El escritor sostiene que Patricio de la Guardia consultó la situación con Ochoa y que integrantes del grupo recibieron entrenamiento relacionado con sistemas antiaéreos SA-7. También afirma que Ochoa habría acordado entregar “algunas toneladas” de armamento disponible en Angola, compuesto supuestamente por fusiles FAL, G-3, morteros y otro material procedente de antiguas existencias portuguesas o capturado durante la guerra.

Ese relato conecta tres escenarios que en 1989 estaban a miles de kilómetros de distancia: las tropas cubanas desplegadas en Angola, el MTP argentino y el cuartel de La Tablada. Es precisamente esa conexión la que convierte el tema en una investigación relevante, pero también la que exige mayor cautela porque las afirmaciones más comprometedoras descansan en la narración de Fuentes.

¿QUÉ ARMAS USÓ REALMENTE EL MTP?

Aquí aparece uno de los principales problemas para aceptar sin reservas la versión cubana. Una investigación periodística publicada en Argentina recoge el testimonio de protagonistas e investigadores del caso y señala que parte del armamento utilizado por los atacantes consistía en fusiles FAL reconstruidos que habían permanecido escondidos bajo tierra.

Un antiguo integrante del MTP que participó en la operación declaró décadas después que ingresó inicialmente con una escopeta y que dentro del cuartel tomó un fusil FAL perteneciente a los militares. También recordó que algunos participantes apenas habían recibido unas horas de instrucción sobre el funcionamiento del arma antes del asalto, una descripción difícil de conciliar sin más pruebas con la imagen de un comando ampliamente entrenado en Angola.

Esto no demuestra que ningún miembro del grupo hubiera recibido preparación fuera de Argentina ni excluye que existiera armamento procedente del extranjero. Sí obliga, sin embargo, a diferenciar claramente entre el material cuya utilización puede reconstruirse mediante testimonios y expedientes argentinos y el supuesto envío de armas desde Angola descrito por Fuentes.

EL “GALIL” QUE, SEGÚN FUENTES, ENCENDIÓ LAS ALARMAS

En su entrevista, Fuentes introduce otro elemento llamativo. Sostiene que cuando apareció “el primer Galil”, Fidel Castro habría interpretado que aquella arma señalaba hacia Angola y, por extensión, hacia Ochoa.

El Galil es un fusil de diseño israelí que circuló en numerosos conflictos durante aquellas décadas y su presencia aislada no bastaría por sí misma para demostrar una cadena logística desde Angola hasta Argentina. Para establecer esa conexión sería necesario disponer, por ejemplo, de números de serie, inventarios militares, registros de captura, documentación judicial sobre el origen de las armas o testimonios independientes coincidentes.

En las fuentes argentinas revisadas para este artículo no encontramos esa cadena documental. Por ello, la aparición del Galil debe presentarse como parte del relato de Fuentes, no como evidencia independiente de que Ochoa suministró armamento al MTP.

PATRICIO DE LA GUARDIA Y “LA GRAN PREOCUPACIÓN”

La historia adquiere una dimensión adicional cuando Fuentes recuerda conversaciones mantenidas con Patricio de la Guardia, hermano gemelo de Antonio de la Guardia y también oficial vinculado a estructuras de operaciones especiales. Según su testimonio, Patricio estaba particularmente preocupado por el asunto de La Tablada poco antes de su detención en 1989.

Fuentes relaciona aquella preocupación con otros problemas acumulados alrededor del grupo de oficiales que posteriormente sería investigado durante la Causa Número 1. Ochoa y Antonio de la Guardia fueron finalmente ejecutados en julio de 1989 después de un proceso militar relacionado oficialmente con narcotráfico y otras graves acusaciones, mientras Patricio de la Guardia recibió una pena de prisión.

La Tablada, sin embargo, no figuró públicamente como la acusación central que sustentó aquellas condenas. La conexión entre el ataque argentino y los motivos internos que condujeron a la caída de Ochoa continúa siendo principalmente una interpretación desarrollada por Fuentes.

UN PROBLEMA PARA LA HABANA O UNA HISTORIA CONSTRUIDA DESPUÉS

Fuentes va todavía más lejos y sostiene que el verdadero problema era que la operación se habría producido sin conocimiento de Fidel Castro. En su reconstrucción, lo preocupante para la dirección cubana no habría sido únicamente que militantes latinoamericanos utilizaran las armas, sino que oficiales cubanos hubieran construido relaciones y ejecutado una operación internacional de semejante alcance sin autorización superior.

Esa explicación encaja con la interpretación general que Fuentes ha desarrollado durante años sobre Ochoa y los hermanos De la Guardia: hombres surgidos dentro de la propia Revolución que habían acumulado experiencia militar, contactos internacionales y un margen de actuación considerable. Pero la coherencia de una interpretación no constituye por sí sola una prueba documental.

El análisis histórico requiere distinguir dos niveles. Está ampliamente documentado que Cuba mantuvo durante décadas vínculos con movimientos revolucionarios latinoamericanos y que decenas de miles de militares cubanos operaban en Angola durante la década de 1980; lo que no está demostrado mediante las fuentes revisadas es que esa política explique específicamente el asalto a La Tablada o que Ochoa ordenara personalmente una operación clandestina para ejecutarlo.

LA TABLADA TAMBIÉN DEJÓ UN EXPEDIENTE DE DERECHOS HUMANOS

La historia del asalto no terminó con la recuperación del cuartel. Las circunstancias de la respuesta estatal, el destino de algunos atacantes después de su rendición y las denuncias sobre torturas y desapariciones dieron lugar a procedimientos internacionales y a años de controversia judicial.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos tramitó el caso Juan Carlos Abella y otros y aprobó en 1997 el Informe 55/97 sobre La Tablada. El expediente internacional demuestra que el episodio tuvo posteriormente una dimensión de derechos humanos independiente de la responsabilidad del MTP por iniciar el ataque armado.

Este aspecto resulta importante porque evita simplificar un acontecimiento en el que pueden coexistir responsabilidades distintas. La participación del MTP en el ataque está documentada, mientras que las posibles violaciones cometidas durante y después de la recuperación del cuartel fueron examinadas separadamente por organismos internacionales.

LA PISTA CUBANA SIGUE ABIERTA, PERO NO RESUELTA

Treinta y siete años después, el vínculo entre La Tablada y los militares cubanos sigue dependiendo en gran medida de testimonios. Norberto Fuentes ofrece nombres, escenarios y detalles extraordinariamente específicos: Ochoa, Patricio de la Guardia, Angola, entrenamiento, armas y una supuesta operación realizada a espaldas de Fidel Castro.

Son elementos suficientemente importantes para ser investigados, pero no para ser convertidos automáticamente en hechos probados. Los archivos judiciales argentinos confirman el ataque del MTP y permiten reconstruir buena parte de la operación, pero las fuentes revisadas no establecen documentalmente que Arnaldo Ochoa financiara, armara u organizara el asalto.

La pregunta, por tanto, continúa abierta: ¿existió realmente una operación paralela de militares cubanos vinculados a Ochoa para apoyar a Gorriarán Merlo, o estamos ante una reconstrucción posterior basada en información interna imposible de corroborar hasta ahora? Resolverla requeriría documentos que permitan seguir el recorrido de las armas, archivos militares de Angola y Cuba, expedientes de inteligencia argentinos o testimonios independientes de personas directamente implicadas en aquella supuesta conexión.

La Tablada fue un hecho real, sangriento y ampliamente documentado. La participación secreta de Ochoa que describe Norberto Fuentes pertenece todavía a otra categoría: una acusación histórica concreta, detallada y relevante que continúa esperando pruebas independientes suficientes para convertirse en una conclusión definitiva.

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