CIGARROS A 1.500 PESOS EN CUBA: LA HISTORIA DE UN HOMBRE QUE YA NO PUEDE PAGAR NI SUS PEQUEÑOS PLACERES
El precio de los cigarros en Cuba, donde una cajetilla puede alcanzar los 1.500 pesos en el mercado informal, se ha convertido en otro ejemplo de la pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos. Una publicación de la periodista Yuliet Pérez Calaña, residente en la Isla de la Juventud, expone cómo una persona ha tenido que abandonar un hábito no por decisión propia, sino porque económicamente ya no puede sostenerlo.
El testimonio gira alrededor de un hombre conocido como Rolo, quien lleva meses sin fumar con regularidad ante el elevado costo del tabaco. Su historia ha provocado reacciones que van mucho más allá del consumo de cigarros y apuntan a una preocupación compartida por numerosos cubanos: la dificultad creciente para decidir cómo utilizar sus propios ingresos.
El Rolo: un cubano que guarda medio cigarro para tiempos peores
Yuliet Pérez Calaña, conocida en Facebook como Yuliet PC, relató que Rolo ha dejado prácticamente de fumar porque cada cigarrillo puede costar 50 pesos o más, una cantidad difícil de justificar cuando existen otras necesidades familiares.
La periodista explicó que en ocasiones le ha ofrecido 1.500 pesos para comprar una caja, pero él se niega a emplear esa suma en tabaco. Según su testimonio, cuando consigue algún cigarro prefiere consumir solamente la mitad y reservar el resto.
Uno de los detalles más reveladores del relato es que Rolo guarda esos pequeños sobrantes entre las grietas de las piedras del portal de su vivienda. No se trata simplemente de una costumbre de ahorro: según Pérez Calaña, lo hace convencido de que las condiciones económicas podrían empeorar.
La autora también cuenta que, en ocasiones, Rolo recurre al azúcar para intentar controlar sus deseos de fumar, aunque precisa que ni siquiera ese producto está siempre disponible.
La historia es un testimonio personal publicado en redes sociales y no una investigación estadística sobre el consumo de tabaco. Su relevancia está en mostrar cómo la pérdida de capacidad adquisitiva puede modificar decisiones cotidianas aparentemente pequeñas.
Precio de los cigarros en Cuba: una enorme distancia entre la tarifa estatal y el mercado informal
El contraste entre los precios regulados y los importes denunciados en el mercado informal permite entender mejor la dimensión económica del problema.
La Resolución 63/2024 del Ministerio de Finanzas y Precios, aplicada desde abril de 2024, estableció precios minoristas de 30 pesos para determinadas cajetillas de 20 cigarros de marcas como Criollo, Titanic y Popular. Otros surtidos, como Popular Auténtico y H. Upmann Clásico, quedaron fijados en 60 y 50 pesos, respectivamente.
Sin embargo, esas tarifas oficiales no garantizan que los productos estén disponibles para comprarlos a esos importes. Cuando el abastecimiento estatal resulta insuficiente, los consumidores pueden terminar recurriendo a otros canales de comercialización donde los precios son considerablemente mayores.
En el caso descrito por Pérez Calaña, una cajetilla de 1.500 pesos equivaldría a cincuenta veces el precio oficial de 30 pesos establecido para determinados surtidos. La comparación ilustra la brecha económica, aunque no significa que se trate necesariamente de la misma marca o presentación.
Tampoco permite afirmar que todas las cajetillas cuesten esa cantidad en el país. El mercado informal presenta diferencias según el territorio, la disponibilidad y el producto.
Una cajetilla puede consumir casi la mitad del salario mínimo
El problema adquiere otra dimensión cuando se relaciona con los ingresos de los trabajadores cubanos.
Desde julio de 2026, el salario mínimo mensual quedó establecido en 3.210 pesos cubanos mediante la Resolución 14/2026 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, publicada en la Gaceta Oficial.
Con esa referencia, comprar una cajetilla de 1.500 pesos representa aproximadamente el 46,7 % de un salario mínimo mensual.
Es decir, un trabajador que perciba ese ingreso tendría que destinar casi la mitad de su sueldo a un solo paquete de cigarros, sin haber comprado previamente alimentos, medicamentos, productos de higiene o pagado otros gastos esenciales.
La comparación no supone que todos los trabajadores cubanos reciban el salario mínimo, pero permite visualizar la diferencia entre los ingresos regulados y los precios que algunos consumidores encuentran fuera de los canales estatales.
La pérdida de poder adquisitivo también se observa en otros gastos imprescindibles. Una estimación del Cuba Capacity Building Project, recogida por Infobae en octubre de 2026, situó en aproximadamente 96.060 pesos el costo mensual de una canasta integral de necesidades básicas para una persona, una cifra cercana a treinta salarios mínimos.
Aunque se trata de una estimación independiente y no del valor oficial de la canasta normada, refleja la magnitud de las dificultades que enfrentan los hogares para satisfacer necesidades elementales.
Una historia sobre cigarros que habla de muchas otras renuncias
La periodista reconoce en su publicación que fumar perjudica la salud y que existen ciudadanos sometidos a privaciones todavía más graves. Sin embargo, plantea una cuestión diferente: hasta qué punto una persona puede disfrutar de pequeñas decisiones personales cuando sus ingresos apenas alcanzan para sobrevivir.
El testimonio provocó comentarios de usuarios que relacionaron la experiencia de Rolo con la desaparición de otros placeres cotidianos y con las dificultades para conseguir dinero en efectivo.
Una de las respuestas más llamativas resumió esa sensación de agotamiento mediante una expresión que también sirvió de título a la cobertura de CiberCuba: «La vida nos está fumando a nosotros».
La frase expresa un malestar que no se limita a los fumadores. Para muchas personas, comprar una golosina, compartir una bebida, visitar a un familiar o disfrutar de una actividad recreativa puede representar un gasto que deben evaluar cuidadosamente.
En ese contexto, el cigarro funciona como ejemplo de un problema económico más amplio, aunque su consumo siga siendo perjudicial para la salud y no constituya una necesidad básica.
La crisis económica cubana también reduce la libertad de elegir
La situación descrita por Pérez Calaña plantea una contradicción entre el valor nominal del dinero y su capacidad real para adquirir bienes.
Los aumentos salariales pueden mejorar los ingresos expresados en pesos, pero su efecto sobre el bienestar depende de cuánto cuestan los productos y de si realmente están disponibles.
Cuando los precios avanzan por encima de los ingresos, las familias se ven obligadas a establecer prioridades cada vez más estrictas. Primero desaparecen los gastos recreativos; después pueden comenzar los recortes en alimentación, transporte y otras necesidades esenciales.
La responsabilidad de las autoridades cubanas no consiste en garantizar el consumo de tabaco, sino en crear condiciones económicas que permitan a los trabajadores cubrir sus necesidades y disponer de un margen razonable para sus decisiones personales.
El caso de Rolo refleja precisamente esa pérdida de autonomía económica: un hombre que, según el relato, no puede mantener un hábito que disfrutaba sin comprometer una cantidad considerable de dinero.
La verdadera dimensión de esta historia está en su significado social. Cuando incluso los gastos más pequeños se convierten en decisiones difíciles, el problema deja de ser cuánto cuesta un cigarro y pasa a ser cuánto puede permitirse vivir una persona con el dinero que gana.
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