GASOLINA ENTRE 2000 Y 3000 PESOS POR LITRO: CRECE EN CUBA UN MERCADO INFORMAL DE COMBUSTIBLE EN CASAS Y GARAJES PARTICULARES
La venta privada de combustible en Cuba se está convirtiendo en un fenómeno cada vez más visible en distintas provincias, impulsado por la escasez, la crisis energética y la apertura del Gobierno a nuevos actores económicos. En ese mercado emergente, reportes ciudadanos sitúan el litro de gasolina entre 2.000 y 3.000 pesos cubanos, mientras investigaciones de medios oficiales y reportes internacionales advierten sobre almacenamiento improvisado, reventa, precios elevados y deficiencias de control.
El problema ya no puede reducirse a un caso aislado. Holguín ofrece uno de los ejemplos mejor documentados, pero las advertencias de bomberos en Guantánamo, las inspecciones en Matanzas y la expansión acelerada de empresas autorizadas para importar o distribuir combustible muestran que la comercialización privada se está extendiendo por todo el país. Reuters describió recientemente la aparición de un mercado caótico de reventa, con combustible importado por actores privados que termina comercializándose a precios muy elevados.
La venta privada de combustible en Cuba crece más rápido que los controles
El cambio comenzó a adquirir respaldo institucional en junio, cuando el Gobierno cubano anunció una transformación del sector energético que permite la participación de capital privado y extranjero en la importación y comercialización de combustibles, incluida la venta minorista.
El propio programa aprobado por la Asamblea Nacional contempla ampliar la gestión privada de servicentros y permitir que nuevos actores entren en una actividad que durante décadas estuvo prácticamente monopolizada por el Estado.
A finales de julio, el primer ministro Manuel Marrero aseguró que ya se habían flexibilizado los requisitos para que mipymes y empresas extranjeras participaran en la importación y comercialización mayorista y minorista. Según informó entonces, más de cien actores no estatales habían recibido autorización para importar combustible y se había aprobado el primer negocio extranjero destinado a su comercialización.
Reuters elevó posteriormente la cifra a cerca de 200 empresas cubanas vinculadas a la distribución mayorista, en medio de una crisis de abastecimiento y sucesivos colapsos del Sistema Eléctrico Nacional.
De los servicentros a garajes, viviendas y depósitos improvisados
La expansión comercial, sin embargo, está mostrando un problema paralelo: una parte del combustible termina almacenada y revendida fuera de instalaciones diseñadas para manejar productos altamente inflamables.
Una investigación del periódico oficial ¡Ahora!, en Holguín, señaló que son muy pocos los lugares certificados para almacenar los volúmenes que están entrando a la provincia mediante nuevos actores económicos. El reporte describió situaciones en las que una persona puede adquirir grandes cantidades para un supuesto consumo propio y posteriormente revenderlas desde sitios que no necesariamente reúnen las condiciones para ser inspeccionados o certificados como puntos de almacenamiento.
Las normas citadas por ese medio exigen ventilación, extintores, señalización, delimitación de las áreas y personal capacitado. También establecen límites para transportar combustible en recipientes y medidas destinadas a reducir el riesgo de incendios durante el trasvase.
El contraste está en la fiscalización: la investigación señaló que únicamente se habían impuesto cuatro multas de 60 pesos en establecimientos sujetos a control, una cantidad que el propio reporte consideró insuficiente frente a la magnitud de las irregularidades detectadas.
Gasolina de 2.000 a 3.000 pesos: un combustible fuera del alcance de muchos
En distintas zonas del país se reportan actualmente precios que oscilan entre 2.000 y 3.000 pesos cubanos por litro de gasolina en circuitos privados o de reventa. CubaBajoLupa no ha podido verificar que ese rango sea uniforme en todas las provincias, por lo que debe entenderse como un precio reportado en distintos mercados locales y no como una tarifa nacional oficial.
La dimensión del problema queda clara incluso utilizando datos internacionales. Reuters documentó combustible revendido en Cuba a precios de hasta 38 dólares por galón, dentro de un mercado que calificó como desordenado y surgido alrededor de importaciones privadas autorizadas por Estados Unidos y posteriormente revendidas dentro de la isla.
Para una población cuyos ingresos permanecen muy por debajo del costo de esos combustibles, la aparición de una oferta privada no significa necesariamente mayor acceso. En muchos casos, significa que el producto existe, pero a precios imposibles para buena parte de los ciudadanos.
El riesgo no es solamente económico
El precio resulta llamativo, pero el almacenamiento puede representar un peligro todavía mayor.
Los combustibles generan vapores inflamables y una descarga electrostática durante su manipulación puede provocar un incendio incluso sin una llama visible. Por esa razón, las normas obligan a utilizar instalaciones adecuadas, sistemas de puesta a tierra, ventilación y medidas de contención.
Las alertas ya han aparecido fuera de Holguín. Bomberos de Guantánamo han denunciado prácticas como almacenamiento en grandes recipientes plásticos, ausencia de sistemas de puesta a tierra y carencia de muros de contención.
Ese escenario muestra una consecuencia previsible de abrir rápidamente un mercado altamente regulado sin ampliar al mismo ritmo la capacidad de inspección: el combustible puede pasar de importadores autorizados a redes informales de almacenamiento y reventa difíciles de supervisar.
Una apertura provocada por la crisis energética
El Gobierno presenta la participación privada como una vía para ampliar la oferta y mejorar la distribución. Díaz-Canel aseguró en junio que la comercialización por formas no estatales estaría sometida a regulación estatal y a “márgenes de utilidad razonables y transparentes”.
La realidad documentada semanas después muestra una transición mucho más complicada.
Cuba atraviesa una profunda escasez de combustible y una crisis eléctrica marcada por apagones nacionales y déficits de generación. Reuters informó este mes sobre otro colapso de la red eléctrica nacional y señaló que la disminución de suministros externos ha obligado a La Habana a abrir espacios inéditos a empresas privadas dentro del sector energético.
La paradoja es evidente: el Estado abrió el negocio privado del combustible precisamente porque no logra garantizar suficiente suministro, pero esa apertura está generando un mercado donde el acceso depende cada vez más del poder adquisitivo y donde la fiscalización parece avanzar más lentamente que el negocio.
El desafío, por tanto, ya no consiste únicamente en conseguir gasolina. También pasa por determinar quién la vende, a qué precio, dónde se almacena y bajo qué condiciones de seguridad.
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