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Cuba Bajo Lupa

EL MANCO RONDÁN: ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA DEL PRIMER GRAN ASESINO SERIAL QUE ATERRORIZÓ A HOLGUÍN

Francisco Rondán Rodríguez fue uno de los hombres más ricos e influyentes del Holguín colonial. Su nombre está ligado a La Periquera, la monumental casona que mandó construir frente a la antigua Plaza de Armas y que hoy alberga el Museo Provincial de Historia. Pero alrededor de su figura también sobrevive una historia mucho más inquietante: la tradición popular lo señala como responsable de asesinatos y desapariciones de viajeros en una hostería conocida como la Casa Larga.

La parte comprobable de su biografía es suficiente para explicar por qué dejó huella. Fuentes históricas coinciden en que Rondán fue un comerciante español de enorme fortuna, propietario de almacenes, ingenios y esclavos, y que entre 1866 y 1867 llegó a ejercer como alcalde ordinario de Holguín. También está documentado que su residencia, posteriormente conocida como La Periquera, fue uno de los edificios más importantes de la ciudad durante las guerras independentistas.

Lo que resulta mucho más difícil de demostrar son las historias de sangre que todavía acompañan su apellido.

EL MANCO RONDÁN Y LA CASA LARGA

Diversas crónicas locales sitúan otra propiedad de Rondán en Auras, actual Floro Pérez, en la zona de Gibara. Allí habría funcionado la llamada Casa Larga, un establecimiento destinado a viajeros y comerciantes que transitaban entre Holguín y la costa.

Una crónica atribuida al investigador Ángel Quintana Bermúdez señala expresamente que la tradición popular relaciona la fortuna de Rondán con negocios turbulentos que incluían el tráfico de esclavos y supuestos asesinatos de huéspedes adinerados. La propia fuente presenta esa parte del relato como una historia transmitida por generaciones, no como un expediente judicial probado.

Según esas versiones, la Casa Larga habría contado con habitaciones ocultas, sótanos y pasadizos. El relato más repetido sostiene que Rondán y un cómplice seleccionaban a comerciantes con dinero, los atraían a una partida de cartas y posteriormente los hacían desaparecer para quedarse con sus pertenencias.

La historia ha sido repetida durante décadas, pero aquí aparece una distinción fundamental: no hemos localizado documentación judicial o forense contemporánea que permita establecer cuántas personas murieron allí, ni siquiera confirmar con certeza que el mecanismo descrito existiera exactamente como lo cuenta la tradición.

¿REALMENTE FUE UN ASESINO EN SERIE?

Algunas publicaciones modernas elevan el número de supuestas víctimas por encima del centenar. Sin embargo, esa cifra debe tratarse con mucha cautela.

Las fuentes históricas de mayor peso consultadas para este artículo sí confirman que Francisco Rondán fue un hombre extremadamente rico, propietario de esclavos y figura relevante del Holguín del siglo XIX. También confirman su relación con La Periquera y su participación en la vida política local. Pero no documentan una condena por asesinato ni un registro comprobado de más de cien víctimas.

Por eso, presentarlo directamente como “el mayor asesino en serie de Cuba” sería ir más lejos de lo que permite la evidencia disponible.

Lo más preciso es hablar de la leyenda criminal del Manco Rondán, una historia que ha sobrevivido en la memoria popular holguinera y que diferentes cronistas han recogido posteriormente.

DE COMERCIANTE A ALCALDE Y PROPIETARIO DE LA PERIQUERA

La parte mejor documentada de su trayectoria resulta igualmente llamativa. Rondán llegó a convertirse en uno de los propietarios más poderosos de la región y mandó construir entre 1860 y 1868 la residencia que después sería conocida como La Periquera. El edificio fue utilizado como bastión por fuerzas españolas durante el sitio de Holguín de 1868 y posteriormente funcionó durante décadas como Casa de Gobierno.

Una crónica histórica también sitúa a Rondán como alcalde ordinario de Holguín entre 1866 y 1867 y relata que, durante la Guerra de los Diez Años, su casona acogió a militares españoles y civiles que se refugiaron allí durante el asedio mambí.

Rondán murió en Gibara el 27 de junio de 1875, a los 79 años, según la misma reconstrucción histórica.

UNA LEYENDA QUE TODAVÍA SOBREVIVE EN HOLGUÍN

La fama oscura del Manco Rondán terminó trascendiendo cualquier documento. Varias crónicas locales recogen que durante generaciones en Auras y otras zonas de Holguín se utilizó su nombre como referencia para describir a alguien extremadamente malo.

Ese detalle ayuda a entender por qué su historia sigue apareciendo casi dos siglos después. La documentación confirma al poderoso comerciante, al esclavista, al propietario de La Periquera y al político local. La tradición oral, en cambio, añade al asesino, los túneles, las trampillas y los viajeros que nunca regresaron.

Entre historia y leyenda está precisamente el atractivo —y el problema— del Manco Rondán: separar aquello que puede probarse de lo que Holguín lleva generaciones contando.

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