“FIDEL LO SABÍA TODO”: LA FRASE QUE LE COSTÓ LA VIDA A JOSÉ ABRANTES Y QUE SIGUE RODEADA DE MISTERIO
José Abrantes Fernández pasó de ser uno de los hombres más cercanos a Fidel Castro a terminar condenado y recluido en una prisión de máxima seguridad. Allí murió en enero de 1991, oficialmente a causa de un infarto agudo del miocardio. Sin embargo, alrededor de sus últimos días persiste una versión mucho más inquietante: que poco antes de morir habría pronunciado una frase capaz de comprometer directamente al máximo liderazgo cubano en el escándalo de narcotráfico de 1989.
La frase atribuida a Abrantes es contundente: “Sobre la droga, Fidel lo sabía todo. Yo le informaba sin entrar en muchos detalles”. Según el relato atribuido al escritor Norberto Fuentes, esas palabras habrían sido pronunciadas ante Patricio de la Guardia mientras ambos estaban presos en Guanajay.
No existe una grabación pública ni un documento judicial independiente que permita presentar esa conversación como un hecho probado. Pero el episodio se convirtió con los años en una de las piezas más polémicas del rompecabezas dejado por las llamadas Causas 1 y 2 de 1989.
JOSÉ ABRANTES: DE LA ESCOLTA DE FIDEL AL MINISTERIO DEL INTERIOR
Abrantes no era un funcionario periférico. Había formado parte durante años del dispositivo de seguridad personal de Fidel Castro y llegó a ocupar uno de los cargos más sensibles del Estado: ministro del Interior.
Su cercanía con el poder hacía especialmente delicada cualquier declaración suya sobre operaciones secretas. El Ministerio del Interior controlaba inteligencia, contrainteligencia y estructuras encargadas de operaciones que trascendían ampliamente las funciones policiales tradicionales.
En 1989, el Gobierno cubano quedó sacudido por el proceso contra el general Arnaldo Ochoa, Antonio de la Guardia y otros oficiales acusados de narcotráfico y delitos relacionados. Cuatro condenados fueron finalmente fusilados.
Abrantes cayó poco después. En la denominada Causa Número 2, fue responsabilizado junto a otros altos funcionarios del Ministerio del Interior y condenado a 20 años de prisión.
El hombre que durante décadas había estado cerca del centro del poder terminó encerrado dentro del mismo aparato que había ayudado a dirigir.
LA FRASE QUE HABRÍA CAMBIADO TODO
La versión más explosiva sitúa el momento clave el 18 de enero de 1991. Según el relato posteriormente difundido por Norberto Fuentes, Abrantes habría conversado dentro de la prisión con Patricio de la Guardia, hermano gemelo de Antonio de la Guardia, uno de los fusilados en 1989.
Patricio quería saber hasta dónde llegaba realmente el conocimiento de la cúpula cubana sobre las operaciones que habían provocado las condenas.
Es en ese contexto donde Abrantes habría afirmado: “Sobre la droga, Fidel lo sabía todo”.
Y habría añadido que informaba a Castro, aunque sin entrar en todos los detalles. De ser auténtica, aquella afirmación cuestionaría frontalmente la versión según la cual las operaciones ilícitas habían sido realizadas exclusivamente por oficiales que actuaban sin conocimiento de la máxima dirección del país.
Pero precisamente por la gravedad de esa implicación, la declaración debe tratarse como un testimonio atribuido a una fuente y no como una confesión documentalmente comprobada.
TRES DÍAS DESPUÉS, ABRANTES ESTABA MUERTO
La proximidad temporal es una de las razones por las que el episodio continúa generando sospechas.
La conversación habría ocurrido el 18 de enero. Abrantes sufrió posteriormente una crisis cardíaca y su muerte fue informada oficialmente el 22 de enero de 1991.
La explicación oficial fue un infarto agudo del miocardio. Ahí termina lo que puede afirmarse con seguridad sobre la causa oficialmente informada.
Después aparecieron otras versiones mucho más graves. Algunos relatos sostienen que Abrantes habría recibido medicamentos capaces de deteriorar su estado de salud, entre ellos supuestos digitálicos y diuréticos. También se ha alegado que, cuando comenzó a sentirse mal, habría tardado en recibir asistencia médica.
Existen incluso versiones que describen su muerte como una eliminación deliberada para impedir que pudiera revelar información sobre el funcionamiento interno del régimen.
Nada de eso ha sido demostrado mediante una investigación forense independiente conocida públicamente.
Por eso, afirmar directamente que Abrantes fue asesinado sería ir más allá de las evidencias disponibles.
EL PROBLEMA QUE DEJÓ SU MUERTE
El verdadero peso histórico del caso no depende únicamente de resolver cómo murió. Abrantes conocía durante años el funcionamiento de las estructuras de seguridad cubanas y había ocupado una posición excepcionalmente cercana a Fidel Castro. Eso significa que probablemente poseía información que muy pocos funcionarios tenían.
Su caída ocurrió además en medio de una purga profunda del Ministerio del Interior después del proceso contra Ochoa.
La estructura quedó reorganizada y muchos de sus principales responsables desaparecieron de los puestos que habían ocupado durante años.
Abrantes, mientras tanto, nunca volvió a hablar públicamente. Ahí está precisamente el punto que mantiene viva la historia más de tres décadas después. Sabemos que fue ministro, que fue procesado, que recibió una condena de 20 años y que murió en prisión poco después.
Lo que todavía no puede probarse es si aquella frase atribuida a él —“Fidel lo sabía todo”— fue realmente pronunciada en los términos que después se difundieron y, sobre todo, si su muerte tuvo alguna relación con lo que supuestamente había comenzado a revelar.
Entre una muerte oficialmente atribuida a un infarto y las acusaciones posteriores de un posible silenciamiento existe una enorme zona gris.
Y es precisamente dentro de esa zona donde continúa viviendo uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Cuba.
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