EMPRESA ELÉCTRICA DE LA HABANA SALE EN DEFENSA DE LOS LINIEROS TRAS DENUNCIAS DE CORRUPCIÓN Y “VENTA” DE CORRIENTE
La Empresa Eléctrica de La Habana publicó un comunicado para defender la labor de sus linieros y presentar las manipulaciones de redes como operaciones técnicas controladas. El problema es que esa versión llega pocos días después de que la propia Unión Eléctrica reconociera públicamente un caso de corrupción que involucró a dos linieros en Calabazar.
En su mensaje, la empresa asegura que las maniobras en las líneas eléctricas se realizan bajo control del Despacho Provincial de Carga y responden a reparaciones, sustitución de transformadores, balanceo de cargas y mantenimiento.
Además, subraya que esos trabajos son gratuitos y califica la labor de los linieros como “profundamente altruista”.
Hasta ahí, nada que discutir sobre quienes cumplen honestamente su trabajo en condiciones durísimas.
Pero convertir esa defensa legítima del trabajador honrado en una respuesta general a las sospechas ciudadanas deja fuera un hecho incómodo: las denuncias recientes no nacieron simplemente del “desconocimiento” de la población.
El caso Calabazar fue reconocido por la propia UNE
El 18 de julio, 14ymedio informó que la Unión Eléctrica reconoció oficialmente un caso ocurrido en Calabazar, Boyeros, donde dos linieros fueron retenidos por vecinos y posteriormente arrestados, acusados de negociar ilegalmente el suministro eléctrico. La UNE confirmó que ambos trabajadores estaban involucrados en el incidente y que las autoridades investigaban lo sucedido.
Un día antes, CiberCuba había recogido la denuncia de una residente de la zona, quien aseguraba que determinados negocios privados y circuitos recibían electricidad de forma privilegiada mientras el barrio padecía largas horas de apagón. Según su relato, vecinos sorprendieron a trabajadores vinculados al sistema eléctrico y denunciaron que llevaban dinero y cajas de cerveza. Esas acusaciones proceden del testimonio ciudadano y no todas han sido verificadas independientemente, pero el incidente terminó siendo reconocido por la UNE.
Periódico Cubano también reportó el arresto de dos trabajadores en Boyeros por un presunto esquema para favorecer con electricidad a negocios privados y determinados circuitos a cambio de pagos.
Y cuando la UNE reaccionó al escándalo, no negó que hubiera trabajadores implicados: aseguró que esos comportamientos no representaban la ética y los valores de la entidad.
Eso cambia por completo el contexto del nuevo comunicado.
Porque sí: un liniero que cambia un transformador, repara una primaria o trabaja de madrugada después de un colapso merece reconocimiento.
Pero denunciar corrupción comprobada o bajo investigación no equivale a atacar a todos los linieros.
Hasta el PCC reconoció que existen denuncias
El asunto llegó incluso a niveles políticos.
Según publicó Periódico Cubano el 22 de julio, Roberto Morales Ojeda reconoció denuncias de corrupción vinculadas a la distribución eléctrica, aunque intentó reducir su alcance al hablar de apenas “cuatro o cinco” trabajadores implicados.
Por tanto, la discusión ya no puede reducirse a que los ciudadanos “no entienden” las maniobras técnicas.
Hay al menos un caso reconocido oficialmente, trabajadores investigados y denuncias concretas sobre posibles privilegios en la distribución de electricidad.
Y eso ocurre mientras buena parte de La Habana soporta apagones extremos.
En julio, prácticamente todos los municipios de la capital han sufrido averías, disparos de circuitos y cortes prolongados, según reportes de la propia Empresa Eléctrica.
En ese contexto, cualquier sospecha de que alguien pueda pagar para recibir una electricidad que falta en la casa de otro cubano se convierte en gasolina sobre fuego.
🔥 La Empresa Eléctrica tiene todo el derecho a defender a los linieros honestos. Lo que no puede hacer es usar el sacrificio de esos trabajadores como escudo para borrar casos de corrupción que la propia UNE ya tuvo que reconocer.
Una cosa es defender al trabajador que sube al poste.
Otra muy distinta es pretender que, porque muchos trabajan con sacrificio, nadie puede preguntar quién baja el interruptor, quién lo sube y por qué algunas zonas parecen tener una suerte que otras nunca conocen.
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