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Cuba Bajo Lupa

JUANITA VERA: LA MUJER QUE ENTRÓ A LOS 18 AÑOS EN EL CÍRCULO DE FIDEL CASTRO Y TERMINÓ RODEADA DE SECRETOS INCONFESABLES

Tenía apenas 18 años cuando comenzó a trabajar cerca de Fidel Castro. Con el tiempo, Juana Vera García, conocida como Juanita Vera, dejó de ser una joven intérprete para convertirse en una presencia habitual en viajes, reuniones y conversaciones donde la información podía tener enorme valor político.

Su condición de traductora oficial de Fidel Castro está documentada. Lo que ocurrió más allá de esa relación profesional pertenece a un terreno mucho más controvertido: las memorias de Juan Reinaldo Sánchez, antiguo integrante de la escolta de Castro, contienen afirmaciones sobre una supuesta relación íntima entre ambos que no han sido confirmadas independientemente.

Ahí precisamente está la historia: separar a la mujer cuya extraordinaria cercanía con Castro puede comprobarse de los secretos que años después otros dijeron conocer.

DE UNA FAMILIA CAMPESINA AL CÍRCULO DE FIDEL

Vera nació el 24 de noviembre de 1953 en La Habana y creció en Vereda Nueva, en una familia de origen campesino, según una extensa entrevista biográfica publicada en 2007. Allí relató que comenzó a estudiar inglés siendo adolescente y que su trayectoria profesional terminó llevándola al entorno diplomático cubano.

Su primer trabajo junto a Castro ocurrió en 1972. Tres años después, en 1975, ya era su intérprete oficial, según su propio testimonio.

La dimensión de aquella confianza resulta difícil de exagerar.

Vera contó que acompañó a Castro en 67 de los 76 viajes internacionales que había realizado hasta el momento de aquella entrevista y que estuvo con él como intérprete en alrededor de 50 países.

Los archivos de la Universidad de Nueva York también la identifican expresamente como traductora oficial de Fidel Castro y posteriormente de Raúl Castro, confirmando que ocupó durante años una posición excepcional dentro del aparato cubano.

Incluso aparece documentada junto a Castro en encuentros con figuras internacionales. En 1994, por ejemplo, Vanity Fair describió a Juanita Vera acompañándolo durante una entrevista y facilitando el acceso de la periodista al dirigente cubano.

LO QUE JUAN REINALDO SÁNCHEZ DIJO QUE OCURRÍA EN PRIVADO

La versión más explosiva sobre Juanita Vera apareció años después.

Juan Reinaldo Sánchez, quien afirmó haber pertenecido durante 17 años al círculo de seguridad personal de Castro, publicó sus memorias sobre la vida privada del dirigente cubano. Su editorial presenta el libro como el testimonio de alguien que tuvo acceso durante años al círculo interno del gobernante.

En ese relato, Sánchez sostuvo que la relación entre Vera y Castro habría trascendido lo profesional y afirmó que ambos tuvieron un hijo llamado Abel, nacido en 1983.

La afirmación ha sido reproducida posteriormente por medios como Martí Noticias, pero sigue dependiendo esencialmente del testimonio de Sánchez. No encontramos documentación pública independiente, reconocimiento de Juanita Vera ni confirmación oficial que permita presentar esa paternidad como un hecho demostrado.

Ese punto cambia por completo cómo debe contarse la historia.

No sería riguroso titular que Juanita Vera “fue amante de Fidel Castro” como un hecho establecido. Lo comprobable es que fue una de sus intérpretes de mayor confianza; lo demás constituye una alegación publicada por un antiguo miembro de su escolta.

UNA MUJER CON ACCESO A CONVERSACIONES QUE POCOS PODÍAN ESCUCHAR

Más allá de las revelaciones personales, existe un elemento histórico mucho más sólido.

Un intérprete situado durante décadas al lado del jefe de Estado tenía acceso inevitablemente a conversaciones reservadas, negociaciones diplomáticas y reuniones con dirigentes extranjeros.

Vera no observaba la historia cubana desde una oficina: escuchaba directamente lo que Fidel Castro decía antes de que sus palabras llegaran al interlocutor extranjero.

Por eso su figura continúa despertando interés.

La documentación disponible permite reconstruir a una profesional que pasó prácticamente toda su vida adulta cerca del centro del poder. Los relatos posteriores introducen otra historia mucho más oscura y difícil de verificar: la de una intimidad que supuestamente permaneció escondida detrás de aquella relación profesional.

Entre ambas versiones existe todavía una frontera que el periodismo no debería borrar.

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