BUSCÓ CARNE DE RES POR TODA LA HABANA Y TERMINÓ COCINANDO POLLO PARA LA ‘ROPA VIEJA’: “A FALTA DE PAN, CASABE”
Preparar una ropa vieja en Cuba puede convertirse hoy en algo muy distinto a seguir una receta tradicional. Una búsqueda de carne de res por varios establecimientos de La Habana terminó sin una opción que resultara al mismo tiempo accesible y confiable, obligando a sustituir el ingrediente principal por pollo y a modificar buena parte del resto de la preparación.
El episodio va más allá de una improvisación en la cocina. Según el relato, al quinto establecimiento visitado todavía no había aparecido la carne de res. Cuando finalmente fue localizada en dos lugares, el problema cambió: en uno resultaba demasiado cara y en otro, donde se ofrecía a 1,600 pesos la libra, surgieron dudas sobre su conservación en medio de los apagones.
DE LA ROPA VIEJA TRADICIONAL A UNA VERSIÓN HECHA CON POLLO
Ante esa situación, la carne de res quedó fuera de la receta. El pollo pasó a ocupar su lugar en una versión improvisada de ropa vieja que resume una vieja expresión cubana: “a falta de pan, casabe”.
Pero cambiar la carne fue apenas el comienzo. El pimiento fue sustituido por ají cachucha por resultar más económico, el ajo fresco dio paso al ajo en polvo y, al no conseguirse tomate natural, se recurrió al puré de tomate. El vino tinto mencionado en algunas versiones de la receta también fue reemplazado por vino seco.
La sucesión de cambios muestra cómo la disponibilidad y el precio pueden terminar decidiendo qué se cocina y cómo se cocina. No se trata de una variante gastronómica concebida para experimentar con sabores, sino de adaptar un plato conocido a los ingredientes que pueden encontrarse y pagarse.
En ese contexto, preparar determinadas recetas tradicionales puede dejar de ser algo cotidiano para convertirse en una excepción.
EL ACEITE SE SUMA A LA CUENTA
El precio del aceite añadió otra señal de la presión que enfrentan los consumidores. Según el relato, una botella que menos de un mes antes había costado alrededor de 1,300 pesos, y en cualquier caso menos de 1,400, posteriormente podía encontrarse desde unos 4,600 pesos.
También se mencionaron ofertas de 5,000, 6,000 e incluso 7,000 pesos cubanos. Son cifras aportadas dentro del testimonio y no verificadas independientemente, pero ilustran la percepción de un encarecimiento acelerado de un producto básico para cocinar.
El problema no termina en encontrar dinero para comprar los alimentos. Los apagones introducen otra preocupación: cómo saber si un producto que requiere refrigeración se ha conservado correctamente.
Precisamente esa duda llevó a descartar una de las opciones de carne de res encontradas. La aparente falta de respaldo eléctrico en el establecimiento hizo que comprarla se considerara un riesgo innecesario. La alternativa fue recurrir a comercios con generador o planta eléctrica y preferir productos cuya cadena de frío inspirara mayor confianza.
UNA RECETA QUE TERMINA CONTANDO ALGO MÁS
La comida finalmente llegó a la mesa: ropa vieja de pollo acompañada de arroz blanco y plátanos fritos. El plato se pudo hacer, pero solo después de sustituir la carne, cambiar varios condimentos y ajustar la receta a lo disponible.
Ahí está precisamente lo más revelador de la historia. Un plato que durante generaciones ha formado parte de la identidad culinaria cubana termina convertido en un pequeño mapa de la escasez: si no aparece la carne, se usa pollo; si falta el pimiento, se busca ají; si no hay ajo, sirve el polvo; si no aparece tomate, toca abrir un puré.
La receta sobrevivió. Lo que cambió fue todo lo necesario para poder cocinarla. Y cuando preparar una ropa vieja obliga a recorrer establecimientos, calcular precios, desconfiar de la refrigeración y sustituir buena parte de sus ingredientes, la inventiva deja de ser solamente una virtud de la cocina cubana: se convierte en una necesidad.
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