DÍAZ-CANEL NIEGA POSEER RIQUEZAS Y ASEGURA QUE SU ÚNICO PATRIMONIO ES SU CASA «Y LO NORMAL» QUE PUDIERA TENER CUALQUIER CUBANO
Miguel Díaz-Canel aseguró que “le duele mucho” la crisis que atraviesa el pueblo cubano y rechazó la idea de pertenecer a una élite enriquecida, durante una extensa entrevista concedida en La Habana a la periodista Mônica Bergamo, del diario brasileño Folha de S.Paulo. El gobernante afirmó que procede de una familia trabajadora y sostuvo que no posee grandes propiedades, riquezas acumuladas ni cuentas bancarias en Estados Unidos.
Las declaraciones llegan mientras Cuba atraviesa una emergencia energética y económica de enorme magnitud, con apagones que en algunas zonas superan las 20 horas y graves dificultades en transporte, abastecimiento y servicios sanitarios. Díaz-Canel reconoce la gravedad de esa realidad, pero mantiene que las sanciones y restricciones estadounidenses son la causa determinante de la crisis, una explicación cuestionada incluso durante la propia entrevista por las referencias de la periodista a la burocracia y los problemas internos acumulados.
DÍAZ-CANEL DICE QUE “LE DUELE” LA CRISIS EN CUBA
Al referirse a las dificultades que enfrentan los ciudadanos, Díaz-Canel buscó marcar distancia respecto a la imagen de una dirigencia ajena a los problemas cotidianos. Aseguró ser hijo de un obrero y una maestra y afirmó que vive con “lo normal”, sin propiedades ni fortunas acumuladas.
La afirmación sobre su patrimonio corresponde al propio mandatario y no puede verificarse de forma independiente a partir de la entrevista. Su comentario adquiere relevancia precisamente porque una de las críticas recurrentes contra el sistema cubano apunta a la distancia existente entre las condiciones de vida de buena parte de la población y las ventajas asociadas a determinados sectores del poder estatal.
El gobernante también mencionó las sanciones impuestas por Estados Unidos contra él y miembros de su familia. Washington sancionó en junio a Díaz-Canel, a su esposa Lis Cuesta Peraza y a su hijastro Manuel Anido Cuesta, además de otros funcionarios y personas vinculadas a la cúpula cubana. Las medidas bloquean activos que puedan encontrarse bajo jurisdicción estadounidense y restringen determinadas operaciones financieras.
Díaz-Canel restó importancia al castigo asegurando que no posee cuentas ni propiedades en Estados Unidos y que tampoco tiene interés en establecerse allí.
APAGONES DE HASTA 40 HORAS Y UNA RED ELÉCTRICA AL LÍMITE
El apartado más revelador de la entrevista fue posiblemente el relacionado con la energía. Díaz-Canel aseguró que durante siete meses Cuba recibió únicamente un cargamento estatal de petróleo procedente de Rusia, de unas 100.000 toneladas, mientras el país necesitaría el equivalente a siete buques de combustible cada mes para cubrir sus necesidades. Según dijo, las importaciones realizadas por privados durante todo ese período equivaldrían aproximadamente a otro barco.
El presidente afirmó además que unos 1.400 MW de generación distribuida quedaron fuera de servicio por falta de combustible. Según su versión, disponer de esa capacidad habría permitido reducir los apagones aproximadamente a tres horas diarias. En cambio, reconoció cortes de más de 20 y 30 horas y, en determinados casos, superiores a las 40 horas.
Los datos de la propia Unión Eléctrica confirman la dimensión excepcional de la crisis. El 4 de agosto se registró un déficit máximo de 2.411 MW, récord histórico reportado públicamente al día siguiente, con una generación que cubrió menos de una cuarta parte de la demanda en el momento más crítico.
LAS CIFRAS SANITARIAS QUE RECONOCIÓ EL PROPIO GOBERNANTE
Díaz-Canel ofreció además cifras poco habituales sobre el deterioro de los servicios públicos. Según declaró a Folha, más de 98.000 pacientes esperan por una cirugía, incluidos 12.000 niños; más de 117.000 pacientes con cáncer, entre ellos unos 1.200 menores, enfrentan dificultades para recibir los tratamientos necesarios, y Cuba solo logra cubrir alrededor del 30% del cuadro básico de medicamentos. También habló de más de 64.000 menores con esquemas de inmunización atrasados.
El propio mandatario reconoció que la mortalidad infantil, históricamente situada por las autoridades cubanas alrededor de cuatro o cinco fallecimientos por cada mil nacidos vivos, se ha más que duplicado. Cifras similares habían sido ofrecidas por Díaz-Canel semanas antes en otra entrevista internacional, aunque entonces mencionó más de 67.000 menores con atraso en la inmunización, una diferencia que aconseja tratar ambos números como datos declarados por el Gobierno y no como un censo independiente.
ADMITE PROBLEMAS INTERNOS, PERO CULPA PRINCIPALMENTE A WASHINGTON
Cuando Bergamo le planteó que muchos cubanos también responsabilizan a la burocracia y a decisiones internas por la situación del país, Díaz-Canel reconoció errores, lentitud e insatisfacciones con la gestión estatal. Sin embargo, insistió en que, aun si el Gobierno hubiera actuado correctamente en todos los ámbitos, el embargo y las nuevas sanciones estadounidenses seguirían siendo, a su juicio, la principal causa de la crisis.
Esa explicación deja abierto uno de los debates centrales sobre Cuba: cuánto de la actual catástrofe económica corresponde a la presión externa y cuánto a décadas de decisiones internas, centralización, baja productividad y reformas pospuestas. El propio paquete de 176 medidas económicas aprobado en junio reconoce la necesidad de cambios importantes, incluida una ampliación sin precedentes del papel del sector privado.
Díaz-Canel, sin embargo, negó que esas reformas representen un giro hacia el capitalismo y aseguró que son el resultado de discusiones iniciadas hace más de una década. Sobre un posible diálogo con Washington, admitió que el canal se encuentra estancado y que, aunque funcionarios de ambos gobiernos han conversado, no existe todavía una agenda capaz de producir avances concretos.
La entrevista deja así una contradicción que difícilmente pasa inadvertida: el presidente asegura compartir y sentir el sufrimiento de la población, al mismo tiempo que encabeza un sistema que reconoce cifras extraordinariamente graves de apagones, deterioro sanitario y escasez. Su explicación responsabiliza principalmente a Estados Unidos; la discusión sobre la responsabilidad interna, en cambio, continúa abierta.
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