DÍAZ-CANEL PIDE A LOS CUBANOS “SALVAR” LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO ¿EN SERIO LIMONARDO?
Miguel Díaz-Canel volvió a situar la defensa del sistema socialista entre las prioridades del Gobierno cubano y aseguró que existen tres principios que deben ser “salvados” incluso en medio de las dificultades actuales: la independencia del país, la Revolución y los valores y conquistas atribuidos al socialismo. La idea forma parte de un discurso pronunciado durante las celebraciones oficiales por el centenario del nacimiento de Fidel Castro y posteriormente reproducido por medios y cuentas vinculadas al Gobierno.
La declaración resulta significativa porque el propio Díaz-Canel vinculó esos principios con el proceso de transformaciones económicas y sociales en Cuba, dejando claro que los cambios emprendidos por su Administración no pretenden sustituir el modelo socialista, sino intentar recuperarlo y preservarlo. “Bajo esa premisa emprendemos un desafiante proceso de Transformaciones Económicas y Sociales”, afirmó durante su intervención oficial.
DÍAZ-CANEL VUELVE A PRESENTAR A FIDEL COMO LA “SALIDA”
El gobernante también volvió a colocar el pensamiento de Fidel Castro como referencia para enfrentar la situación económica, energética y social del país. En su discurso sostuvo que, por difíciles que sean las circunstancias, “en Fidel sigue estando la clave” para encontrar una salida.
La insistencia no es aislada. Durante las actividades por el centenario de Castro, Díaz-Canel afirmó que el antiguo gobernante continúa siendo una guía ideológica y describió su legado como una fuente de inspiración para las nuevas generaciones y para la continuidad del sistema político cubano. Llegó incluso a declarar que Fidel estaba “de vuelta” de una manera que, según sus palabras, debía “aterrar a sus adversarios”.
Ese discurso muestra que, frente a la crisis, la respuesta política de la dirección cubana sigue apoyándose no solo en modificaciones económicas, sino también en una reafirmación ideológica explícita.
LAS REFORMAS NO BUSCAN UN GIRO HACIA EL CAPITALISMO
Díaz-Canel ya había fijado esa posición a finales de julio ante la Asamblea Nacional. En aquella intervención negó que las transformaciones económicas fueran el inicio de una privatización generalizada y afirmó que el Gobierno no pretende establecer un “capitalismo depredador”. También aseguró que no habrá privatización de sectores como salud, educación, ciencia, cultura y otros servicios considerados estratégicos.
Su planteamiento fue que la recuperación económica debe avanzar junto a la recuperación social y que la eficiencia debe ponerse al servicio de la justicia social. Además, reafirmó el papel del Partido Comunista como “fuerza dirigente superior” dentro del proceso de cambios.
El mensaje, por tanto, reduce las expectativas de que las reformas actualmente impulsadas puedan desembocar en una liberalización política o económica de mayor alcance: el propio Gobierno las presenta como instrumentos para sostener el socialismo, no para reemplazarlo.
ENDURECE TAMBIÉN SU DISCURSO CONTRA ESTADOS UNIDOS
Paralelamente, Díaz-Canel ha intensificado su retórica contra Washington. En el discurso por el centenario de Fidel Castro calificó al Gobierno estadounidense de “régimen fascista” y acusó a Estados Unidos de “arrecia[r] el genocidio” contra el pueblo cubano mediante medidas destinadas, según su versión, a impedir el bienestar y la calidad de vida en la Isla.
Días antes había utilizado expresiones similares ante el Parlamento cubano, donde habló de un “régimen neofascista” en Estados Unidos y sostuvo que Cuba enfrenta un cerco económico y energético dirigido a provocar el derrocamiento del sistema.
Estas expresiones corresponden a la caracterización política hecha por Díaz-Canel. No equivalen a una determinación jurídica internacional de que Estados Unidos esté cometiendo genocidio contra Cuba.
UNA APUESTA POR LA CONTINUIDAD
El discurso deja pocas dudas sobre la orientación política que la dirigencia cubana pretende dar a las transformaciones económicas: aceptar determinados cambios de gestión y organización sin modificar los pilares del sistema.
La contradicción que queda planteada es evidente. Mientras el Gobierno reconoce que atraviesa circunstancias extraordinariamente difíciles y habla de transformaciones profundas, simultáneamente establece límites ideológicos que considera “irrenunciables”.
En otras palabras, Díaz-Canel presenta el cambio como necesario, pero únicamente dentro del socialismo. Y frente a una crisis que exige nuevas respuestas, vuelve a buscar en Fidel Castro —fallecido en 2016— la referencia política para definir hasta dónde Cuba puede transformarse y qué elementos, según el Gobierno, no están sujetos a discusión.
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