HUMBERTO PÉREZ: EL ECONOMISTA QUE FIDEL CASTRO LLEVÓ HASTA LA CIMA, LUEGO LO CULPÓ Y BORRÓ DEL PODER
Durante buena parte de los años setenta y la primera mitad de los ochenta, Humberto Pérez González fue uno de los hombres más influyentes de la economía cubana. No era un funcionario de segunda línea: dirigió la Junta Central de Planificación, ocupó la vicepresidencia del Consejo de Ministros, integró el Buró Político del Partido Comunista y participó directamente en la implantación del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, conocido como SDPE. Después ocurrió algo mucho menos habitual en la narrativa oficial cubana: el hombre colocado en la cima para organizar la economía terminó acusado de haberla organizado mal.
Su historia encierra una de las grandes contradicciones económicas del castrismo. Las políticas que Humberto Pérez ayudó a aplicar habían sido discutidas y aprobadas por la propia dirección revolucionaria, pero cuando Fidel Castro decidió cambiar de rumbo, el economista y su equipo quedaron señalados como responsables de los errores que el nuevo proceso político prometía “rectificar”. Décadas después, el debate sigue abierto: ¿fracasó realmente el modelo de Humberto Pérez o Fidel Castro necesitaba un culpable para justificar otra vuelta de timón?
DE LA SIERRA MAESTRA A LA CÚPULA ECONÓMICA
Humberto Pérez González nació el 6 de diciembre de 1937 en Cabaiguán, actual provincia de Sancti Spíritus. Participó en la lucha clandestina contra Fulgencio Batista y posteriormente combatió en la Columna 8 del Ejército Rebelde, comandada por Ernesto Guevara. Después del triunfo revolucionario se formó como economista en la Escuela Superior del Partido Comunista de la Unión Soviética, en Moscú, donde se graduó en 1964; dos décadas después obtuvo el doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad de La Habana.
Su ascenso fue extraordinario. Entre 1976 y 1985 presidió la JUCEPLAN y estuvo directamente vinculado a la puesta en práctica del nuevo Sistema de Dirección y Planificación de la Economía. Entre 1979 y 1985 fue además vicepresidente del Consejo de Ministros y entre 1980 y 1985 formó parte del Buró Político. Fuentes oficiales cubanas registran asimismo que fue asesor de Raúl Castro en dos períodos, de 1972 a 1976 y de 1985 a 1987, un detalle importante para comprender que su caída no significó inmediatamente una ruptura absoluta con toda la cúpula.
EL “GRUPO DE HUMBERTO” Y EL INTENTO DE PONER ORDEN
Después del fracaso de la Zafra de los Diez Millones y de años marcados por el voluntarismo económico, Cuba intentó durante la década de 1970 introducir mecanismos más previsibles de administración. El llamado “Grupo de Humberto” participó en la preparación del SDPE, que buscaba combinar planificación socialista con mayor disciplina contable, controles financieros, rentabilidad empresarial, estímulos materiales y cierto margen de descentralización.
Manuel García Díaz, quien formó parte de aquel grupo, relató posteriormente que sus integrantes trabajaron durante meses en oficinas del MINFAR preparando propuestas que, después de pasar por Humberto Pérez, eran sometidas a Raúl Castro. El esquema terminó aprobado en el Primer Congreso del PCC de 1975 y comenzó a implantarse al año siguiente. García sostuvo, sin embargo, que Fidel Castro nunca estuvo plenamente cómodo con reformas que reducían la capacidad del poder central para intervenir constantemente en las decisiones económicas.
Ahí comenzó una tensión que terminaría devorando al propio arquitecto del modelo.
EL PROBLEMA NO ERA SOLO ECONÓMICO: ERA QUIÉN CONTROLABA LA ECONOMÍA
Uno de los aspectos más interesantes aparece en estudios académicos posteriores sobre la llamada Rectificación. El economista Carmelo Mesa-Lago señaló que Humberto Pérez se convirtió en uno de los principales blancos ideológicos del nuevo rumbo. Poco antes de su salida de JUCEPLAN, Pérez había reconocido que la aplicación del SDPE estaba siendo obstaculizada precisamente por mecanismos que impedían la descentralización que el sistema necesitaba para funcionar.
Fidel Castro empezó entonces a atacar públicamente la confianza en mecanismos económicos y en los incentivos materiales. Según sus propios discursos recogidos en estudios de la época, advertía que una excesiva autonomía económica podía disminuir el papel político del Partido y sostenía que los mecanismos mercantiles podían generar desigualdad, corrupción y mentalidades capitalistas.
La discusión, por tanto, iba mucho más allá de balances y productividad. El verdadero conflicto enfrentaba dos maneras de dirigir el país: una economía socialista administrada mediante reglas y mecanismos relativamente estables, frente a un modelo donde la dirección política conservara la capacidad de intervenir directamente en prácticamente todo.
LOS MERCADOS CAMPESINOS Y EL PECADO DE GANAR DINERO
La apertura de espacios de mercado durante aquellos años produjo otra batalla. Agricultores, intermediarios y trabajadores privados comenzaron a obtener ingresos que resultaban políticamente incómodos para Fidel Castro. En discursos de la época, Castro denunció la aparición de personas que ganaban decenas de miles de pesos anuales y advirtió que se estaba formando un nuevo estrato de ricos dentro de Cuba.
La contradicción era evidente: los mecanismos económicos podían mejorar determinados incentivos y aumentar la disponibilidad de productos, pero también introducían diferencias de ingresos que chocaban con el discurso igualitarista. La respuesta política terminó siendo restringirlos. En lugar de ampliar aquellos experimentos y regular sus defectos, la dirección cubana decidió presentar buena parte de esas prácticas como desviaciones que había que eliminar.
Ese cambio preparó el terreno para la caída de Humberto Pérez.
DE PRESIDENTE DE JUCEPLAN A INVESTIGADO
El derrumbe fue rápido. En mayo de 1985 Humberto Pérez todavía defendía públicamente la necesidad de perfeccionar el SDPE; un mes después fue destituido de la presidencia de JUCEPLAN. A finales de 1987 fue expulsado del Comité Central, criticado públicamente por el Buró Político y sometido a una investigación penal relacionada con lo que oficialmente se describió como errores, prácticas incorrectas y desviaciones en la planificación económica.
No hemos encontrado evidencia de que aquella investigación terminara en una condena penal contra Pérez. Tampoco aparece documentación pública que demuestre enriquecimiento personal, corrupción patrimonial o apropiación de recursos por parte del economista. El gran “escándalo Humberto Pérez” no parece haber sido una fortuna escondida ni un delito personal: fue una purga política y económica dentro del propio sistema.
Resulta todavía más llamativo que, según la documentación biográfica cubana, Pérez continuara siendo asesor de Raúl Castro hasta 1987, precisamente mientras su posición política se deterioraba.
“TECNÓCRATAS” Y ENEMIGOS: LA ACUSACIÓN QUE MARCÓ AL GRUPO
Manuel García Díaz recordó posteriormente una frase especialmente dura que atribuyó a Fidel Castro contra aquel equipo económico: los habría descrito como un grupo de tecnócratas que había hundido al país. El testimonio incluso recoge una expresión mucho más agresiva relacionada con que “no se pegan un tiro”. Como no hemos localizado hasta ahora la grabación o transcripción oficial original de esa formulación completa, debe presentarse como testimonio de García Díaz y no como cita documental definitivamente autenticada.
Lo que sí está sólidamente documentado es el cambio ideológico. Con el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, Fidel Castro atacó la descentralización, los incentivos materiales y determinados mecanismos mercantiles que habían caracterizado la etapa anterior. Investigaciones académicas describen a Humberto Pérez como el principal blanco de aquel giro.
La ironía resulta difícil de ignorar: un sistema implantado bajo la autoridad del mismo Gobierno terminó presentado como una desviación de la que sus administradores debían responder.
¿UNA CARTA CONTRA LA RECTIFICACIÓN?
Otra de las historias que rodean su caída es la existencia de documentos o posiciones críticas de Humberto Pérez frente al rumbo que estaba tomando la Rectificación. Diferentes reconstrucciones mencionan discrepancias internas, pero no hemos localizado una copia verificable de la supuesta carta distribuida por Pérez durante uno de sus últimos plenos del Comité Central, por lo que no resulta responsable atribuirle contenido específico como si estuviera documentalmente establecido.
La ausencia del documento deja abierta una pregunta importante: cuánto llegó realmente a enfrentarse Humberto Pérez a Fidel Castro y cuánto simplemente defendió, dentro de los límites del propio sistema, las políticas económicas que había ayudado a construir.
DESAPARECER SIN IRSE
Después de ocupar algunos de los cargos más poderosos de Cuba, Humberto Pérez prácticamente desapareció del primer plano político. Décadas más tarde trabajó en funciones económicas y financieras mucho más discretas, incluida la sucursal cubana de la firma canadiense Tri Star Caribbean Inc., donde permaneció hasta 2012.
Su aparición en una actividad pública de la revista Temas en agosto de 2016 fue presentada entonces como una auténtica “reaparición”. Era revelador que un hombre que había pertenecido al Buró Político pudiera provocar sorpresa simplemente por presentarse en una librería de Centro Habana.
Pero Pérez nunca se convirtió en opositor ni renegó públicamente de la Revolución. Incluso cuando volvió a expresar opiniones económicas críticas, mantuvo su identificación con el socialismo cubano.
EL ECONOMISTA SILENCIADO VOLVIÓ A ADVERTIR AL GOBIERNO
En sus últimos años reapareció también el economista. En 2021, Humberto Pérez participó junto a otros especialistas en debates sobre la economía cubana y cuestionó decisiones relacionadas con la reforma monetaria. Un documento referido públicamente por economistas de la isla señalaba que Pérez, Fidel Vascós, Julio Carranza, Pedro Monreal y Joaquín Benavides habían recomendado introducir legalmente micro, pequeñas y medianas empresas y otras formas productivas antes de acometer determinadas transformaciones monetarias y cambiarias; según ese testimonio, la recomendación fue enviada a las autoridades y no recibió respuesta.
Pérez tampoco abandonó la disciplina política. En mensajes publicados en 2021 expresó apoyo al Gobierno de Miguel Díaz-Canel al mismo tiempo que defendía el derecho y la necesidad de formular preocupaciones y observaciones económicas. Esa combinación resume buena parte de su trayectoria final: seguía dentro del proyecto político, pero cada vez parecía más dispuesto a señalar sus errores económicos.
LA ÚLTIMA IRONÍA
Humberto Pérez murió en La Habana el 27 de junio de 2026, a los 88 años. Había nacido en diciembre de 1937, por lo que todavía no había cumplido 89. En diciembre de 2025 el Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana le había entregado en su domicilio un reconocimiento por su trayectoria.
Según relató posteriormente el economista Julio Carranza, Pérez quiso dejar grabado su testimonio en sus últimos meses, pero una periodista habría rechazado entrevistarlo alegando que no sabía quién era. La anécdota, contada por Carranza después de su muerte, tiene algo brutalmente simbólico: uno de los hombres que durante una década estuvo en el centro de la economía cubana había llegado a ser prácticamente desconocido para parte de una generación posterior.
¿FRACASÓ HUMBERTO PÉREZ O LO HICIERON CARGAR CON EL FRACASO?
Sería simplista convertirlo en el reformista que tenía todas las respuestas. Humberto Pérez ayudó a dirigir una economía estatal profundamente centralizada, dependiente del bloque soviético y afectada por graves ineficiencias. Él mismo reconoció décadas después que había cometido errores en la conducción económica y asumió su parte de responsabilidad.
Pero resulta igualmente simplista atribuirle individualmente los problemas de un sistema cuyas decisiones fundamentales dependían de la máxima dirección política. El propio análisis académico de la Rectificación muestra que el enfrentamiento no fue únicamente contra errores técnicos: Fidel Castro rechazaba elementos esenciales de la descentralización y consideraba que ciertos mecanismos económicos podían disminuir el papel del Partido.
Ese puede ser el verdadero misterio de Humberto Pérez. No cayó por querer destruir el socialismo cubano, sino por intentar administrarlo mediante reglas económicas que terminaron chocando con una estructura política donde la última palabra seguía perteneciendo a Fidel Castro.
Durante años lo elevaron porque necesitaban un economista capaz de poner orden. Después lo responsabilizaron cuando ese orden dejó de coincidir con la voluntad del poder.
Humberto Pérez no fue borrado porque abandonara la Revolución. Quizás lo más incómodo de su historia sea precisamente lo contrario: permaneció dentro de ella y vivió lo suficiente para ver cómo muchas de las discusiones económicas por las que fue castigado regresaban una y otra vez a Cuba con nombres diferentes.
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