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Cuba Bajo Lupa

“ESPERO VER ALGUNA MEJORA ANTES DE MORIR”: CAMPESINA CUBANA DENUNCIA EL ABANDONO DE SU COMUNIDAD SIN ELECTRICIDAD Y SIN COMIDA

En Río La Mula, municipio Guamá, Santiago de Cuba, la vida cotidiana sigue dependiendo de soluciones que parecen de otra época: cocinar con leña, conservar alimentos sin refrigeración estable, alumbrarse con pequeños paneles solares y caminar hasta un farallón para intentar conseguir cobertura telefónica.

La realidad fue mostrada por el canal Rincón de Mamá Cubana, durante una visita a la casa de un tío de 80 años. El video documenta cómo una familia campesina organiza su día en una comunidad apartada donde la electricidad y las comunicaciones funcionan de manera extremadamente limitada. La creadora resume desde el inicio que allí viven sin corriente estable, cocinan con leña y deben “ingeniárselas como puedan”.

PEQUEÑOS PANELES PARA SOBREVIVIR A LA OSCURIDAD

Según se explica en el video, algunas viviendas de la localidad recibieron pequeños paneles solares, especialmente hogares con niños y adultos mayores.

El sistema mostrado alimenta dos bombillos y también puede utilizarse para cargar un teléfono, aunque con grandes limitaciones. La creadora asegura que su propio móvil llegó a marcar unas 10 horas para completar la carga bajo el sol.

El poblado depende además de una planta que funciona con combustible. El problema, según los testimonios, es que la falta de petróleo ha dejado a la comunidad largos períodos sin servicio. En la grabación, realizada el 17 de julio, se afirma que llevaban sin electricidad desde el Día de los Padres.

“NOS MERECEMOS COCINAR CON GAS”

Uno de los testimonios más fuertes lo ofrece Anaires Martínez Gómez, de 65 años, mientras prepara comida en un fogón de leña.

La mujer cuestiona que, después de tantos años, las campesinas continúen dependiendo de ese método para cocinar y pide que se atiendan las condiciones en que viven.

Explica también que conseguir leña es cada vez más difícil y que deben internarse en zonas montañosas para buscarla. Según su relato, antes recibían unas cuatro horas de electricidad por la noche, pero en el momento del video ya no tenían servicio debido a la falta de combustible.

La falta de luz cambia incluso los horarios: hay que cocinar antes de que oscurezca porque después resulta difícil ver lo que se está haciendo.

SIN COBERTURA, INCLUSO ANTE UNA EMERGENCIA

El aislamiento también alcanza las comunicaciones.

Los residentes explican que la cobertura telefónica depende de que otras instalaciones de la zona tengan electricidad y que, aun cuando funciona, la señal puede ser muy débil.

La creadora asegura que pasó dos días sin conseguir comunicarse con su familia en Santiago de Cuba.

El problema se vuelve más serio cuando se habla de una emergencia médica. Según una residente, si alguien enferma y no hay comunicación, el traslado puede depender de una hamaca o un carretón hasta llegar a un punto donde sea posible recibir atención y buscar ayuda adicional.

HACER SAL, SECAR CARNE Y VOLVER A MÉTODOS ANTIGUOS

La escasez obliga además a recuperar técnicas tradicionales.

En el video muestran cómo utilizan bijol cultivado por ellos mismos y cómo algunas familias elaboran sal a partir de agua de mar, hirviéndola durante horas hasta obtener el producto sólido.

Una de las mujeres afirma que llegaron a producir unas 10 libras y que parte de esa cantidad fue repartida entre vecinos.

También explican que la carne se conserva mediante salado, secado al sol o al humo, precisamente porque no pueden confiar en una refrigeración constante.

SUBIR AL FARALLÓN PARA PODER HABLAR CON LA FAMILIA

Al caer la noche, la falta de electricidad y entretenimiento transforma por completo la rutina.

Según los testimonios, muchos adultos se acuestan temprano. Los jóvenes conversan en la calle, escuchan música cuando pueden o juegan dominó con algún bombillo.

Para conseguir señal telefónica, varios vecinos suben hasta un farallón cercano al mar. La creadora muestra cómo, cuando finalmente aparece cobertura, distintas personas acuden al mismo punto para recibir mensajes, hacer llamadas y ponerse al día con familiares que viven lejos.

El video también muestra otra cara de la comunidad: frutas, animales, río, vecinos que comparten lo que tienen y una fuerte relación familiar.

Pero esa belleza rural convive con una contradicción difícil de ignorar: personas mayores que todavía cocinan con leña, viviendas sin electricidad durante días y familias que deben subir una loma simplemente para decir “estoy bien” por teléfono.

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